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José Steinsleger escritor y periodista

De gatos negros y chivos expiatorios

Decir que el mundo está cruzado sería redundancia. ¿Los teléfonos también? En días pasados, manifesté al embajador de Palestina el deseo de apadrinar a un niño de Gaza, y en el contestador apareció un mensaje de la embajada de Israel. Sentí un escalofrío... El teléfono volvió a sonar. Dilatando las pupilas y erizando el pelaje, Gardel emitió un maullido que sonó a uña rayada en pizarra, y arqueó la cola en posición de combate.

De los nervios, volqué una taza de café... ¡mierda! Eran ellos.

-Soy la asistente del señor Eldad Golan, consejero político y de prensa. ¿Podría darnos su correo?

-¿Y yo por qué?

-El consejero desea comunicarse con usted.

¡Jijos!... Seguro que piensan enviarme un virus. ¿Negarme? Inútil. Los muchachos de la Iniciativa Mérida igual se lo hubiesen dado. Simulando acento ydisch, respondí:

-Está bien... pero si me llenan el correo con propaganda, los denuncio. Y al señor Golan dígale que las alturas del Golan pertenecen a Palestina.

La ecuación no falla: a más cagazo, más audacia. Recordé aquella película en la que un agente del Mossad tropezaba en la calle con los blancos elegidos. «Excuse me», les decía. En el tropezón, el agente les aplicaba un imperceptible piquete. El blanco seguía caminando y... a otra cosa mariposa. Uhm. En adelante, evitaré el gentío y trataré de no acercarme demasiado a las vías del Metro.

La CIA es más amigable. Los gringos van a lo suyo y ya. Con un vaso de «Coke» y engullendo «pizza hut», sus agentes señalan al Pentágono dónde hay que bombardear, y luego preguntan a la Casa Blanca qué sigue en la agenda. No pierden el tiempo con intelectuales o periodistas «sesgados». Bueno... eso dicen.

Una señora escribió en este periódico: «Una vez más, el odio a los judíos: hay que decirlo» («Apuntes sobre Gaza», «La Jornada», 22/01/09). Señora: las generalizaciones confunden. Desde su fundación, el Estado de Israel ha venido destruyendo el pensamiento y la cultura judía. Son los sionistas los más interesados en sembrar, fomentar, lucrar, manipular y sacar partido político del «odio a los judíos», más inventado que real en comparación con el que a diario padecen indígenas, pobres, y nacos del mundo entero.

Agrega la señora: «...la tentación antisemita permea muchos de los discursos (en general de una cierta izquierda)...» ¿Pero quién persigue o viola los derechos de los 40 mil judíos que viven en México, país donde 10 millones de indígenas no tienen derecho a existir, y se considera «normal» que «por su aspecto» 70 millones de mexicanos no tengan derecho a hacer pis o leer revistas gratis en Sanborns?

La señora lamenta el supuesto «antijudaísmo» de los comentarios que «...hacen de Israel un Estado nazi, y la comparación de la franja de Gaza con el gueto de Varsovia». Sin embargo, el 2 de diciembre de 1948 (¡en pleno juicio de Nüremberg!), el «New York Times» publicó una carta suscrita por 25 prominentes judíos de Estados Unidos, que empieza así:

«Entre los fenómenos políticos más inquietantes de nuestra época tenemos en la creación del nuevo Estado de Israel, la aparición del Partido de la Libertad... un partido político con un enorme parecido en cuanto a su organización, métodos, filosofía política y planteamientos sociales a los partidos nazi y fascista». Albert Einstein y Hannah Arendt encabezaban las firmas.

Del Partido de la Libertad surgió Herut, matriz de la coalición que en 1973 fundó el Likud, hoy en el poder y encabezado por el criminal de guerra Ehud Olmert. Varios terroristas del Likud fueron primeros ministros: Menajem Beguin (Premio Nobel de la Paz, sic, 1978); Yitzhak Samir, asesino material del diplomático inglés lord Moyne (1944), y del representante francés de la ONU Folke Bernardotte (1948); Benjamin Netanyahu (actual líder del Likud) y Ariel Sharon, quien participó en la masacre de la aldea palestina de Kibya (1953) y coordinó las milicias cristiano libanesas que perpetraron la masacre de palestinos en los campos de Sabra y Chatila (Líbano, 1982).

Realidad y plañideras nunca se han llevado bien. ¿Analogías forzadas de «cierta izquierda»? Fue Dov Weisglass, asesor del primer ministro israelí, quien habló de poner a los habitantes de Gaza «a dieta»; fue el viceministro de Defensa, Matan Vilani, quien dijo que los palestinos iban a experimentar «una mayor shoah» (holocausto). Por esto, 90 destacados judíos británicos observaron en un desplegado: «Eso nos recuerda al gobernador general Hans Frank en la Polonia ocupada por los nazis, que habló de `muerte por hambre'» («The Guardian», 10/01/09).

¡«Contra el antisemitismo»! Muy bien. Espero que los «librepensadores» de México expresen su indignación por la decisión del papa Benedicto XVI, quien el sábado pasado revocó la excomunión a cuatro obispos integristas que negaron el holocausto.

Gardel no es como era Willie, el shorthair de pelaje negro de los Bush, fallecido el 4 de enero pasado en su residencia. Diga si George W. no fue un hijo de puta. Hasta el último suspiro aprobó la matanza de Gaza... ¡y le dejó a Obama un gato negro enterrado en la Casa Blanca! Gardel, en cambio, es inmortal. Gardel es antimperialista.

© La Jornada

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