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Anjel Ordóñez Periodista

Dolorosas contradicciones

En centenares de empresas de Euskal Herria ayer estuvo de sobra la intervención de los piquetes. En la mayoría, porque los trabajadores ya habían cerrado previamente su apuesta por la dignidad firmando su adhesión a la convocatoria de huelga de la mayoría sindical. En otras, en demasiadas, porque llevan ya semanas sin trabajar, afectadas por expedientes de regulación de empleo, asfixiadas en esa crisis creada por quienes han estado ordeñando la vaca hasta dejarla convertida en fantasma de piel seca y afilados huesos. Dicen que esa vaca no da más, que tiene la ubre seca, pero mientras unos pocos guardan la bodega repleta de queso, la mayoría hace tiempo que pasa necesidad, que se asoma al hambre. Se acercan tiempos de miseria.

La miseria, sin ánimo de moralizar, acostumbra a ser vivero de contradicciones. Después de siglos de tradición filosófica, no seré yo quien pretenda descubrir ahora en qué oscuro rincón de la condición humana se conciben la codicia, la ambición desmedida, la avidez, la mezquindad, el egoísmo, la rapiña, la cicatería, la usura, la ruindad, la envidia... la insolidaridad. Y como digo, la miseria, su sola amenaza, despierta en unos consecuencia, valentía y rebeldía; en otros, sin embargo, miedos, silencios, recelos y cobardía. Sí, cobardía.

Han fabricado la crisis, ya no tengo duda, con fines higiénicos. Con el uso, los mecanismos de su flamante ingeniería neoliberal se les han ido ensuciando, lastrando de roña obrera, pringando de derechos laborales y vacaciones pagadas. La máquina sigue dando mucho dinero, pero quieren más. Siempre más. No se conforman. ¿Es tan difícil de ver? Y cuando miles de familias, abandonadas a su suerte, sufren la angustia del paro y barruntan la pobreza, no vale esconder la cabeza, mirar a otro lado, buscar excusas. Muchos miles de trabajadores lo tienen muy claro y ayer lo demostraron con creces y agallas. Pero ayer, amigos lectores, también fue un día de contradicciones, de dolorosas contradicciones. Ustedes me entienden. Ayer paramos; a partir de hoy, hay mucho trabajo por hacer. En fin, menos mal que no me iba a poner moralizante.

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