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Maite SOROA | msoroa@gara.net

Sus amigos ya le echan de menos

Acaban de enterrar a Fraga y sus amigos ya le echan de menos. Entre ellos se cuenta el exministro de Exteriores del Gobierno de Aznar Abel Matutes, que ayer en una columna en «La Razón» lo recordaba «humano y entrañable». El que también fue alcalde franquista de Ibiza comenzaba el artículo con una anécdota personal: «En 1967 me habían nombrado presidente de turismo de la isla y me encargaron que escribiera un discurso porque venía Fraga. Creo que ese día le gustó lo que dije porque meses después me distinguió con una medalla al mérito turístico». Por lo que se ve Fraga iba repartiendo medallas a sus subalternos si le hacían buenos discursos de bienvenida. Y estos, claro, muy agradecidos. Tanto, que no les importaba trabajar a destajo: «aunque te hiciera trabajar como un mulo no podías quejarte porque él daba ejemplo y lo superaba con brillantez». Ya, o porque quien se quejara ante Fraga las iba a pasar canutas.

Lo que servidora nunca hubiera dicho es que tan estrambótico personaje fuera tímido. Pero su amigo Matutes lo conocía mejor: «Ese carácter tan rápido de respuesta que tenía era una forma de ocultar su timidez. Era un hombre entrañable, muy amigo de sus amigos y con una humanidad enorme». Si era tímido lo desconozco; amigo de sus amigos, seguro que sí; pero ¿humanidad? Ya le puede contar esa trola a otra...

Otro amiguito del alma de Fraga es el empresario Ángel Sanchís Perales, quien en el mismo diario cuenta su primera cita, en 1976, con el ministro franquista: «Tres horas fueron más que suficientes para que me enamorase y me convirtiese en más fraguista que Fraga». Un poco exagerado, no les parece. Aunque a saber qué pasó en esas tres horas... Eso sí, está claro que Sanchís le tenía en un pedestal: «Para un hombre de extracción humilde como yo haber aprendido de él, es una de las cosas más importantes de mi vida». Se le vé agradecido con el señorito. Y para acabar, lean lo que dice: «se ha ido sin enemigos, aunque alguien así se considere a sí mismo que no merece tal honor». El humilde Sanchís se equivoca. Fraga se ha muerto dejando mucho dolor acumulado, también en este país, y si se da una vuelta por aquí encontrará a mucha gente que no le deseaba nada bueno.

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