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Raimundo Fitero

Ni papa

La presidenta del tribunal de la AN que entiende de un asunto surrealista con Arnaldo Otegi como acusado quiere un lugar mediático. Su desparpajo ante las cámaras es notable. No se olvide que los juicios son públicos y que existen grabaciones íntegras de los mismos, por lo que os cortes que nos ofrece las cadenas son siempre interesados, es decir seleccionados para intentar dar una visión sesgada de lo que allí ha sucedido. Pues bien, a la señora Murillo le están haciendo un lugar en el parnaso televisivo gracias a sus supuestas gracias, a su estilo campechano, a su cercanía castiza, a su desprecio y su manifiesta tendenciosidad ideológica, es decir su muestras palpables de contaminación para entender de lo que está juzgando.

Pero no pasa nada, ella puede decir «como si se bebe un vaso de vino», y en vez de sufrir una recriminación por las formas, recibe un aplauso mediático. Si dice «usted no tiene que pedir perdón a nadie», porque una traducción del euskera es una auténtica barbaridad y lo lógico es que quien se haya equivocado pida perdón a la Justicia, ella será recordada como una simpática juez que asegura sin que se le caiga la toga al suelo que «esta sala no ha entendido ni papa», refiriéndose al asunto sobre el que se le acusa, lo que viene a significar que «no sabemos de qué le acusamos, peor como toca acusarlo y condenarlo lo haremos».

Cualquier ciudadano que tenga mediana confianza en que en los tribunales se busca la justicia acabará no entiendo ni papa, porque es bochornoso, ridículo, una confirmación de la incompetencia jurídica en la que se mueve el tribunal excepcional desde su fundación. El famoso cachondeo de la justicia, ahora es una farsa constante y una evidencia del deterioro hasta en sus formas más elementales. Los medios de comunicación, además, están demostrando no servilismo, sino su imbricación casi orgánica en este deterioro. Negarse a contestar sobre algo no es ni negar ni confirmar ese algo, es aplazar la contestación. Llamar cobarde a alguien por no contestar es un acto gregario que Juan Ramón Lucas hace con toda la cobardía de su impunidad y saberse parte importante de la chusma linchadora.

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