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GRAN NOCHE DE FÚTBOL

Cuando ruge el león de San Mamés

Los rojiblancos trataron de tú a tú a todo un Barcelona, sabiendo guardar la ropa en la primera mitad en una noche de lluvia y saliendo a por el partido tras la reanudación, adelantándose por dos veces a los azulgranas, que empataron en el último minuto del partido.

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ATHLETIC 2

BARCELONA 2

Joseba VIVANCO

«Volvió a rugir el león de San Mamés». Era el encabezamiento de la crónica de un triunfo rojiblanco publicada por el diario ``El Liberal'', allá en 1929, como rescata Patxo Unzueta en su libro ``A mí el pelotón''. El cronista se inspiró en la imagen del santo mártir que alberga una capilla de la próxima Casa de Misericordia, para describir lo que aquellos Blasco, Carmelo, Txirri II, Unamuno, Iraragorri, Gorostiza y compañía transmitían con su juego y entrega a los espectadores. Marcelo Bielsa reivindicó, reclamó, en la previa al ya lejano estreno europeo ante el Trabzonspor turco, que su equipo desplegara sobre el terreno de juego todos esos «valores que explican históricamente lo representativo de esta institución». Que fueran, como reza el himno del Athletic, «troncos del viejo roble, florecido en nuevo follaje» (aritz zarraren enborrak, loratu dau orbel barria). Y a fe que, en la torrencial y encharcada tarde-noche de ayer, en un choque imbuido de un atrezzo casi épico, esa «juventud roja y blanca sobre el verde campo modelo del Pueblo vasco» (Gaztedi gorrizuria, zelaia orlegian, Euskalerriaren erakusgarria), lo hizo. El león volvió a rugir. Lástima que no rematara a su presa.

Decía Pep Guardiola en la ya famosa conversación con el director de cine David Trueba que la noche anterior suele soñar los partidos del día siguiente, y, añadía, sus sueños se suelen cumplir. La madrugada del domingo, horas antes de viajar rumbo a Bilbo, seguro que Guardiola se despertó sobresaltado en mitad de la noche... una pesadilla le inquietaba. La de San Mamés y el Athletic de Bielsa.

La UEFA hablaba en su web, el día previo, de uno de los partidos más interesantes del fin de semana a nivel europeo. Y no se equivocó. Anoche, sobre el vertiginoso césped de La Catedral, se vio un partido con mayúsculas. Decía el enrenador del Borussia Dormundt, Jürgen Klopp, que «si los espectadores quieren emociones pero tú les ofreces una partida de ajedrez sobre hierba, alguna de las dos partes tendrá que buscarse un estadio nuevo. Los que llenan las gradas no vienen a sentarse a contemplar distraídamente un partido de fútbol. ¡Quieren pasión!». Y a fe que anoche hubo pasión.

Un partido vibrante

Respeto. Mucho respeto entre ambos equipos marcaron los primeros compases de un encuentro que en su primera mitad no iba a defraudar a nadie. Dejó Guardiola al guaje Villa en el banquillo y puso en vanguardia a Adriano, Cesc como ese falso `9' que tanto le gusta a Pep y a Messi, en el flanco opuesto. El primer balón al área fue de Aurtenetxe, otra vez mal, y la réplica la dio Adriano en una vertiginosa pared con el `10' argentino, que Iraizoz detuvo. El Barça mandaba en el balón y el Athletic, bien pertrechado atrás, le dejaba salir, pero tratando de arañar en cada contra que podía, sobre todo por banda izquierda, saliendo esta vez bien, pero fallando el último pase.

Estaba claro que, como había dicho Ander Herrera el día previo, el Athletic no iba de sparring. Y prueba de ello fue la buena combinación rojiblanca que acabó con tiro flojo del propio Ander a las manos del hasta entonces imbatibo Valdés.

La respuesta la daba Iniesta, pitado hasta la saciedad en San Mamés, que envió alto. El peligro del Barça era más simbólico que real. Como si quisiese minar la organización y disposición de los bilbainos, sabedor de que tarde o temprano llegaría su gol. Pero iba a ser el Athletic el que jugara sus cartas, sus contras, y en una de ésas, Susaeta se llevó un balón por banda tras resbalón de Alves, cedió atrás, Herrera se la amoldó a la derecha y la colocó desde fuera del área lejos de la manopla de Valdés. Acababa con una imbatibilidad de 898 minutos del cancerbero catalán y ponía al Athletic por delante en el marcador. San Mamés, que no había dejado de animar desde el minuto uno, rugía como un león.

Un tanto que acababa con la inmaculada trayectoria culé de portería a cero, pero que les espoleaba. Avisaba Alves e Iraizoz respondía con otro paradón. Y lo remataba la cabeza de un peligroso Fábregas apenas tres minutos después del gol bilbaino. No fue en una diagonal de Messi, ni en una combinación, ni en una pared. Fue de cabeza. Un gol al estilo Athletic. Abidal sacó un centro desde la izquierda, Cesc ganó la espalda a Amorebieta y testarazo lejos de Iraizoz. Demasiado rápido para saborear la momentánea victoria.

