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Negociación directa de alto riesgo, y precio

El presidente palestino Mahmoud Abbas y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se sientan hoy cara a cara, en el marco de la negociación directa, bajo la atenta mirada de la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton. Todo el mundo parece estresado y con prisas. Obama ha hecho público que para el final de su legislatura, dentro de dos años y medio escasos, le gustaría ver la solución final de dos estados. Los israelíes, tras una congelación de diez meses en la construcción de colonias que expira el 26 de setiembre, se sientan en la mesa para meter presión a los palestinos. Y el presidente Abbas, con un fuerte mandato de EEUU y recogiendo el chaleco salvavidas que éstos le lanzan, sabe que ésta es quizás su última oportunidad para mantenerse como máximo representante del pueblo palestino. A estos elementos hay que sumarle la muerte de cuatro colonos en un ataque en Cisjordania, que demuestra que aun sin estar físicamente presente, Hamas juega un rol determinante en la partida.

Los palestinos acuden a la mesa de la negociación directa con los mismos temas y las mismas carpetas que han llevado de una capital del mundo a otra los últimos veinte años. Fronteras, Jerusalem ocupado, el derecho de retorno de millones de palestinos... con cientos de mapas, registros de propiedad de tierras, y fotocopias de innumerables resoluciones de la ONU. Los israelíes, con una sociedad no preparada para el acuerdo y la reconciliación, con la paradoja de ganar las guerras y tierras en el terreno militar y ser perdedores en la guerra de la comunicación, acuden con un interés negociador claro: reequilibrar la presión que la actual Administración norteamericana ha ejercido sobre ellos, y conscientes de que Hamas intentará romper cualquier acuerdo antes de que ocurra, pretenderá ahondar en la división palestina y la falta de interlocución fiable. Finalmente, Obama que jugó la carta del senador Mitchell, audaz facilitador de la negociación en Irlanda, se juega su credibilidad como líder mundial.

La negociación muestra, en este contexto tan contradictorio y difícil, sus limitaciones y potencialidades. Las cuales no podrán desarrollarse mientras la negociación no sea realmente incluyente.

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