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Josep ramoneda | periodista y filósofo

«En siete años, Zapatero no ha recortado un milímetro de la hegemonía ideológica del PP»

Para el periodista y filósofo Josep Ramoneda, «el socialismo va completamente a la deriva», mientras el PSC demuestra ser, como dijo Alfonso Guerra, «la federación catalana del PSOE». Además, advierte del peligro de que Mariano Rajoy consolide la hegemonía del PP en los sistemas del poder, como el CGPJ.

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Beñat ZALDUA |

En los últimos meses el nombre de Josep Ramoneda ha aparecido en los medios de comunicación tras conocerse que la Diputación de Barcelona, gobernada por CiU y PP, no le renovaría el contrato como Director del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB), al frente del cual ha estado desde su creación en 1989, convirtiéndolo en un centro de referencia en el mapa cultural del mundo, como foco de creación y difusión de ideas y de exposición de obras culturales.

Desde sus columnas en diarios catalanes y estatales, Ramoneda ejerce también de analista político desde un punto de vista de izquierdas, «en un sentido muy genérico», como él mismo señala. Sostiene que el PSOE no ha conseguido ganar terreno ideológico ante el PP, lo que se ha reflejado en la hegemonía política de este. Por eso, ve sorprendente que no surja nadie con nuevas propuestas para liderar el PSOE.

Estos días se ha celebrado el congreso del PSOE ¿Hacía donde va este partido?

Yo creo que va completamente a la deriva. El PSOE lo agotó todo en el periodo de Felipe González, en el que realmente se transformó España, pero en el que al final llegó con la lengua fuera. No ha sido capaz de darse cuenta de una cosa fundamental, que es que José María Aznar llegó con un proyecto clarísimo de reconquista ideológica. Yo recuerdo que Rubalcaba me dijo, sobre el Gobierno de Aznar, una frase que convendría que recordase: «Este es el Gobierno más ideológico que hemos tenido». El PP ha conseguido imponer una hegemonía cultural y cuando logras eso, la hegemonía política va cayendo sola. No hay más que mirar el mapa para ver que hay lugares en los que el PSOE literalmente no existe: Valencia, Madrid, Murcia... Para mí, uno de los grandes fracasos de Zapatero es que en siete años no ha conseguido recortar un milímetro de la hegemonía ideológica del PP.

¿Ve a alguien capaz de dar esa lucha ideológica?

Francamente, no lo sé, pero los parecidos son alarmantes, ya que se presentan dos personas completamente ligadas al periodo anterior y que acaban de tener un fracaso estrepitoso. A Rubalcaba nadie le discute el talento, es una especie de «homme d'Etat» clásico, que todo gobernante querría tener al lado, aunque no está claro que su lugar sea el primer plano. Además, es una persona absolutamente ligada a la historia del PSOE desde principios de los 80 y no ha sabido actuar sobre los peligros que venían. Chacón es la expresión de una característica de Zapatero, que es la de la frivolidad sin límites; no ha hecho nada más que vender humo, con buenas palabras y retórica que sirve para todo: cambio, refundación, nuevos tiempos... A mí me parece muy sorprendente que en un partido tan grande como el PSOE no haya una sola persona nueva capaz de salir con ideas y propuestas para enfrentarse a la vieja guardia. Pero los partidos son sistemas de poder muy complicados y este sistema de elección por delegados tiene un problema, porque a la hora de configurar los órganos de dirección, se va con tantos compromisos adquiridos que queda poca cosa para hacer.

¿La candidatura de Chacón y el apoyo recibido en Catalunya han certificado la muerte del PSC más original?

Lo peor que le podría haber pasado al PSC es que Chacón hubiera ganado, porque se habría acabado definitivamente el mito de la autonomía del PSC y de la existencia de dos partidos. Para empezar, ya es una extravagancia que una militante de un partido se presente a secretario general de otro partido. Esto hace pensar que Alfonso Guerra tiene toda la razón cuando dice que para él, el PSC siempre ha sido la federación catalana del PSOE.

En un PSC sin autonomía respecto al PSOE, ¿Qué camino le queda al sector catalanista?

Yo creo que uno de los problemas que tiene Catalunya, y que estaría bien que se resolviese durante esta legislatura, aunque no es fácil, es el de la reorganización del sistema de partidos. Si el PSC no cubre el espacio de una socialdemocracia nacional catalana, este espacio se tendrá que cubrir por algún lado. Lo que pasa es que este espacio tiene figuras con pocas ganas de arremangarse e ir a ganarse la organización, agrupación por agrupación.

¿Hacia dónde va «el nuevo» PSC?

El PSC está muy desnortado. Construir el segundo tripartit, en las condiciones en las que se hizo, fue un error incomprensible. Desde ese momento, no se sabe si es de izquierdas o es de derechas, si es catalanista o es españolista; a base de querer serlo todo, se acaba no siendo nada. El PSC se ha pensado que la gente de la periferia de Barcelona, padres, hijos y nietos, votarían siempre lo mismo, pero ahora ha llegado una nueva generación y ¡bam! Se le ha movido el electorado y no se ha dado cuenta. Es un caso espectacular de cuando un aparato se cierra en el castillo y va perdiendo la percepción de la realidad.

¿Cómo puede conseguir reflotar el PSC?

El líder real del PSC en estos momentos es Antonio Balmón, el alcalde de Cornellà, partidario de ir a buscar las alianzas con CiU sea como sea. No quiero negar que eso quizás le permita reflotar al PSC, pero también me parece que en el fondo es una renuncia a preparar una alternativa real. El problema es que una alternativa real pasa, de una u otra manera, por una cosa parecida al tripartit, una alternativa de izquierdas, y en estos momentos, el tripartit es un tema tabú. Pero el PSC solo no ganará nunca a Convergencia; por lo que o aparece alguna forma alternativa de alianza de izquierdas o Convergencia tendrá la hegemonía durante mucho tiempo. El PSC puede quedar limitado a un ala socialdemócrata auxiliadora de Convergencia.

