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Catástrofe en Haití

Crece la inseguridad a la espera de una ayuda que no acaba de llegar

Miles de haitianos sumidos en la desesperación se echaron a las calles en busca de agua, comida y cualquier otro tipo de mercancía que puedan revender para poder sobrevivir ante la lentitud con la que se está distribuyendo la ayuda internacional, lo que derivó en enfrentamientos entre la Policía y la población. Cinco días después del devastador seísmo que dejó al menos 50.000 muertos confirmados, la ONU confía en seguir encontrando supervivientes.

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Ruben PASCUAL | BILBO

Cinco días sin casa, sin alimentos y sin agua, y la agonizante espera de una ayuda internacional que llega a toneladas, pero se reparte con cuentagotas, propició que miles de haitianos salieran a las calles en busca de víveres o alguna mercancía que poder vender para sobrevivir. Los numerosos saqueos registrados en los últimos días han creado una atmósfera de inseguridad en la capital haitiana, Puerto Príncipe. La Policía tomó las calles y se registraron enfrentamientos entre los agentes y la multitud hambrienta.

El devastador seísmo, de magnitud 7 en la escala de Richter, ha dejado al menos 50.000 muertos, que están siendo enterrados en fosas comunes. Pero en esa cifra de cadáveres no se incluyen los que aún permanecen desaparecidos bajo los escombros.

«Ya hemos recogido alrededor de 50.000 cadáveres y anticipamos que habrá entre 100.000 y 200.000 muertos en total, aunque nunca sabremos la cifra exacta», informó el secretario de Salud Pública, Paul Antoine Bien Aime.

Además, se calcula que hay más 250.000 heridos y que la cifra total de damnificados es superior a los 150.000.

Los que consiguieron sobrevivir al destructor terremoto, continúan luchando día a día, y miles de ellos han improvisado campamentos de refugiados tanto en las calles de Puerto Príncipe como en sus alrededores, debido al temor de regresar a unos edificios que quedaron seriamente dañados.

Los vecinos de las barriadas más pobres de la capital haitiana, como el barrio de Cité Soleil, denunciaron que se sentían «abandonados» y, en ese sentido, remarcaron que «los únicos camiones que pasan por aquí van llenos de muertos».

«Dicen que el Gobierno está recibiendo millones, pero nosotros no hemos visto nada. Vivimos en la calle con nuestros hijos y tenemos que marcharnos», lamentaba Islaine, que al igual que muchos haitianos decidió partir de Puerto Príncipe hacia las provincias del interior.

Las 1.739 personas que forman los 43 equipos de rescate -con la ayuda de 161 perros especializados- se afanaban ayer seguir encontrando supervivientes entre los restos de los edificios derruidos. Cerca de 80 personas han sido rescatadas con vida.

Atasco

La dificultad para gestionar todos los recursos, tanto médicos como alimentarios, que llegan al país se ha convertido en un gran problema para las autoridades.

Médicos Sin Fronteras (MSF) denunció ayer el «atasco» en el aeropuerto de la capital haitiana -gestionado ahora por EEUU-, donde se ha impedido el aterrizaje a varios vuelos con ayuda humanitaria.

«La falta de autorización para aterrizar en el aeropuerto ya ha impedido la llegada de un hospital de carpas inflables de MSF», algo que consideran «crucial» para prestar asistencia a los afectados.

Solicitaron que los aviones que transporten equipos médicos tengan «prioridad» a la hora de tomar tierra en Puerto Príncipe. Ayer mismo la ONU dio cuenta de la llegada de siete hospitales de campaña provenientes de diferentes países, y aseguraron que esperan más.

Los equipos de MSF aseguraron «no haber visto nunca heridas tan graves» entre la población, que se agolpa en los lugares donde están trabajando para recibir tratamiento.

Consternados

El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, se mostró ayer consternado a su llegada a Puerto Príncipe, y aseguró que la de Haití es «la peor crisis humanitaria en décadas».

Según afirmó, sus principales prioridades en la isla son el rescate de los supervivientes, proporcionar la ayuda humanitaria y participar en las labores de coordinación llegada del exterior.

