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Raimundo Fitero

Cosas del directo

El directo televisivo es un cúmulo de circunstancias, de decisiones inmediatas que deben regirse por códigos técnicos y éticos. Escrita la obviedad anterior, entremos en el paraíso de los tópicos: «cosas del directo». Si sumamos horas, probablemente estemos en un etapa de la involución televisiva en donde se emitan más directos y falsos directos. Los magazines son, en general, en directo. Los programas matinales, también. Los noticiarios, lo parecen, o al menos los conductores están en vivo y en directo. La mayoría de los deportes de masas, se emiten en primera instancia en directo y en ocasiones se redifunden para copar mayor espectro de audiencias.

Por lo tanto, en cualquier directo pueden suceder un número indeterminado de incidentes, errores, problemas técnicos que alteren el buen funcionamiento. Para eso parece que se inventaron los programas de vídeos, de recortes de otras cadenas en los que se produce desde un intento de conexión que no llega nunca, hasta la más amplia nómina de erratas, confusiones y hasta accidentes. Todo eso se resume con el tópico: «cosas del directo». Pero de repente, suceden cosas en directo que ya abren otro capítulo de la estulticia, de la falta de rigor y ética en la televisión.

Sucedió en un cadena televisiva italiana en un programa de esos que buscan a desparecidos. En directo la presentadora en el estudio, y las cámaras instaladas en la casa de una familia a la que le había desaparecido una hija de quince años. Las tensiones lógicas de la situación, se sabe que la policía está a punto de descubrir el lugar donde se halla. Y mientras la locutora mantiene su retórica para que no decaiga el espectáculo, a la madre le suena el teléfono portátil. Contesta y su cara se descompone. Le están comunicando que su hija ha sido violada y asesinada. Y desde el programa lo saben. Falta confirmación, pero se suelta la barbaridad. Y las cámaras siguen fijas, y la señal sigue dando a la familia recibiendo ese golpe. ¿Cosas del directo o de la falta de humanidad? ¿No es una actitud morbosa injustificable? El tratamiento del dolor ajeno debe hacerse siempre con pudor y no con esta deleznable exhibición.

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