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Desandar pasos dados en sentido equivocado

Hace apenas dos meses el líder del movimiento de liberación kurdo preso en la cárcel turca de Imrali, Abdullah Öcalan, publicaba una misiva anunciando que se retiraba como interlocutor del PKK ante el Gobierno de Ankara («Carta para informar sobre mi retirada del proceso», GARA 2010-6-5).

Öcalan denunciaba la postura intransigente del Gobierno de Erdogan. Según explicaba, «nuestros intentos de paz han quedado sin respuesta. Si ha habido conversaciones no oficiales, han sido con el único objetivo de vigilarnos. En un año han sido detenidos más de 1.500 políticos kurdos. No han dejado el más mínimo espacio para una contribución política pacífica.» La carta supuso un jarro de agua fría respecto a las esperanzas de que un proceso de negociación pudiese llegar a buen puerto.

Ahora Turquía reconoce por primera vez contactos con Öcalan, si bien intenta matizar la dimensión de esos encuentros. Anteriormente el PKK ya había informado de que el alto el fuego unilateral que decretó el pasado 13 de agosto era «fruto del diálogo que llevan a cabo nuestro líder y los órganos competentes que actúan en nombre del Estado turco con conocimiento del Gobierno» de Ankara. Todo ello supone una buena noticia en tanto en cuanto, además de abrir una puerta a la resolución, coincide con la propuesta realizada por los dirigentes kurdos.

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