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Aram Ahaorian Periodista

Venezuela: la oposición en su laberinto

Quizá uno de los problemas graves de este gobierno es que ha carecido de interlocutores válidos. Y, lamentablemente, hasta ahora esta oposición no ha demostrado que pueda llegar a serlo, sobre todo por la gran frustración que hasta ahora ha sido su actuación en la Asamblea Nacional y porque mientras recitan democracia, algunos grupos entienden guarimbas y desestabilización. Pareciera que prevalece la tesis de los que no tienen política y se reniega de esta posibilidad de careo, de juego democrático, para apostar a la ruleta de la desestabilización para supuestamente lograr la ingobernabilidad... para que intervengan de afuera a poner orden.

Desde el 2002 la historia vuelve a repetirse, con algunos intervalos en el medio, que es cuando respiramos y creemos que esta vez sí entramos en el juego democrático. Pero héte aquí que no. Nueve años después, la bancada opositora en la Asamblea Nacional repitió la argumentación del «vacío de poder» para negar que hubo un golpe de Estado en abril de 2002. Y, a falta de proyectos e ideas, Ricardo Sánchez, quien hace poco abanderó el movimiento estudiantil de derecha, declaró que quiere ahora «asumir de frente el combate al robo de celulares».

Lo cierto es que hay varios que desde afuera quieren ir manejando los hilos. Titiriteros como los que impulsaron el golpe para coronar a Carmona en 2002, estadounidenses y españoles, como entonces, con apoyo ahora también de grupos holandeses y colombianos. Insistimos en que el enemigo no se mueve en sólo un escenario, sino que transita por varios: el civil, el militar, el de la oposición, el del bolivarianismo, impulsando la idea del chavismo sin Chávez, al igual que lo hace con los altos cuadros castrenses. Mientras, decenas de «dirigentes» o candidatos a dirigentes, en su mayoría emanados de los grupos más jóvenes, son llevados a seminarios y cursos, y presentados en sociedad con los popes del conservadurismo internacional.

Los próximos diez meses se les van a hacer interminables a los seguidores de la oposición. Es el tiempo que falta para las primarias que fijaron en febrero del año próximo, para elegir el candidato «único». Lo cierto es que ninguno de los precandidatos tiene suficiente simpatía, según las encuestas. La lucha interna de la oposición, por conciliar las apetencias personales, las posiciones egocéntricas y el juego de los distintos movimientos y partidos queda al descubierto. La Mesa de Unidad Democrática no es más que un estado de ánimo, porque no todos se sientan en la mesa y menos para hablar de unidad y democracia.

Dice el dirigente masista Vladimiro Mujica que, como en una oración colectiva, la oposición se ha venido acostumbrando a repetir la palabra sagrada que permitirá enfrentar al autoritarismo chavista: unidad. Agrega que como en los grandes dramas épicos, donde a cada batalla ganada le sucede una mayor, han venido aprendiendo poco a poco que la unidad es una condición necesaria pero no suficiente. Se requiere además mucha inteligencia política, debilitar aún más las bases de apoyo del adversario y, en grado superlativo, poder hablarle a los «otros». Y lanza un mea culpa: los «otros» son también venezolanos que habitan el mismo país y a quienes nosotros, la gran mayoría de los opositores, hemos dejado de entender. Si entender la «otredad» es un requisito clave de cualquier candidatura opositora, también lo es para garantizar un triunfo bolivariano.

Hay gente dentro de la oposición que sabe que para triunfar hay que colocar, por una vez, el interés colectivo sobre el de los partidos, grupos y personalidades que se disputan un poder al que nunca podrán acceder si no dejan de actuar como en el pasado. Pero aparecen bloques y bloquecitos. ¿Modelo para armar o en pleno desarmado? Socialdemócratas, socialcristianos, populistas o centroprogresistas, derechistas y retrógrados fascistoides... La unidad es una colcha de retazos. Para peor de males, no aparece un liderazgo claro. Henrique Capriles Radonsky, María Corina Machado -amiga de Bush-, el alcalde metropolitano Antonio Ledesma, Henry Ramos Allup, el empresario López Sigala, el ex bolivariano Henry Falcón, Enrique Mendoza, el ex candidato Manuel Rosales (prófugo de la justicia)... Nombres sobran.

