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Anuncios de prostitución en la prensa, ¿prohibición o autorregulación?

La encontramos en la mayor parte de la prensa diaria junto a anuncios de vehículos o venta de animales. Es la publicidad de contactos o prostitución, sobre la que, a pesar de las leyes aprobadas en la CAV, Emakunde acaba de rechazar su prohibición, lo que le ha valido más de una crítica.

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Joseba VIVANCO

La que fuera defensora para la Igualdad de Mujeres y Hombres hasta la llegada del PSE a Lakua, la profesora titular de la UPV-EHU Maite Erro, regresaba estos días de una estancia académica en Suecia y se topaba con la noticia referida a la, cuando menos controvertida, comparencia parlamentaria de la actual directora de Emakunde, María Silvestre. Ésta ha defendido que la prostitución, si es voluntaria, no es ilegal y prohibir su publicidad a través de anuncios de contactos en la prensa escrita dificultaría el modo de vida de quienes se dedican a ello. «Asumir de entrada que los anuncios son malos es algo de lo que debemos huir», llegó a asegurar, por lo que vio difícil acabar con esta práctica tan lucrativa para algunos.

Sorprendida por tales declaraciones, Erro prefirió en declaraciones a GARA mostrarse ``políticamente correcta'', lo que no evitó que expresase su más firme rechazo a cualquier justificación de este tipo de anuncios. «Incumplen el derecho fundamental a la igualdad de mujeres y hombres y no discriminación por razón de sexo», sentencia tajante.

Durante su cargo, la Defensoría para la Igualdad que dirigía recomendó en 2008 a cinco periódicos vascos -«El Correo» y «El Diario Vasco», del grupo Vocento, y «Deia», «Diario de Noticias de Álava» y el «Diario de Noticias de Gipuzkoa»- que dejasen de publicar estos anuncios. Y es que desde 2005, en la CAV está en vigor una Ley para la Igualdad que prohíbe en los periódicos la publicidad relacionada con la prostitución.

Esta normativa estipula, en el primer punto del artículo 26, que «ningún medio de comunicación» con actividad en la CAV «puede presentar a las personas... como meros objetos sexuales». El segundo punto del citado artículo ahonda en la misma idea: «Se prohíbe la realización, emisión y exhibición de anuncios publicitarios que presenten a las personas como inferiores o superiores en dignidad humana en función de su sexo, o como meros objetos sexuales».

Lakua, ocho meses sin hacer nada

Aquel informe presentado por la Defensoría de la Igualdad dejaba claro que en los cinco diarios aludidos se incurría en «discriminación» de la mujer por «razones de sexo». Y sentenciaba: «Las mujeres se presentan como meros objetos sexuales».

Hoy, Maite Erro insiste en que estos anuncios, más allá de ser una fuente importante de ingresos económicos para las empresas editoras de prensa, «publicitan servicios de prostitución a través de imágenes y textos que atentan contra la dignidad de las mujeres, contribuyen y promueven roles de dominación y subordinación, transmiten roles estereotipados de mujer sumisa y complaciente que asocian la sexualidad femenina a adjetivos peyorativos como golfa, guarra, viciosa, y presentan a la mujer como mero objeto sexual». Más alto, pero no más claro.

Un documento, el de 2008, que no se dejaba pelos en la gatera, pero que fue devuelto al cajón, sin pasar siquiera por sede parlamentaria. Tuvo que ser en octubre de 2009, cuando el Ejecutivo de Patxi López, por mandato del Parlamento, anunciara su intención de obligar «cuanto antes» a los medios de comunicación infractores a dejar de insertar ese tipo de publicidad.

La parlamentaria del PSE Cristina Laborda llegó a proponer aplicar medidas similares a las llevadas a cabo en Gran Bretaña, donde las instituciones promovieron una campaña para vincular estos anuncios con el tráfico de mujeres. El resto de formaciones políticas se mostró también a favor de la prohibición, a excepción de EB, cuyo portavoz Mikel Arana dudó de que fuera publicidad sexista y alegó que «también salen hombres».

Tras el debate, López prometió que su gabinete «empezaría a trabajar» en el tema, pero en ocho meses no ha habido el más mínimo avance. La actual directora de Emakunde lo dejó claro en su comparecencia de estos días, donde abogó por la autoregulación de los propios medios, con los cuales reconoció haber mantenido contactos. Sin embargo, éstos no han dado en absoluto sus frutos, como ella misma confesó, y no es de extrañar dado el negocio del que hablamos.

