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Un intelectual puesto al servicio de la causa nazi

«Good»

La obra póstuma del malogrado dramaturgo escocés Cecil Philip Taylor, estrenada en 1981, llega al cine a través de un esforzado proyecto que ha tardado todo el tiempo transcurrido desde entonces en obtener la necesaria financiación. Finalmente ha sido posible gracias a la incorporación de Viggo Mortensen, en el rol del profesor captado por los nazis.

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Mikel INSAUSTI | DONOSTIA

Casi treinta años han tenido que pasar para que la obra teatral «Good» haya conocido su versión cinematográfica, por falta de financiación para el proyecto, pese al prestigio cultural que se le presuponía. El malditismo ya acompañó al propio autor, el escocés Cecil Philip Taylor, quien murió repentinamente a los cincuenta años sin conocer el éxito que iba a alcanzar su drama en los escenarios a partir de sus primeras representaciones en 1981. Entonces quien encarnaba el papel principal era Alan Howard, que recibió muchos premios por su trabajo. A finales de los 90 hubo una reposición protagonizada por Charles Dance, como digno sucesor. Un joven Viggo Mortensen fue espectador en el Donmar Warehouse de Londres del estreno de la pieza, sin imaginarse que tanto tiempo después llegaría a encabezar el reparto de la adaptación para la pantalla grande.

El nombre de Viggo Mortensen ha hecho posible la viabilidad de «Good», al asegurar la distribución internacional con su incorporación a la película. El actor, que estaba desde el principio detrás de la producción era Jason Isaacs, que hace finalmente el papel del amigo judío del profesor captado por los nazis, sobre el que versa el argumento. Se había asociado con la hoy productora Miriam Segal, que fue quien adquirió los derechos del texto original en su momento, convencida de que iba a interesar a la industria del cine. Pero el dinero no llegó y, pasados todos estos años, la producción ha tenido que salir adelante con un muy reducido presupuesto de quince millones de euros, teniendo en cuenta que se trata de una película de época ambientada en un periodo histórico constantemente revisitado por las superproducciones de Hollywood.

Para abaratar costes, el rodaje tuvo lugar en Budapest, ciudad que todavía conserva la arquitectura de los años 30, y que permite evitarse la construcción de grandes decorados. Inicialmente, la realizadora danesa Lone Scherfig iba a ocuparse de buscar el necesario tratamiento visual, pero una enfermedad dejó la puesta en escena en manos del brasileño Vicente Amorim, que ha sido el encargado definitivo de desviar la atención del espectador hacia los detalles individuales, dejando lo meramente ambiental fuera de campo.

La labor del guionista John Wrathal ha consistido en eliminar los elementos teatrales prescindibles, tales que monólogos o canciones de relleno, obteniendo como resultado la base para una narración más lineal. De esta manera, el espectador sigue la evolución ética del personaje interpretado por Viggo Mortensen secuencia a secuencia, a la manera de clásicos del cine sobre la corruptibilidad personal como «El conformista», de Bernardo Bertolucci, o «Mephisto», de István Szabó. El nada sospechoso profesor universitario de «Good» cae en las garras del nazismo a partir de que un libro suyo sobre la eutanasia es utilizado por la maquinaria propagandística de los nacionalsocialistas. La relación íntima con una alumna fanática le llevará a romper con su familia, entrando en un nuevo y peligroso círculo de relaciones influyentes que le harán ascender dentro del régimen, a su pesar.

Vicente Amorim: Un brasileño nacido en Europa

Al realizador brasileño Vicente Amorim le conocimos hace seis años cuando vino a presentar a Donostia, dentro de la Sección Oficial de Zinemaldia, su ópera prima «El camino de las nubes». Esta humilde película narraba el largo y duro viaje en bicicleta de una familia desde el Sertao hasta Río de Janeiro, en un intento desesperado por huir de la miseria. Antes rodó un documental titulado «2000 Nordestes», aprovechando la búsqueda de localizaciones para ése, su primer largometraje de ficción.

Para entonces ya conocía muy bien el oficio, aprendido como asistente de dirección de grandes cineastas brasileños, principalmente Carlos Diegues y Héctor Babenco. También había sido un habitual de los rodajes internacionales en Brasil, colaborando con los directores extranjeros más dispares, desde el norteamericano Paul Mazursky al finlandés Mika Kaurismäki.

Lo más curioso de todo es que Amorim no nació en el país carioca, sino en Viena, a resultas de uno de los tantos traslados de su familia. Es hijo de un diplomático que preside en el actual gobierno de Lula el Ministerio de Asuntos Exteriores. M.I.

PRESUPUESTO

La producción ha tenido que salir adelante con un presupuesto de 15 millones de euros, teniendo en cuenta que es una película de época ambientada en un periodo histórico constantemente revisitado por Hollywood.

GUIONISTA

La labor del guionista John Wrathal ha consistido en eliminar todos los elementos teatrales prescindibles, tales como los monólogos o canciones de relleno, obteniendo como resultado la base para una narración más lineal.

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