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La ofensiva del Ejército paquistaní contra los talibán provoca un éxodo de civiles

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Habitantes atemorizados huían ayer del entorno del distrito de Swat, en el noroeste de Pakistán, en el noveno día de una ofensiva del Ejército contra los talibán en dos distritos vecinos, convirtiendo en papel mojado el acuerdo de alto el fuego alcanzado por ambos contendientes.

«Muchos habitantes han huido de manera atropellada con sus efectos personales» en cuatro zonas cercanas a Mingora, capital del distrito de Swat, según vecinos que optaron por permanecer en sus casas y con los que contactó France Presse por teléfono.

Según un responsable local, cinco personas murieron la noche del lunes al martes cuando se vieron sorprendidas en un intercambio de disparos entre combatientes islamistas y las fuerzas de seguridad paquistaníes.

Tras controlar durantes casi dos años el valle de Swat, anteriormente la zona más turística de Pakistán, los talibán negociaron con el Gobierno de Islamabad a mediados de febrero, logrando un acuerdo de alto el fuego a cambio de la instauración de tribunales islámicos para aplicar la sharia en Swat y seis distritos vecinos.

Los talibán, sin embargo, sin embargo se negaron a entregar las armas y aprovecharon el acuerdo de alto el fuego para avanzar más allá de Swat, llegando a un centenar de kilómetros de Islamabad.

Hace nueve días, el Ejército se lanzó a la reconquista de dos de estos distritos, el Bajo Dir y Buner, y aseguró que había matado a 160 talibán en una semana. Estas cifras no han podido ser verificadas por fuentes independientes.

El domingo, las autoridades paquistaníes impusieron, por primera vez del acuerdo de mediados de febrero, un alto el fuego en las principales ciudades de Swat.

Washington ha multiplicado las presiones sobre Islamabad, su aliado clave en la zona en la denominada «guerra contra el terrorismo», para que frenase la progresiva influencia de los talibán en Pakistán y aplaudió esta ofensiva.

Pakistán es el escenario de una oleada de atentados sin precedentes atribuida a los insurgentes talibán, que ha provocado más de 1.800 muertos en 21 meses.

En este contexto de violencia e inestabilidad, el arsenal atómico de Pakistán se convirtió en uno de los principales quebraderos de cabeza de Washington.

Esta cuestión deberá ser abordada hoy por el presidente de EEUU, Barack Obama, que recibirá en una minicumbre de crisis a sus homólogos afgano y paquistaní, Hamid Karzai y Asif Alí Zardari. «Velar para que las armas nucleares de Pakistán y el material nuclear de todo el mundo sean seguros es una las principales prioridades para el presidente. No duda de que esta cuestión será una de las que se traten», declaró el portavoz de Obama, Robert Gibbs.

El lunes, el almirante Michael Mullen, jefe del Estado Mayor de EEUU, aseguró que el arsenal nuclear paquistaní «está seguro» y que no caerá en manos de «extremistas».

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