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Superhéroes al servicio del sistema

«Watchmen»

La obra maestra del cómic adulto creada por Alan Moore ha sido llevada al cine dos décadas después de su edición, cuando casi se empezaba a considerar inadaptable. Zack Snyder se enfrenta al mayor reto de su corta carrera tras probar con Frank Miller.

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Mikel INSAUSTI | DONOSTIA

El estreno de «Watchmen» ha estado hasta última hora en el aire, debido a la batalla legal entre Fox y Warner por los derechos de la película, pero al final las dos compañías se tendrán que repartir los ingresos en una especie de acuerdo forzoso entre producción y distribución. Al margen de los pormenores económicos que pudieran derivarse del pleito, lo que interesa al espectador es la manera en que esto afecta a la parte creativa.

Parece ser que Warner es el estudio que ha controlado al director Zack Snyder, al recortarle el presupuesto y exigirle un montaje final por debajo de las tres horas de duración. La versión estrenada en los cines de los EE.UU. dura algo más de dos horas y media, pero con la promesa de que la edición en DVD tendrá el tiempo que falta.

Lo que Snyder pedía para terminar la película a su gusto eran 150 millones de dólares, y tampoco ha andado muy lejos en el gasto final, que ha sobrepasado los cien. Todo queda reflejado en la pantalla, mediante unas escenas de acción espectaculares, con efectos y coreografías en la línea de «Matrix». Lo que, sin duda, no va a sentar bien a los defensores puristas del cómic original, conformes con que se haya respetado el guión, aunque no a costa de una amalgama visual representativa de las técnicas cinematográficas más actuales. Zack Snyder ha sido fiel al texto de Alan Moore, pero apostando por el lenguaje fílmico al cien por cien, en lugar de hacer experimentos de fusión entre los dos medios como el llevado a cabo por Frank Miller en la fallida «Spirit».

Varios intentos

Desde los años 80 en que se público la historieta gráfica creada por Alan Moore, con dibujos de Dave Gibbons, el correspondiente proyecto cinematográfico ha pasado por numerosas manos hasta hoy. Uno de los que estuvo más cerca de verlo hecho realidad fue Terry Gilliam, quien renunció finalmente ante la imposibilidad de resumir una obra tan compleja en un solo largometraje. Les dio la razón a cuantos han asegurado que es inadaptable al cine, matizando que la única manera de hacerla viable era en formato de serie de varios capítulos, porque se trata de una saga de superhéroes en toda regla.

Los Watchmen aparecen como los herederos directos de los Minutemen, que eran los guardianes de Occidente en la época de la II Guerra Mundial. No se trata de superhéroes dotados de poderes extraordinarios, sino de un ejército paralelo que ha hecho a los Estados Unidos ganar la guerra de Vietnam, para convertir a Richard Nixon en su presidente vitalicio. Su aspiración es una dictadura pacífica, de la cual se pueda obtener un permanente beneficio crematístico. Dentro de esa realidad viciada que la mente subversiva de Alan Moore imaginó la Guerra Fría no desaparece, sino que es alimentada de forma secreta.

Estos esclavos del disfraz representan la decadencia del sistema, hasta el punto de que no gozan del respaldo popular. No son más que unos policías o soldados en reserva, cuyos servicios son requeridos en raras ocasiones y, encima, alguien quiere eliminarlos.

La vendetta del autor del texto, Alan Moore

Alan Moore no ha querido saber absolutamente nada de la adaptación cinematográfica de «Watchmen», no dando permiso para que su nombre, como autor del texto original, figurase en los títulos de crédito. Piensa que su obra tiene un lenguaje propio dentro de la historieta gráfica que no es traducible a otros medios, y para llegar a tal conclusión se basa en los estropicios que han hecho previamente con otras de sus creaciones, salvo en el caso de «V de Vendetta», una producción de los hermanos Wachowski que sí respetaba la carga ideológica de tan subversivo y revolucionario cómic.

El viejo anarquista inglés abomina las versiones para la pantalla de «From Hell» (Desde el infierno), «Constantine» y «La Liga de los Hombres Extraordinarios», perpetradas respectivamente por los hermanos Hughes, Francis Lawrence y Stephen Norrington. El cineasta considera que no reflejan su carácter políticamente visionario y se quedan únicamente con la acción superficial y el espectáculo de la violencia gratuita. M. I.

VIGILANTES

Cuando asesinan a uno de sus antiguos compañeros, el vigilante enmascarado Rorschach prepara una conspiración a gran escala en la que tiene como misión vigilar a la humanidad. Pero, ¿quién les vigila a ellos, los Watchmen?

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