A juicio de la ONU, la situación se agrava porque, a diferencia del tsunami que en 2005 devastó el sudeste asiático, las estructuras del gobierno han quedado totalmente derruidas en Haití. En Leogane, ciudad del epicentro del terremoto, todos los servicios públicos han desaparecido bajo los escombros.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá hoy a petición de México, miembro no-permanente, para estudiar la situación de Haití, donde la magnitud del desastre «necesita una mayor presencia internacional, bajo la coordinación de la ONU».

«El Gobierno de México considera de suma importancia que el Consejo de Seguridad se esfuerce en ayudar y apoyar al Gobierno de Haití» en esta situación de «crisis que excede con mucho el tamaño de otras emergencias humanitarias», dijo el Ministerio de Exteriores.

La ONU informó que trata de abrir un corredor humanitario por tierra entre Haití y la República Dominicana, para lo que tendrá que garantizar la inestable seguridad de la zona.

El Programa Mundial de Alimentos -agencia perteneciente a Naciones Unidas- comunicó que el fin de semana entregó alimentos a 100.000 afectados en el área de Puerto Príncipe.

Militarización

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, denunció que EEUU aprovecha la tragedia para instalar sus tropas en Haití. Instó a Washington a retirar a sus soldados y a invertir más dinero en ayudas.

DEUDA

El ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, anunció que cancelará la deuda de 40 millones de euros que tiene Haití con ese país. A su juicio, el gesto puede ser «un primer paso para el comienzo de la reconstrucción».

Científicos alertan del elevado riesgo sísmico en la región

Los científicos estadounidenses Paul Mann y Eric Calais alertaron de que el seísmo que asoló Haití el martes provocó un aumento de la presión en los segmentos de la falla, lo que podría provocar terremotos mayores. Por ello, subrayaron la importancia de que Puerto Príncipe sea reconstruido a base de materiales reforzados.GARA

Resaltan la importancia de reconstruir el país evitando cometer viejos errores

Tras el devastador terremoto que asoló Haiti, el país más pobre del continente americano se enfrenta ahora a la difícil tarea de la reconstrucción, que podría ser una buena oportunidad para remediar los problemas de infraestructura que históricamente ha padecido Puerto Príncipe, resaltaron los expertos en ayuda humanitaria.

«Necesitamos que la ayuda llegue lo antes posible, pero también tenemos que empezar a pensar en la mejor manera de reconstruir el país», destacó Jordan Ryan, director de Prevención de Crisis y Recuperación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

«Tratemos de ver el lado positivo de esta catástrofe: hay una oportunidad para ayudar a la gente a reconstruir mejor sus vidas», apuntó.

Según datos de la ONU, el seísmo ha dejado sin casa a más de 600.000 personas, y la agencia de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres afirmó que el 30% de los edificios de la capital haitiana han sido devastados o gravemente afectados.

La ONU, que calificó el desastre como «la crisis humanitaria más grave en décadas», anunció ayer que ha recibido promesas de contribución superiores a los 500 millones de dólares por parte de cerca de medio centenar de países.

Por otro lado, la Unión Europea explicó que propondrá hoy la celebración de una conferencia internacional para dar una respuesta coordinada a la catástrofe y preparar la reconstrucción de Haití.

EEUU, a pesar de la reticencia de muchos haitianos, delineará los planes y metas de la reconstrucción de manera conjunta con el Gobierno de la isla. EEUU asegura que responde a «una invitación» del presidente, Rene Preval y se plantea la reconstrucción como un proyecto a largo plazo. GARA

VOLVER A ÁFRICA

El presidente de Senegal, Abdoualye Wade, expresó que pedirá ante la Unión Africana (UA) que África ofrezca a los haitianos la posibilidad de regresar al continente de sus ancestros tras el terremoto.

EMBARAZADAS

La ONG CARE advirtió ayer en un comunicado del grave peligro que corre la vida de las 37.000 embarazadas que hay entre los afectados por el seísmo a consecuencia de la falta de comida, agua potable y atención médica.

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