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«Los hijos no perdonan de sus padres la falta de coherencia»

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José Manuel Mañu Noain
Experto en educación de niños y adolescentes

Licenciado en Filosofía y Letras y Magisterio, ha dado clases en centros públicos y privados, y lo hace en la actualidad en el de Gaztelueta de Leioa. Su profesión la compagina con la autoría de numerosos libros e impartiendo conferencias, como el ciclo formativo que protagoniza, invitado por la asociación de familias numerosas Hirukide, en Gasteiz, mañana, en Bilbo el día 8, y Donostia, el 10.

Joseba VIVANCO

«¿Cómo ejercer la autoridad con los hijos?» es el título del curso. No me diga que ha dado usted con la piedra filosofal...

Efectivamente no hay una piedra filosofal que descubrir, pero sí unos parámetros que recuperar. Se pueden distinguir dos ámbitos, uno es el de la potestad y el otro el de la autoridad. La potestad es la capacidad jurídica de los padres a velar por sus hijos menores de edad. Es un derecho-deber que está bien reflejado en la Declaración de Derechos Humanos de 1948, consecuencia de la amarga experiencia anterior a esa fecha. Hay madres y padres que, por dejación de derechos, no reclaman su legítima potestad; otros, se inhiben de sus compromisos. La autoridad, sin embargo, no se apoya en el derecho, sino en el cariño y en la coherencia. La potestad la tienen los padres por su condición de progenitores, la autoridad la ganan día a día.

Se dice que esa autoridad hay que empezar a ejercerla desde la infancia, porque no vayamos a exigir en la adolescencia lo que antes no hemos hecho...

Al niño, o la niña, se le educa desde la cuna; lo saben bien todos los padres, tanto si han cedido y, el niño ha terminado en la cama de sus padres, como si han resistido la presión y, salvo enfermedad, hacen que el niño siga en la cuna. El niño tiende a reclamar atención, objetos, etc, pero los buenos padres y madres no dan al niño lo que éste les pide, sino lo que le conviene.

Pero todos hemos sido adolescentes y desafiado a nuestros mayores... ¿dónde está entonces la línea entre el ordeno y mando y la comprensión?

El cariño y la coherencia de vida dan una autoridad moral que el niño reconoce de inmediato, antes de saber razonarlo. Él pide por si consigue, pero, en ocasiones, lo hace como un modo de reclamar más atención. Por otra parte, hay una fase de la vida en la que la negación es el modo de afirmar su personalidad. La prudencia es lo que permite distinguir cuándo es razonable actuar de un modo u otro. Probablemente, que la madre le dé un beso a su hijo adolescente a la salida del instituto, delante de sus amigos, no es el mejor modo de demostrar su cariño al hijo. Sí lo es, escuchándole.

Porque lo difícil es decir «no» y, como usted subrayará en estos cursos, explicar ese «no»...

Para poder decir con firmeza «no», es preciso haber dicho nueve veces «sí», con la generosidad de darse a los hijos. En algunos casos, los propios hijos serían los primeros sorprendidos si les dijéramos «sí», cuando él sabe que lo que procede es que le digamos «no». Lo que desconcierta a un hijo es la falta de coherencia, el que el sí o el no dependan más de la coyuntura que de las convicciones. La insistencia persistente se debe a que saben que, en algunos casos, sus padres acaban cediendo por agotamiento.

¿El secreto para mantenerse firme en ese «no» y no claudicar?

Los padres con hijos pequeños necesitan oír hablar de exigencia, pues la tendencia general es ser demasiado blandos con ellos, y la sociedad lo facilita. Por su parte, los padres de hijos adolescentes necesitan paciencia, ``balones de oxígeno'', para conseguir pasar esa etapa de la vida que termina al llegar la juventud. Lo ideal es explicar las razones de lo que mandamos o negamos, pero en ocasiones hay que terminar diciendo «no», con la esperanza de que lo entiendan, aunque sea, diez años después. Resistir con paciencia y firmeza y mostrar el cariño en otras facetas, son otros modos de decir «sí».

¿De qué pecamos los padres y madres de hoy?

Primero voy felicitar a muchos padres y madres actuales. Muchos dedican a sus hijos más tiempo del que ellos recibieron. Las madres dan el 200%, pues por mucho que se diga, la sociedad actual no ha logrado armonizar la vida familiar y laboral y hay muchas madres que tienen que multiplicar su tiempo para llegar a todo. Hubo una generación que pecó de autoritarismo, pero a la generación actual le falta exigencia. Por cansancio, u otras razones, muchos padres y madres actuales son demasiado permisivos. Es preferible dedicarles más tiempo y comprarles menos cosas.

Por cierto, ¿de padres autoritarios, hijos permisivos y al revés, o todo lo contrario?

Es difícil dar reglas generales en educación. Los hijos deben ser exigidos con cariño. Interpretando libremente unos versos de Salinas, les exigimos porque queremos ayudarles a conseguir de cada uno su mejor «tú». La exigencia ayuda, siempre que sea proporcionada y con cariño. Se educa más con lo que se es que con lo que se hace y, poco con lo que sólo se dice.

Porque padres y madres nos equivocaremos muchas veces...

Sí, pero los hijos raramente se equivocan a la largo plazo. Todos sabemos reconocer, si hemos sido queridos en la infancia, quién nos quiere y quienes nos ``utilizan''. Lo que los hijos no perdonan es la falta de coherencia. En un hogar, la realidad siempre sale a flote, para bien o para mal. Lo que no significa que cada vez que hay un problema, los padres tengan que sentirse culpables. La libertad es real y los hijos pueden usarla mal.

¿Y qué hay del castigo? ¿Es una herramienta más, una solución o un recurso demasiado fácil que muchas veces se nos vuelve en contra?

El castigo, si es proporcionado y justo, debe ser usado, pero no es el principal medio de educar. Los padres deben enseñar a usar la libertad de modo responsable, sabiendo correr los riesgos, proporcionados a la edad y madurez, que comporta la libertad. Equivocarse no es lo peor que puede ocurrir. Perjudica más no reconocer los errores y no aprender de ellos. La labor de los padres es enseñar a volar por cuenta propia, no tenerlos todo el día al lado.

Bueno, un último consejo...

Cada uno tiene que pensar, mirando hacia delante, en qué puede mejorar como padre o madre. Tenemos que aprender a educar cansados, y no siempre en el mejor momento emocional. Por tanto, si uno pone de su parte, no hay que sentirse culpables por no educar según un supuesto manual. El hecho de leer estas líneas, con independencia de mi acierto al responder, ya apunta que el lector busca aprender, lo que indica que quiere hacerlo mejor.

 

razonar el «no»

«Lo ideal es explicar las razones de lo que mandamos o negamos, aunque terminemos diciendo «no», con la esperanza de que lo entiendan, aunque sea, diez años después»

equivocarse

«Los hijos raramente se equivocan a largo plazo. Todos sabemos reconocer, si hemos sido queridos en la infancia, quién nos quiere y quienes nos utilizan»

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