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Mertxe AIZPURUA | Periodista

Vivir para trabajar

Realmente, no me pagan para ser optimista desbordada ni para pensar que la jubilación es la fase dorada de la vida, así que quienes busquen en esta columna pensamiento positivo, hoy al menos, van apañados. No se engañen. La vida en toda su intensidad dura unas pocas décadas. Y, por lo general, se reduce sólo a las primeras, ésas en las que vives como si el mundo fuera un escenario más o menos perfecto, y la vida una larga película donde el Trabajo, así con mayúscula, si va acompañado de emociones y sorpresas, amigos, enamoramientos, encuentros familiares, vacaciones, hijos altos y guapos, y suficiente sentido del humor, es algo soportable. Para cuando caes en la cuenta del error es demasiado tarde. A nada que se piense, se comprende que eso de que el ser humano está hecho para trabajar es algo muy cuestionable. Ya lo dice el aforismo: la prueba es que se cansa. Y se cansa más a partir de cierta edad, así que añadir dos años más de trabajo al derecho de jubilación, precisamente en el tramo en el que la vejez empieza a aplastarte las sienes, la columna y el corazón, es una cabronada insuperable.

El trabajo puede ser fin, medio o un modo de pasar por esta película de la vida. Y el debate de si trabajamos para vivir o vivimos para trabajar, un tanto falsario. En realidad, trabajamos para cobrar un sueldo, que es la única forma de poder vivir y, de paso, que vivan otros. Verbigracia, el presidente de la CEOE, que envía al paro a sus empleados y a la vez aboga por ampliar la jubilación hasta los setenta. Mal sistema éste en el que el tránsito a la plácida vejez empieza a suponer más y más esfuerzo. Nos va a costar mucho hacernos viejos.

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