GARA > Idatzia > Kultura> Zinema

La guerra cinéfila de Tarantino

«Malditos bastardos»

Tarantino homenajea al cine europeo de género que tanto ama desde que trabajaba en un videoclub, con una cinta bélica que toma elementos del western y la comedia. No faltan tampoco las películas de propaganda de Goebbels, representadas por un corto que ha titulado «Stolz der Nation» y que dirige, para mayor ironía, un judío: su amigo Eli Roth. En la banda sonora incluye la canción de «El beso de la pantera» que Giorgio Moroder compuso para Bowie.

p038_f01.jpg

Mikel INSAUSTI |

Tarantino, además de por hacer cine, se distingue por su incontinencia verbal. Y si habla mucho, en los últimos diez años no ha dejado de comentar su proyecto bélico y es un alivio que, por fin, la película llegue a los cines, después de tanto tiempo con rumores y mentiras que ahora quedarán aparcados para siempre. No me estoy refiriendo solamente a las supuestas filtraciones vertidas a través de internet, que si el guión era de cuatrocientas páginas y la película sería montada en dos partes como «Kil Bill» y tantas otras presunciones sin fundamento, sino a opiniones de expertos y analistas de Hollywood que se han quedado en agua de borrajas. No hace mucho se podía leer en la prensa especializada que el estreno en Cannes había creado serias dudas respecto al funcionamiento comercial de la película, que, por esa misma razón, Tarantino la estaba volviendo a montar de arriba abajo y que, lo más grave de todo, los hermanos Weinstein se iban a arruinar con «Malditos bastardos».

Menos mal que tales palabras venían de gente entendida en la materia, seguramente los mismos que nunca se enteraron de la crisis económica hasta que ya la tenían encima, porque no dieron una. De hecho, han bastado unos simples retoques para que la última realización tarantiniana sea un completo éxito de taquilla, tanto, que los Weinstein ya han anunciado, por si alguien todavía tenía más bulos financieros por ahí, que producirán dos películas más: la continuación y la «precuela».

La verdad es que Tarantino tuvo que volver a la sala de montaje con su colaboradora Sally Menke, porque antes se habían propuesto el desafío imposible de llegar a Cannes a tiempo y, lógicamente, no tuvieron margen suficiente para dejar la película en su versión definitiva. Aclarado esto, es de resaltar que el producto ha gozado de una inmejorable promoción, porque esta vez Tarantino no estaba solo y, a su habitual verborrea, se ha sumado la de Brad Pitt que, en cuanto a palabrería se refiere, no se queda atrás. Entre el feo y el guapo se han metido a la audiencia en el bolsillo, convenciéndoles de la autenticidad de su revisión bélica. Salvo alguna que otra voz discordante empeñada en seguir acusándoles de falsear la historia, ellos han basado su defensa en la legitimidad del tratamiento cinematográfico.

Tarantino, como buen cinéfilo, es un defensor a ultranza de la versión original subtitulada, así que en «Malditos bastardos» ha respetado todo el cruce de idiomas que se dio en suelo europeo durante la II Guerra Mundial. Ambos han sido muy inteligentes al resaltar este aspecto, al hacerlo de forma indirecta cargando las tintas sobre el proyecto de Tom Cruise «Valkyria», en cuanto ejemplo de gran producción de Hollywood en la que todos los actores aparecen doblados al inglés. La tildaron de ejemplo del cine bélico desfasado, en el que los nazis están interpretados por grandes actores ingleses que pronuncian sus diálogos sin el más mínimo acento alemán.

Eso en cuanto a la versión original, porque luego en el mercado de habla castellana se vuelve a doblarlo todo sin que se distingan las respectivas procedencias de los distintos personajes. Tiene mucha razón Tarantino cuando recuerda que el hablar idiomas resultaba vital en aquel tiempo, ya que el acento te podía delatar y costarte la vida.

No cabe duda de que el mayor acierto de «Malditos bastardos» es su cuidado reparto internacional y el premio a ese esfuerzo llegaba en el Festival de Cannes en la persona del actor austriaco Christoph Waltz. El mimo puesto en esas caracterizaciones según sus nacionalidades se extiende a las localizaciones, muy exactas y cinéfilas todas ellas, porque Tarantino quería rodar en los mismos sitios donde lo hicieron los maestros del cine europeo que tanto admira, y así revisitó escenarios ya utilizados por Chabrol y otros autores del viejo continente.

