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Floren AOIZ I www.elomendia.com

De guerras santas y premios infames

Los Estados Unidos son el poder, la amenaza, la fiera ante la que se arrodillan los pusilánimes, los traficantes de bellas palabras, los comerciantes de pestilentes intereses. Espejo en el que quieren mirarse los aprendices de emperador

Me gustaría que todos los cantamañanas que se felicitaron eufóricos por la victoria de Obama «el progre» me explicaran cómo debo entender lo que este señor está haciendo en Afganistán, en Irak, en Guantánamo, en el resto del mundo y en su propio país. Claro que puestos a pedir agradecería también que me ilustraran sobre este premio a la paz entregado a un defensor de la guerra que no ha tenido inconveniente en alardear de su vocación belicista en el acto de entrega. Lo ha hecho de un modo cínico, mezclando el mensaje macarra de dueño del mundo con hermosas palabras como paz y progreso. Pero, por si alguien todavía no se había dado por enterado, ha hecho suya sin complejos la tesis de la «guerra contra el terrorismo» que explica la «necesidad» de EEUU de atacar a quien quiera y donde quiera «para defenderse». Esto es, el derecho del imperio a ejercer como tal porque ésa es su función en el mundo. Eso que los progres querían vendernos como un abuso de Bush que Obama no iba a tardar en corregir.

Obama es el Imperio. De hecho, es la cabeza del imperio: el emperador. Y se gana el sueldo protegiendo los intereses del imperio. Siempre hay un bufón dispuesto a reír las gracias del emperador. Nunca faltará el obispo presto a coronar, el papa que lo bendecirá, el banquero que lo financiará y el mercenario que violará, torturará, robará y matará para él. Carlomagno, Napoleón, Obama, todos han sido paladines de la paz. De esa de los romanos, que tenían la costumbre de ejecutar a miles a sus enemigos a los que llamaban bárbaros. Como la historia la escriben los rufianes, Roma es el símbolo de la civilización y bárbaro es todavía hoy un insulto. Obama es por eso mismo premio Nobel de la Paz. Los Estados Unidos representan el Imperio del siglo XXI, puede que en declive, pero dispuesto aún a arruinar la vida de millones de personas a lo largo y ancho del planeta. Empeñado en hacer a todo insumiso a su sagrado destino civilizador lo que les hicieron a los indígenas de lo que hoy llamamos Estados Unidos. Son el poder, la amenaza, la fiera ante la que se arrodillan los pusilánimes, los traficantes de bellas palabras, los comerciantes de pestilentes intereses. Espejo en el que quieren mirarse los aprendices de emperador.

Los aplausos al máximo señor de la guerra de esta especie de neofeudalismo globalizado han puesto banda sonora a la hipocresía de eso que llamamos Occidente, que sigue pretendiendo dar lecciones de democracia y civilización al resto del mundo. Una vez más, como si no hubieran pasado 2.000 años, celebraciones por el enésimo emperador que vuelve a Roma tras dejar un reguero de cadáveres y destrucción y conducir miles de personas a la esclavitud. Corona de laureles, arco de triunfo, premio Nobel, ¿qué más da? Siempre se adula al poderoso, que recibe elogios cuanto mayores son sus crímenes.

Me pregunto a quién darían el premio Nobel de la Guerra, si existiera. Si Obama merece el de la paz, aterroriza pensar que pueda haber algo peor que un imperio que justifica el terror como guerra justa. Quizá los «progres» que siguen defendiendo a Obama nos den alguna explicación, ¿no?

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