Un gol que desconectó un poco a los leones y que permitió que Messi entrara en acción; Aurtenetxe quiso ser su sombra, pero la del argentino es como la de Lucky Luke. Las tuvo el argentino a pares, pero sin fortuna. La tuvo Iniesta ante Iraizoz y volvió a salvarla el navarro. Las matadoras diagonales de los catalanes hacían mella en la zaga bilbaina, mientras Cesc aparecía por cualquier lado y por donde menos se les esperaba. Una presión que no evitaba que los de Bielsa siguieran a lo suyo, tratando de sacar el balón jugado, por mucho Barça que estuviera enfrente. Y esa fe llevó a Muniain a estar cerca del segundo gol, cuando Herrera le dio un pase entre líneas al que el navarro sólo rozó hasta las manos de Valdés. Y terminaba la primera mitad con un Athletic entero, liderado por un enorme Fernando Llorente que en el arranque iba a ser uno de los grandes protagonistas.

En la reanudación, la lluvia se dejó sentir en el césped de La Catedral y lo comprobó Javi Martínez en su fallo que Iniesta no aprovechó para superar a Iraizoz. El Athletic pareció sentirse cómodo con ese tiempo y con lo hecho, y decidió dar unos pasos adelante, y presionar al Barça donde más le duele, arriba. Y el Athletic fue a por partido, descarado. La tuvo Messi, pero no fue hasta el minuto 67 cuando los culés tiraron a puerta, Adriano, alto. Llorente era el abanderado, Muniain se crecía en cada jugada, Javi Martínez y Amorebieta eran dos colosos...

La jugada en la que los rojiblancos obligaron a ceder un córner fue el preámbulo del gol y la imagen de lo que sucedía en el terreno de juego. Saque de esquina, el balón que entra sin llamar por la defensa culé y rebota en la pierna de Llorente. Gol. Había que estar allí. San Mamés reventaba. Rugía. El león daba su segundo zarpazo. «Jo ta ke, irabazi arte!», tronaba en todo el campo como hacía tiempo no ocurría. Apenas diez minutos por delante. Diez para disfrutar, diez para sufrir.

Seguía San Mamés coreando el nombre de un portentoso Llorente que anoche dejó de ser por fin `Fernandito', cambiado por San José tras la expulsión de Amorebieta, cuando Messi, en ese último minuto, la lió, como se lió la defensa bilbaina para sacar el balón. Ni siquiera San José había llegado a su puesto. Tan cerca estaba. Pudo ser peor, porque el Barça apretó y encerró a los leones en su jaula. Pero como Bielsa aprendió de su mamá, hay que dar hasta el último esfuerzo, el último rugido. Y se dio. El león volvió a rugir, como en los mejores tiempos.

Bielsa: «Ha sido un partido cautivador»

Marcelo Bielsa se mostró en rueda de prensa como en cualquier partido anterior. Ni una campana al vuelo. Ni un halago a su equipo. Sabe que los halagos son peligrosos. «No hubiera sido justo ganar el partido», fueron sus primeras palabras, aunque también asumió que al haberlo visto tan cerca, siempre uno cree que puede alcanzar la meta. «El empate se corresponde con lo que sucedió en el campo», admitió el argentino. Habló de un «partido parejo», pero en el que los suyos derrocharon mucho más esfuerzo. Y puso como ejemplo de la intensidad con la que se jugó el ver el duelo Muniain y Abidal. «Fue una expresión muy linda y que sintetiza todo el partido».

Alabó al Barcelona, aunque matizó que no era para «agigantarnos a nosotros». Ni un adjetivo calificativo para los suyos, aunque seguro que sus satisfacción era máxima. Ni siquiera quiso valorar si su equipo está más cerca de lo que quiere. «Lo que hoy pareciera consolidado, puede tener más tarde sus momentos de inestabilidad», atinó a responder. ¿Y el ambiente de San Mamés? «La simbiosis del equipo y público enmarcaron el espectáculo; no sé si fue un partido bello, pero sí cautivante». Y sobre la tardanza en los cambios, aclaró que «quería hacerlos, pero elijes a uno que deja de correr o juega mal, pero no encontré respuesta, no encontré jugadores que lo merecieran y no es lógico cambiar sin justificación». J.V.

Guardiola: «Le he dicho que son unos bestias»

Un Pep Guardiola casi afónico compareció en sala de prensa para enfatizar sin pero alguno que lo visto minutos antes sobre el césped de San Mamés había sido un «canto el fútbol» y uno de los mejores partidos que había tenido ocasión de disputar como entrenador. «Por eso el fútbol es tan hermoso cuando los dos equipos salen a ganar el encuentro». Lo primero que hizo el técnico catalán fue felicitar tanto a Marcelo Bielsa como a los jugadores rojiblancos. Le preguntaron qué le había dicho al técnico argentino nada más acabar el choque. «Le he dicho que son unas bestias». Y explicó que «nunca había jugado contra un equipo tan intenso, tan agresivo». Guardiola dijo tener claro que si su equipo hubiera venido a La Catedral sin tener todos los sentidos alerta, lo hubiera pasado mal. «Hoy vienes aquí y vas con un tono bajo y puedes ir bien servido», admitió. Se le preguntó sobre si el punto logrado tenía para él sabor a victoria. «¿Cómo no vas a estar satisfecho con lo que han hecho estos 22 jugadores? Todos queremos ganar, pero después de lo visto, poco más hay que decir», contestó. Sí subrayó que estaba contento con el comportamiento de sus futbolistas por cómo habían afrontado el partido. Y el técnico catalán no se resistió a volver a descibir lo visto ayer: «Ha sido un partidazo». J.V.

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