Y, mientras algunos sectores tratan de caotizar el país, desestabilizarlo, volverlo ingobernable, a la espera de quien de un golpe o que los marines bombardeen Caracas y Sabaneta de Barinas, las huestes de las manitas blancas hacen guarimbas en las urbanizaciones de clase media alta de nuestras ciudades. Habrá que llamar a las Cazafantasmas, para que hagan desaparecer ese fantasma del golpismo con el que intentan amedrentar nuevamente a la población y, también, a su primo hermano, el fantasma del fraude, en el que realmente ni siquiera Rosales cree.

La derecha venezolana tienen preparado un plan para calentar las calles del país, con financiamiento del exterior, denunció José Vicente Rangel, quien señaló que se nota un distanciamiento deliberado de esos sectores hacia los partidos de la llamada «mesa de la unidad democrática», y una conexión con las autoridades de universidades autónomas. «De ahí el énfasis que esos movimientos estudiantiles colocan en alimentar una matriz de opinión que demuestre el poder de convocatoria que están logrando, que desplaza a lo interno de la política de la oposición a las direcciones tradicionales», agregó.

Rangel también acusó a los sectores de derecha de gestar «una actividad que podría provocar una especie de implosión en los refugios para los damnificados, por lo que considero que la mejor respuesta es corregir las fallas que existen», en referencia a los centros de atención instalados por el Gobierno tras las intensas lluvias de finales de 2010, para atender a la población afectada.

Tres meses después del inicio de las sesiones de la Asamblea Nacional, un 35% de los venezolanos calificó como muy malo el desempeño de los diputados opositores, y 27% contestó que regular, de acuerdo con los resultados de la última encuesta del Grupo de Investigación Social Siglo XXI (GIS XXI). El 25% de los venezolanos afirma que la actuación de este grupo demuestra que no tienen nada que ofrecerle al país. La clase media y los jóvenes menores de 30 años ha sido los más duros para con los diputados opositores: el 47% y 45%, respectivamente, califica su actuación como regular-mala-muy mala. Pero el 31% de los encuestados también califica de mala-muy mala la actuación de los diputados bolivarianos, y el 21% prefiere ponerle un regular (la aprobación alcanzó el 37%). La mayor aprobación se concentra en las y los jóvenes de 18 a 29 años de edad (40%) y en los estratos D (39%) y E (40%). «Se planteó que los diputados del PSUV-PCV no tenían el mismo nivel, pero en los debates, los diputados del PSUV-PCV salieron mejor parados. Eso da al traste con la idea de que la inteligencia está del lado de la derecha», interpretó Jesse Chacón, director de la encuestadora en cuestión.

No es la primera vez que el presidente Hugo Chávez se refiere a la corrupción. «Nos traga la vieja política, nos traga la corrupción de la política... esos viejos valores capitalistas, pequeñoburgueses, burgueses, que se infiltraron por todos lados y siguen infiltrados dentro de nuestro partido. No escuchen el canto de sirena de la corrupción y si es necesario hagan como Ulises, amárrense. Y si no pueden, láncense del barco y dejen el mando. Si no tenemos claro y sólido como roca el principio ético político nos vamos a perder en el complicado campo de batalla... Si nosotros olvidamos que nos debemos al pueblo, entonces estamos en presencia de la más grande de las corrupciones», aseveró.

Según «La Comuna», la Fiscalía sobreseyó 2.443 casos de corrupción en 2010. La preocupación de Chávez, sus llamados a combatirla y enfrentarla, fue inmediatamente «aclarada» por Diosdado Cabello ante dirigentes del partido de gobierno: «en el Psuv no tapamos absolutamente nada». La realidad, la corrupción se ha multiplicado en la última década y los casos van desde los planes de alimentación escolar y popular, a los hipódromos, a la compra de armas y municiones, a la estructura financiera estatal... La pregunta es cómo ha prosperado tanto si en el PSUV no se encubren estos hechos delictivos. El director del diario «Últimas Noticias», Eleazar Díaz Rangel da cuenta de varias denuncias y recuerda que por centenares se multiplican en toda la administración pública los casos de funcionarios que cobran una comisión para que salgan los pagos correspondientes, y son igualmente centenares los casos de sobreprecios, que permiten al vendedor y al comprador obtener jugosas ganancias.

© ALAI-AmLatina

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