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Iratxe FRESNEDA | Periodista y profesora de Comunicación Audiovisual

Agur Ben Gazzara

 

Ben Gazzara acudió por primera vez a Donostia en 1981: «Fue muy gracioso. Veníamos a presentar `Storie di ordinaria follia' de Marco Ferreri, y el Teatro Victoria Eugenia estaba lleno de señoras con joyas y vestidos largos. En aquel momento pensé que se iban a marchar todas, porque la película era pornográfica y escatológica, pero al final todos me felicitaron». 26 años después, Gazzara, algo mayor, pero no por ello menos lúcido, regresaba a Zinemaldia para recoger un merecido premio Donostia. Tuve la oportunidad de entrevistar al actor neoyorquino de origen siciliano junto a la fotógrafa Conny Beyreuther. En aquella entrevista memorable, con una copa de vino y entonando el «O sole mio» descubrimos por qué decían que tenía talento, por qué Casavettes lo había elegido como su actor favorito, por qué adoraba a Cassavetes... Se crió en los barrios humildes de Nueva York, y se le notaba; no tenía pelos en la lengua al dejar claro cuál era su visión de las cosas. Gazzara, que destacó en sus inicios en el Actors Studio y labró su primer éxito en el cine con Otto Preminger en «Anatomía de un asesinato», poseía un inquietante carisma parejo a la fama de indomable que le precedía (algo que probablemente le llevó a convertirse en uno de los favoritos de outsiders como Bogdanovich, los hermanos Coen, Spike Lee o Lars Von Trier). Conocí a un anciano de ojos profundos y brillantes, que pasaba buenos momentos en su paraíso de Umbría donde se preocupaba por sus olivares y por «cómo pagar la fontanería de los regadíos». Disfrutaba releyendo a los clásicos de la literatura rusa como «Anna Karenina» de Tolstoi o «El idiota» de Dostoievski. Me divierte imaginarle de nuevo junto a Cassavetes y a Peter Folk...

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