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Análisis

Un sistema monetario de doble circulación

Lo único que han conseguido los bancos ha sido trasladar el problema de las deudas creadas por la burbuja al futuro. Así las cosas, resulta bastante temerario hablar de brotes verdes.

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Isidro ESNAOLA Economista

El autor sostiene que las medidas puestas en marcha para salvar el sistema financiero tras la caída de Lehman Brothers han creado un circuito de dinero entre los bancos y el Estado que no sirve para recuperar la economía de las empresas y trabajadores y sale muy caro.

Hace un año cayó Lehman Brothers en USA y dejó en evidencia una profunda crisis en el sistema financiero que se había desatado el verano anterior. Durante este año los gobiernos de todos los países han tomado un montón de medidas para intentar estabilizar la situación en la esfera financiera. A día de hoy hablan de «brotes verdes» pero el resultado no está, desde luego, claro.

La situación con las finanzas me recuerda bastante el sistema financiero que existía en la Unión Soviética. El sistema monetario tenía allí, para entendernos, dos circuitos que funcionaban separadamente con un punto de unión. El primero era el del dinero contable, es decir, el dinero que manejaban los bancos y las empresas y que existía solamente en los apuntes contables de los bancos. Los tipos de interés eran bajos y las empresas podían acumular grandes deudas porque lo que realmente contaba era el plan de recursos que se asignaba a cada empresa. Si en él no aparecía algo, por mucho dinero que tuviera la empresa en cuestión no lo podía comprar.

El otro circuito era el del dinero fiduciario, el papel moneda. Este dinero, como en el resto del mundo, servía para pagar los sueldos y se utilizaba para comprar bienes (alimentos, electrodomésticos libros...) y pagar servicios (un corte de pelo, un taxi,...) y sólamente lo utilizaba la gente, no las empresas.

Entre un circuito y otro había un punto de contacto con dos sentidos. Por un lado, las empresas convertían parte de su dinero contable en billetes para pagar los sueldos. Una empresa, por mucho dinero que tuviera, no podía convertir todo su dinero contable en billetes, sólo una parte que se determinaba de la siguiente manera: el gobierno estimaba el valor total de bienes de consumo y servicios producidos y esta cantidad tenía que ser igual al monto total de sueldos, es decir, la cantidad global de dinero contable que se podía convertir en billetes. De esta forma, la cantidad de billetes en circulación era igual a la de mercancías con lo que se mantenía la inflación bajo control. En sentido contrario, cuando una empresa vendía sus productos recibía billetes que ingresaban en su cuenta, desapareciendo de circulación y convirtiéndose nuevamente en dinero contable.

Parece que este capitalismo de la globalización va por un camino parecido al de la Unión Soviética. Con la crisis del sistema financiero, los gobiernos han hecho dos cosas. Una, dar todo el dinero que quisieran a los bancos a un tipo de interés ridículo, y la otra, endurecer los criterios que tienen que cumplir los bancos (riesgo, prestamos sobre capital propio, etc.).

Así, lo que han hecho los bancos ha sido comerse las deudas del sector inmobiliario y, para arreglar su balance, han invertido todos esos millones que generosamente les ha dado el Estado en deuda pública, que a su vez, el Estado se ha visto obligado a emitir para hacer frente a los préstamos que ha dado a los bancos. Así han organizado un circuito, en el que los bancos cogen dinero del Estado y luego comprando deuda del Estado, se lo devuelven. En la operación sacan un buen rendimiento, el dinero del Estado cuesta el 1% y la deuda paga por encima del 3%, y eso les permite presentar unas cuentas con beneficios.

De esta manera, se maquilla al sistema, pero claro, no queda dinero para el segundo circuito, el de la economía diaria, esto es, para prestar a las empresas, a los autónomos y a los consumidores. Y sin préstamos, las empresas no pueden funcionar y los bancos no se pueden quitar de encima el muerto de las inmobiliarias: no pueden vender los pisos, terminar las promociones y quitarse las deudas. Lo único que han conseguido ha sido trasladar el problema de las deudas creadas por la burbuja al futuro. Así las cosas, resulta bastante temerario hablar de brotes verdes.

Ese circuito monetario tiene también su punto de contacto con la economía del día a día. El Estado tiene que pagar intereses por la deuda (por encima del 3%) y el dinero para ello sale de los presupuestos públicos, esos que se completan con el dinero que el Estado recauda a través de los impuestos que pagamos las y los ciudadanos de a pie. Han organizado un circuito de dinero para el Estado y los bancos, que no aporta nada a la economía de las empresas y trabajadores, y que además, nos está resultando bastante caro.

En la Unión Soviética, el sistema de doble circulación se resquebrajó, no porque fuera malo en sí, sino porque el poder político quebró. Cuando el poder político se debilitó, las empresas tuvieron vía libre para convertir su dinero contable en billetes e inundar todo con dinero, lo que provocó, a su vez, que se disparara la inflación y se hundiera la cotización del rublo con respecto al dólar, primer paso hacia la privatización que vendría más tarde.

Como en toda convención humana, y el dinero será una de las más importante, la cuestión fundamental es saber quién manda. La circulación de la moneda la sostiene el poder político ,que en nuestro caso ha apostado por un sistema monetario totalmente enajenado de nuestra economía diaria y cuyos costes nos van a cargar sin ningún reparo. Es tiempo de que la clase obrera se plantee organizar su poder y ejercerlo..

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