En 2009, el Ayuntamiento de Iruñea ya tomó una decisión parecida, aprobando una moción que, entre otros aspectos relativos a la prostitución, exhortaba a los medios de comunicación a rechazar esta publicidad, con la cual, según datos calculados hace dos años por Navarraconfidencial.com, generaba unos 550.00 euros anuales al Diario de Noticias y unos 460.000 al Diario de Navarra. Dos medios de prensa que siguen publicando estos anuncios.

Un negocio lucrativo para la prensa

La profesora de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la UPV-EHU Natividad Abril, presentó en octubre de 2009, en unas jornadas en Bilbo, datos facilitados por los propios periódicos sobre ingresos facturados por estos anuncios de contactos y prostitución. Durante 2008, los ingresos de «El Correo» fueron de entre 100.000 y 110.000 euros mensuales por este concepto; en torno a 80.000 los de «El Diario Vasco»; unos 1.300 en «Noticias de Álava»; unos 1.000 en el aún en sus inicios «Noticias de Gipuzkoa»; y de 500 euros mensuales en «Deia». «Ninguno ha debatido en su seno la supresión de esta publicidad», decía entonces la docente universitaria.

La publicidad de la prostitución o servicios de acompañamiento ha generado un fuerte debate social en toda Europa, lo que ha derivado en que un número importante de diarios, sobre todo la denominada prensa seria y de calidad, abandone esta práctica. En el Estado francés, por ejemplo, la ley es clara y lo equipara al proxenetismo. El Estado español es, hoy por hoy, el único donde la prensa sigue con esta práctica, que incluso en EEUU está erradicada.

La profesora de Trabajo Social de la Universidad Complutense María José Barahona, autora del ``Estudio sobre la prostitución en España'', denunciaba este mercado económico. «Casi todos los periódicos incluyen este «barrio chino''», lo comparaba en su día a GARA, haciendo hincapié en la pérdida de argumentos que estas páginas dan a esos diarios para hablar sobre prostitución.

«Los periódicos que insertan estos anuncios no pueden avalar que la prostitución atente contra los derechos humanos, ya que sería una contradicción interna», entiende. Es por ello, cree, que «la información que aparece con más frecuencia es la trata de mujeres con fines de explotación sexual, ya que es un delito tipificado en nuestro código penal y, además, sujeto a una sensibilización social. En el fondo hay una intención de desvincular la trata de la prostitución, presentándolo como dos sucesos distintos».

Para esta veterana investigadora «su separación responde a intereses concretos de diferenciar una prostitución «buena» de una «mala». Y esto no existe». Barahona reitera que «no pueden dar otro tipo de información, ya que iría contra los intereses económicos al adoptar una posición».

«Su prohibición es posible»

La directora de Emakunde, María Silvestre, justificaba que «prohibir los anuncios condicionaría y mucho la situación de hombres y mujeres que lo hacen de forma voluntaria», y es que, según ella, la mayoría de los anuncios responden a esta realidad.

Barahona discrepa. Un repaso a los números telefónicos que aparecían en los miles de anuncios que analizó en su informe reveló que puede haber hasta veinte mujeres en un mismo número telefónico. «Significa que es un responsable de un piso o una agencia la que inserta los anuncios de distintas chicas como si éstas fueran independientes. Si estás en un piso y quieres poner tu anuncio lo pagas tú, y la comisión por el servicio es mayor; si lo pone el piso o la agencia, tú cobras menos por el servicio, ya que hay que amortizar el gasto», explica.

Otro argumento esgrimido por Emakunde es la dificultad de prohibir tales anuncios. «Su erradicación es posible y, más con la negativa del Congreso a regularizar la prostitución, señalándola como un tema de derechos humanos. Y una ley estatal debe cumplirse», discrepa la propia Barahona.

De parecida opinión es la profesora de la UPV-EHU Nati Abril: «Lo mismo que se prohibieron los anuncios de alcohol, tabaco, apelando a los riesgos de salud, también es posible prohibir estos anuncios de contactos, pero pasa que los poderes públicos se encuentran atados de pies y manos por los medios de comunicación».

La experta en Igualdad Maite Erro, por su parte, concluye que «en base a la regulación vigente, estos medios de comunicación que publicitan los citados anuncios incurren en discriminación directa y deberían cesar la publicación de anuncios que presenten a las mujeres como meros objetos sexuales, los que refuerzan funciones estereotipadas y los que transmiten imágenes vejatorias o degradantes de las mujeres».

El grupo parlamentario del PSE, a instancias de Emakunde, ha anunciado que propondrá crear una comisión en la Cámara de Gasteiz para discutir el asunto. Y ya se sabe que, como dijo Napoléon Bonaparte, «si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión».

 

 

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