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Obama viaja a Afganistán por sorpresa en pleno «cablegate»

Barack Obama llegó sin previo aviso a la base aérea afgana de Bagram, en un momento clave. Su visita relámpago coincide con la evaluación de la estrategia de guerra en este país, pero se produce, además, en pleno escándalo por los cables filtrados por Wikileaks.

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El presidente de EEUU, Barack Obama, no pudo elegir un momento más propicio para visitar el cenagal afgano: el viaje de apenas tres horas a este país asiático llega en un momento en que evalúa la estrategia en la guerra de este país, pero también se produce en medio del revuelo surgido a raíz de la filtración de Wikileaks, que ha aireado las vergüenzas de la diplomacia estadounidense.

Bajo intensas medidas de seguridad –por las cuales no se había informado del viaje–, el “Air Force One” aterrizó en la base aérea de Bagram, a 50 kilómetros de Kabul, donde Obama se reunió con el jefe de la misión internacional, David Petraeus, y desde donde se comunicó por teléfono –la videoconferencia prevista fue anulada por problemas técnicos– con el presidente afgano, Hamid Karzai, porque el mal tiempo le impidió llegar a la capital.
Antes, ofreció un discurso de ánimo a sus soldados, en el que remarcó la utilidad de esa guerra para que Afganistán «no vuelva a servir de santuario a los terroristas de Al-Qaeda para que vuelvan a atacar de nuevo a EEUU».

Obama viajó en un momento en que las filtraciones de Wikileaks han dejado en evidencia la profunda desconfianza que Washington tiene con respecto al presidente Karzai.
Según esos documentos, EÉUU está exasperado por la corrupción omnipresente en el pantanal afgano así como por la visión «paranoica» del mundo que tiene el jefe de Estado, que se ve como «un héroe nacional que puede salvar al país de la división».

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