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Raimundo Fitero

La misma boina

Nos socializamos a través de la televisión? Nubes bajas. Sueños subes. Está claro que somos seres atados a un mando a distancia durante demasiadas horas al día. Cuanto más se fragmenta mi abanico de posibilidades, más insolidario me reconozco. Todos cuantos gritan, cantan, susurran en todos los canales son animales del zoo mediático que deberían ser reconocidos, al menos, por sus semejantes. Se hace prácticamente imposible atender con la misma paciencia evangélica a todos cuantos pululan arañando migajas de realidad, atrapando libélulas de atormentadas conjuras cósmicas.

Tengo dificultades para deslindar a Rosa Díez de esos fenómenos antinaturales históricos, por lo que tienen de fabricados en los laboratorios de la desestabilización. La veo en esas imágenes en un ámbito universitario y comprendo que me han convertido en cómplice pasivo de una manipulación. A esta mujer parece que le va la marcha, políticamente hablando, y como no tiene otro discurso, ni alternativa que su supuesta personalidad incorruptible, va a estar provocando, montando estos espectáculos semanales para así ir raspando alguna caridad electoral a base del oportunismo más reaccionario. Desde luego tiene financiación, equipo por detrás. Es una cuña para reventar lo que convenga en cada momento. Por y con dinero, todo es posible.

A José Mota lo considero un viejo conocido, una especie de vecino ruidoso que en ocasiones te levanta una sonrisa por su insistencia en contar siempre el mismo chiste. Desde hace unos años, en solitario, intenta buscar una manera de entretenernos a base de lo que mejor sabe hacer: las parodias e imitaciones y metiendo a machamartillo frases, personajes de fácil asimilación para conseguir ese enganche con un número suficiente de clientela que le avale. Pues no logro pillarle el tranquillo. Me resulta siempre igual, con las mismas soluciones en todas las situaciones. Y si el personaje que quiere contar lo de la mili gusta, a mí me sacia en dos minutos. Y si miro con un poco de ánimo analítico, me encuentro en los años ochenta del siglo pasado con la misma boina y petardeo de Esteso y Pajares. Y ahí me doy la vuelta y lo dejo pudrirse en la nada.

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