Maite SOROA
Otra vez el mundo al rev�s en �El Pa�s�
Todav�a me sorprende la capacidad de algunas (y algunos, claro) para exhibir el padecimiento ajeno como algo deseado por la v�ctima. Presentar, en definitiva, el mundo al rev�s. Sufre el del cuchillo y disfruta el gorrino, vamos.
Ayer �El Pa�s� presentaba una buena muestra de esta t�cnica. En cr�nica firmada por la corresponsal del rotativo de Prisa en Gasteiz se nos aseguraba, sin rubor, que �existe una estrategia que no le ha fallado a la izquierda abertzale hasta ahora y es la de exhibir la `represi�n' como una marca de fuego entre su mundo�. �Vaya con la estrategia!
Y como la desverg�enza parece una cuesta abajo que se recorre sin frenos, la autora nos presenta a los damnificados como los grandes ganadores de esta tragedia bufa que se presenta a modo de elecciones: �D3M, la candidatura anulada por los tribunales Supremo y Constitucional, pero que la izquierda abertzale llevar� a las urnas, lo tiene f�cil: la polic�a encargada de cumplir la suspensi�n de sus actividades dictada por el juez Garz�n es la Ertzaintza, cuyo responsable en �ltima instancia es el lehendakari�. Si a eso le sumamos que cargar de forma violenta e indiscriminada contra miles de personas se presenta como �la actuaci�n de la polic�a auton�mica el pasado s�bado en Bilbao�, puede parecer que los ertzainas se dedicaron a regular el tr�fico para garantizar el libre ejercicio del derecho de manifestaci�n. Y si quieren m�s, lean: �la carga de los agentes contra los radicales que convirtieron en un caos el centro de Bilbao tras la prohibici�n de una marcha en apoyo a D3M�. �Quien provoc� el caos?
Pero como de lo que se trata es de cantar las bondades del r�gimen que s�lo quiere beneficiar a la taimada izquierda abertzale, la cronista reporta que �La izquierda abertzale usar� el cortafuegos de la victimizaci�n, pero lo har� con c�lculo y medida, sin jugarse el todo por el todo. As� lo apunta la cancelaci�n de dos actos el pasado mi�rcoles tras la suspensi�n de sus actividades por Garz�n: la apertura de una sede en Vitoria y una charla en Salvatierra. Lo contrario podr�a haber supuesto a sus promotores una condena por colaboraci�n con banda armada o desobediencia y eso son palabras mayores: la c�rcel�. O sea, que en la democracia espa�ola abrir una sede o dar una charla se paga con c�rcel. �Ya era hora de que lo dijeran claro!