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Wakonigg, el atípico espía y ex cónsul austriaco que no imaginó su ejecución

El 28 de octubre de 1936, el servicio de contraespionaje del Gobierno de Euzkadi detenía en Getxo a Wilhelm Wakonigg, ex cónsul austro-húngaro. El 19 de noviembre del mismo año era ejecutado por un pelotón del Frente Popular. El alemán Ingo Niebel publica ahora «Al infierno o a la gloria», una profunda investigación sobre el sonado caso.

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Ane ARRUTI | BILBO

«No era un mal espía, pero el caso deja patente que el espionaje no es una tarea de amateurs y aventureros. Hay que tomarse las cosas en serio;si no se convierte en una ruleta rusa, como en este caso», explicó ayer en Bilbo Ingo Niebel (Colonia, 1965). El historiador y periodista alemán reconstruye en «Al infierno o a la gloria. Vida y muerte del ex cónsul y espía Wilhelm Wakonigg en Bilbao. 1900-1936» (Alberdania) uno de los casos más conocidos de espionaje contra el Gobierno de Euzkadi. El relato empieza en el cementerio de Derio, donde Wakonigg fue ejecutado, y termina en el de Begoña, donde fue enterrado.

Niebel, colaborador de Gara y autor de libros como «Venezuela not for sale» (2006) y «Das Baskenland. Geschichte und Gegenwart des baskischen Konflikts» (El País Vasco. Historia y presente de un conflicto político, 2009), explica cómo Wakonigg, quien llegó a Bilbo en 1900, fundó su propia empresa y se integró en la alta sociedad. «No era el típico espía que entró clandestinamente al país bajo una identidad falsa. Es un ingeniero que llegó a Bilbo, se asentó, se casó con una mujer de la clase alta de la ciudad. Era miembro de la Sociedad bilbaina, del Club Marítimo... Además, tenía un yerno afiliado al PNV, que más tarde se convertiría en el jefe del cuerpo policial del partido». Por todo ello, en opinión del autor, nada inducía a suponer que, con todas aquellas influencias, pudiera llegar a pasar lo que aconteció.

El libro «El árbol de Gernika», del corresponsal de guerra británico George L. Steer, fue la espita que despertó la curiosidad de Niebel para adentrarse en esta historia. «El apellido no era típico alemán y me extrañaba que los nazis, a punto de anexionarse a Austria, contrataran a un austriaco para las labores de espionaje». Escribió al archivo austriaco preguntando sobre la existencia de Wakonigg y, para su sorpresa, le respondieron que tenían documentos del propio espía. «El problema de los casos de espionaje y de la labor de los servicios secretos es que suelen dejar muy pocos documentos. En este caso, he tenido suerte. Wakonigg dejó muchas huellas documentales en archivos alemanes y austriacos, también en vascos y españoles. También reúno todo el material secreto que quiso llevar al bando franquista, que en otras obras sólo se citaba de forma general, incluso a veces errónea», destacó.

Al servicio de los golpistas

El objetivo de Wakonigg consistía, por un lado, en facilitar a los generales golpistas Francisco Franco y Emilio Mola una rápida conquista del centro industrial vasco. Aquel 28 de octubre el servicio de contraespionaje detuvo a Wakonigg y a su colaborador alemán Emilio Schaeidt cuando el austriaco intentaba sacar documentos secretos de carácter militar del país. Las investigaciones destaparon la amplia labor de sabotaje y espionaje que el ex cónsul estaba llevando a cabo contra la República y el Gobierno de Euzkadi.

Por otro lado, el pudiente empresario quería que la industria pesada de la Alemania nazi pudiera acceder al mineral de Bilbo, porque éste se necesitaba urgentemente para ayudar la carrera armamentística iniciada por Hitler.

Entre otras cosas, logró sacar de Bilbo a destacados líderes fascistas. «Seguía una estrategia -describió Niebel-. Empezó con lo que hoy en día llamamos labores humanitarias, sacando a destacadas personas del bando golpista del país. En principio, sólo mujeres y niños de destacados monárquicos o falangistas. En un segundo paso, cuando tenía consolidada su situación o pensaba por lo menos que la tenía, ayudó a sacar a destacados falangistas y empresarios del país con la ayuda de la Armada alemana. Lo último era llevar este material secreto. Eran planes sobre la fortificación de Bilbo, lo que más tarde se conoció como el Cinturón de Hierro».

El autor ha querido, además, ubicar al protagonista en su contexto histórico y relata acontecimientos para conocerlo mejor. «También espió en la primera Guerra Mundial, ayudó a la destronada ex emperatriz austriaca Zita a encontrar un palacio en Lekeitio. Al derrumbarse el imperio austro-húngaro, inició una lucha con el cónsul alemán en Bilbo, para hacerse con el consulado...». El libro refleja también la pugna entre el PNV y el PSOE por el poder en el gobierno, sobre todo por el control sobre las fuerzas de seguridad de la época.

«En mi alma profesional cohabitan el periodista y el historiador», confesó el alemán y lo vemos reflejado en el tono en el que está escrito el libro. «Utilizo el tono periodístico, porque creo que es importante abrir la historia hacia un público más amplio».

BUENA POSICIÓN

«Por su condición de cónsul, siendo un pudiente empresario de la zona, teniendo muy buenas vinculaciones y siendo una persona que aparecía en las gacetas de la época, creo que pensó que no le podía llegar a pasar nada», explicó Niebel.

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