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Perpetuar el sustento y vetar salidas razonables

El congreso de la Asociación Española de Escoltas que se ha desarrollado en el palacio Euskalduna de Bilbo finalizó ayer. Este colectivo, «integrado por más de 3.100 profesionales» en Euskal Herria, se mostró preocupado ante la nueva situación política. Con un discurso en el que se subraya que «ETA trabaja para seguir atentando» y que no ven «cambio alguno ni la paz por ningún lado», encendieron la alarma roja sobre el futuro de sus empleos que, razonablemente, sufrirán un descenso masivo. Exigieron «nuevos nichos de mercado», atribuyéndose así una responsabilidad de decidir las políticas de protección y el modelo policial del futuro que en absoluto les corresponde. Es un discurso peligroso. Miles de personas armadas, que han cobrado comparativamente muy bien en relación a los sueldos medios, ven peligrar su futuro. Esta semana conocimos la petición de una multa al escolta que simuló una bomba de ETA que colocó en el buzón de la vivienda que compartía con una jueza. Episodios de este tipo han sido abundantes. No es descabellado pensar que puedan volver a producirse.

Los procesos de resolución de conflictos revelan que cuando se atisba la posibilidad de superar la guerra, siempre aparece el veto de diversas especies, mayormente carroñeras, que han sobrevivido, cuando no medrado, a costa del sufrimiento ajeno. Reconociendo el dolor efectivo de las verdaderas víctimas, el conflicto vasco ha impulsado un sector socio-económico que viendo peligrar su sustento no va a encontrar razón alguna para el optimismo. Para ellos, el alto el fuego de la actividad armada y la apuesta de paz y soluciones justas no son insuficientes, son simplemente nefastos, y anticipan su particular debacle.

Pero no son sólo los escoltas. Protomártires subsidiados, catedráticos antiterroristas encumbrados en la farándula -que reconocen haberse divertido-, periodistas etólogos expertos en el absurdo, parasindicatos policiales... buscan perpetuar su sustento y vetar cualquier salida razonable. Pero afortunada e irremediablemente, la sonrisa de las hienas se acaba. Para alegría del país.

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