El europeismo va más lejos, ya que quiere homenajear a los cineastas que se exiliaron a Hollywood por culpa de la ocupación, con lo que, de paso, reivindica las películas que se hacían en retaguardia en tiempo de guerra. Es un modo de desmentir la vinculación exclusiva con el modelo norteamericano de «Doce del patíbulo», ya que considera a todos los títulos del género que responden a ese esquema como cintas de aventuras. Seguramente la crítica y el cineasta no se van a poner de acuerdo en dicho punto, pero es de justicia reconocer que ya el mismo título es una clara referencia a la serie B italiana y a la película de Enzo G. Castellari que en castellano conocimos como «Aquel maldito tren blindado», si bien en el mercado anglosajón fue distribuida como «Inglorious Bastards», y así la descubrió Tarantino en la época en la que trabajaba en un videoclub. La visión de «Malditos bastardos» deja claro que no hay ninguna dependencia de «Doce del patíbulo», y que quienes piensan que la película va por ahí acaban sintiéndose decepcionados, pues se dedica una mínima parte del metraje al reclutamiento y entrada en acción del comando del título. Da la impresión más bien de que es una excusa para introducir la dinámica del western en la narración, aprovechando que el Aldo Raine interpretado por Brad Pitt tiene sangre india y corta las cabelleras de los enemigos. Otra vez a la europea, pensando en las adaptaciones alemanas de Karl May, pese a que más de un crítico ha hablado de «Centauros del desierto».

kultura

RE-MONTAJE

Después de su presentación en Cannes, Tarantino tuvo que volver a la sala de montaje con Sally Menke. La razón era que habían tenido que llegar al certamen italiano a tiempo y tuvieron que posponer la versión definitiva.

Estreno

T. O.: «Inglorious Basterds».

Dirección y guión: Quentin Tarantino.

Intérpretes: Brad Pitt, Christoph Waltz, Mélanie Laurent, Diane Kruger.

País: EE. UU., 2009.

Género: Bélica.

El gran descubrimiento de Christoph Waltz

El cine europeo está en deuda con Tarantino, porque su desembarco ha permitido que algunos de los rostros de las películas o telefilms alemanes sean descubiertos. Til Schweiger, Daniel Brühl, Diane Kruger o incluso Michael Fassbender ya son conocidos internacionalmente, pero en cambio Martin Wuttke, que hace de Hitler, o el premiado Christoph Waltz no contaban tanto hasta ahora.

En la lista entra asimismo Sylvester Groth, que vuelve a repetir el papel de Goebbels que ya hiciera en un tono abiertamente paródico en la película de Dani Levy «Mein Führer». Pero entre todos ellos el que ha salido por la puerta grande es el austriaco Christoph Waltz, ganador del Premio al Mejor Actor en el Festival de Cannes, lo que automáticamente le ha convertido en la revelación de «Malditos bastardos». Su nombre suena con fuerza en la mayoría de quinielas para los Óscar, pudiéndose llevar la estatuilla al Mejor Actor Secundario. El mejor síntoma es que ha sido contratado por Hollywood para la superproducción «The Green Hornet», basada en el cómic homónimo, donde hará el papel del villano Chudnofsky a las ordenes de Michel Gondry, sustituyendo al inicialmente previsto Nicolas Cage.

El reconocimiento mayoritario le ha llegado a Christoph Waltz casi al límite, pues este veterano actor vienés nació en 1956. Si no ha despuntado antes fuera del mercado centroeuropeo ha sido porque se ha dedicado profesionalmente a la televisión mucho más que al cine, y así se le puede ver haciendo de Friedrich Nietzsche o en series policiacas continuamente programadas como la clásica «Derrick» o la canina «Rex, un policia diferente». A finales de los 90 tuvo un primer fallido acercamiento a Hollywood con «Criminal y decente», pero este biopic sobre el famoso delincuente irlandés Martin Cahill, en interpretación de Kevin Spacey, fue un fracaso debido a que antes John Boorman ya lo había inmortalizado con el rostro de Brendan Gleeson en la magistral «The General».

Los cinéfilos locales con buena retentiva le recordarán por su participación en «Miedo a disparar», la película del georgiano Dito Tsintsadze que ganó la Concha de Oro de manera sorpresiva en Donostia hace seis años. Pero no se puede tener una moviola en la cabeza, así que es mejor disfrutar plenamente de su completísima actuación en «Malditos bastardos», en la que llena el plano con su sola presencia y se come a sus compañeros de reparto.M. I.

V.O.S.

Tarantino, como buen cinéfilo, es un defensor de la versión original subtitulada. Así que, en este trabajo, ha respetado todo el cruce de idiomas que se dio en suelo europeo en la II Guerra Mundial, algo que se pierde con el doblaje al castellano.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo