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La cantera se nutre del primer semestre

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Jaime ZUBERO LINAZA  Profesor en la Escuela de Enfermería de Donostia

Este galdakoztarra (1979)  es licenciado en Biología y acaba de presentar su tesis doctoral en el Departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina y Odontología de la UPV–EHU. Ha extrapolado a Bizkaia diversos estudios sobre futbolistas del fútbol base para saber con qué se relaciona estar a un nivel dado o ser titular de ese equipo, entre otras variantes.

Joseba VIVANCO

``La importancia de las características antropométricas y fisiológicas de los futbolistas jóvenes de categoría superior en el proceso de selección''. Así reza el título de la tesis doctoral presentada por Jaime Zubero, profesor en la Escuela de Enfermería de Donostia. Hace unos meses ya se dieron a conocer unos datos previos que concluían cómo la cantera, habitualmente, surge en el primer semestre, o dicho de otra manera, siete de cada diez jugadores de los `sorbides' o escuelas de la Fundación Athletic nacen entre enero y junio, un porcentaje que supera en veinte puntos a la media que ofrecen otros clubes más modestos, pero parecido a filiales de la Real Sociedad.

Aquellos datos y esta tesis van de la mano. «Hemos analizado las características de futbolistas en crecimiento, y que son seleccionados para jugar y entrenar en diferentes niveles, y que a su vez han sido clasificados como titulares o no titulares. Nosotros queríamos encontrar con qué se relacionaba estar a tal nivel o ser titular, entre otros aspectos, teniendo en cuenta que los chicos sufren grandes cambios en estas edades, como el estirón propio de la adolescencia», detalla su autor a GARA.

La cuestión, simple, es saber porqué son buenos los chavales de 10 a 11 años o de 13 a 14. «Hemos constatado que cuanta más edad se tiene se tiende a ser mejor, y aunque esta afirmación parece de Perogrullo, una diferencia relativamente pequeña de edad puede marcar la diferencia dentro de un grupo de chavales englobados en un año», dice. «Los nacidos antes, a principios de año, suelen ser de promedio mejores».

El interrogante es si los chavales que están en la cantera de los equipos punteros son buenos per sé o tiene mucho que ver que estén más desarrollados o sean mayores, toda vez que el 70% de ellos nacieron en los primeros meses del año.

Con esta situación, la tesitura en la que se sitúa Zubero es en la de que «tenemos un deporte que cuanto mayor es el nivel, mayor es la exigencia del momento, y no diferencia el nivel de cada jugador según esté más desarrollado o tenga relativamente mayor edad. Esto implica que se escogen chavales que son muy buenos entre los 10 y los 14 años, pero que no tienen porqué mantener este mayor nivel a partir de esta edad». De la misma forma, prosigue, «habrá chavales menos desarrollados, y por tanto no seleccionados, que podrían dar un nivel alto en un futuro, pero que son excluidos de estos equipos a edades tempranas».

Esto no quita, matiza el autor, que haya chavales nacidos a primeros de año que sean buenos más allá de su envergadura o desarrollo. Pero, añade, «si lo que quieres es organizar un equipo con los mejores, sobre todo en deportes muy populares, como lo es el fútbol aquí, suele pasar que la selección se termine haciendo de manera sesgada, y no con objetivos de larga duración, tal y como se recomienda».

Es de suponer que ojeadores y técnicos de estos clubes de primer nivel echarán mano también de su experiencia a la hora de acertar con los chavales que vayan a seguir evolucionando en la cantera. El físico no garantiza el triunfo. Sin embargo, Zubero advierte de que en su contra juega el que «tienen que organizar un equipo cada temporada, y hacerlo lo mejor posible para cumplir las mejores expectativas, no sólo de un club, sino en general, de un pueblo, ciudad o provincia, y por tanto de una sociedad».

En total se hicieron mediciones a 383 chavales, durante dos años, tanto de los sorbides, como del Galdakao CD y el Ugao CD, además de varias ikastolas. «Quiero agradecer también la ayuda a mis compañeros, a todos los que han colaborado, y cómo no, a los propios participantes», concluye.

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