Pero CiU parece en manos del PP...

CiU se presentó a las elecciones con un ideario nacionalista bastante más avanzado de lo que era la estrategia del pujolismo: transición nacional y pacto fiscal como pasó en esa transición. Además, en Convergencia ha subido una nueva generación que se llama independentista. Sin embargo, han pospuesto el pacto fiscal y el referéndum y van del brazo con el PP. Las próximas elecciones, además, son en 2014, año de la gran conmemoración nacional. ¿Se presentarán en 2014 habiendo pospuesto todo lo que prometieron? Aquí tienen un problema complicado, porque hay un importante sector soberanista en la sociedad que está creciendo y que le exigirá lo prometido. ¿Eso es suficiente para que Esquerra suba mucho? No estoy seguro. Yo creo que veremos unos extraños desajustes entre mayorías sociales y mayorías políticas. Es decir, puede ser que haya una reacción fuerte contra Convergencia, pero que después vuelva a ganar. Hay una especie de esquizofrenia en la política catalana con una CiU que se ha declarado soberanista pero pacta cada vez más desvergonzadamente con el PP.

¿Mariano Rajoy puede ser para la derecha lo mismo que ha sido Rodríguez Zapatero para el PSOE, en cuanto a aportación ideológica nula?

Es posible, pero la hegemonía cultural e ideológica del PP es sólida y no se ve a nadie en condiciones de rascarla. Es cierto que Mariano Rajoy no tiene un estilo de liderazgo fuerte como Aznar o González, pero creo es que es capaz de consolidar esta hegemonía en los sistemas de poder. Yo creo que hay una noticia muy importante estos días que es el anuncio del Gobierno de que el Consejo General del Poder Judicial lo escogerán los jueces. Eso solo quiere decir que son perfectamente conscientes de que tienen plena hegemonía ideológica en el mundo de la Justicia. Y en este terreno, Rajoy es peligroso. Pero claro, está en manos de la crisis y eso no perdona, te llames Sarkozy, te llames Rajoy o te llames Zapatero. En cuanto llevas un tiempo gobernando, la crisis te come 10 o 15 puntos de saque. Cuando a finales de año haya 500.000 parados más y la gente vea que todas las medidas que se han tomado no sirven para nada, habrá que ver.

En este sentido, el movimiento del 15-M ha sido algo renovador, pero no ha acabado de incidir en el juego político y, sobre todo, en el juego del poder.

El problema del movimiento del 15-M, como pasa mucho con estas cosas, es la dificultad de transformación política. Es interesante primero de todo porque expresa el profundo malestar que existe en la sociedad, algo que era incomprensible que no hubiese salido antes. Pero también veo ciertos puritanismos morales, miedo al contagio y miedo a que se estropee políticamente. La vida política y los conflictos de intereses pasan por embarrarse y si tú te quieres mantener puro, serás muy puro, pero probablemente no conseguirás incidir en nada. Hubo un primer momento en el que yo creo que sí que consiguieron cosas importantes, como poner en la agenda temas que no estaban. Si hubiesen cogido un tema concreto y hubiesen jugado muy a fondo, probablemente hubiesen tenido más resultados y, de hecho, hubo un momento que parecía que lo iban a hacer con el tema de la vivienda. El 15-M está bien como sintomático y yo creo que en algún momento volverá a subir, de esta forma o de otra, pero si no se encuentran formas mínimas de transformación política, es complicado que incidan.

 

 

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«Si el PSC no cubre el espacio de una socialdemocracia nacional catalana, este espacio se tendrá que cubrir por algún lado»

hegemonía

«El PP es consciente de que tiene plena hegemonía ideológica en la Justicia. Y en ese terreno, Rajoy es peligroso. Pero está en manos de la crisis y eso no perdona»

«La cultura no es garantía de nada, en Auschwitz había unos señores tocando el piano»

Sin que se hayan oído demasiadas quejas al respecto, Cultura ha sido uno de los sectores más recortados...

Yo me expresé en contra de la manifestación que se hizo en un momento determinado, porque me resultan antipáticas este tipo de cosas gremiales. Si hay recortes en todos los lados, no discutimos solo los de cultura. Pero creo que el problema es más de fondo. El problema de la cultura es que los gobernantes no entienden, o les cuesta mucho entender, que la cultura sea un bien de primera necesidad. Y si no se impone esta idea, es muy difícil avanzar.

¿Dónde está la frontera entre una cultura protegida y una cultura excesivamente subvencionada?

En estas cosas siempre es difícil encontrar el punto de equilibrio. En el campo de la creación e innovación cultural, hay un tipo de cosas que, si la Administración Pública no les da un empujón, probablemente no se harán nunca... Para que eso funcione, las instituciones culturales no tienen que ser motores estáticos, sino que deben ser lugares de creación y producción, no solo de exhibición. Aquí se cree que la política cultural debe ser estrictamente algo patrimonial y eso me parece un disparate extraordinario. No quiero decir que no haya que cuidar archivos y restaurar monumentos, pero eso no puede ser el eje de una política cultural. El eje de una política cultural tiene que ser la creación y la producción.

¿Se apunta a la frase «la cultura es la salvación del ser humano»?

Soy escéptico, porque la cultura no es garantía de nada. En Auschwitz había unos señores tocando el piano y unos músicos que tocaban Beethoven, mientras los prisioneros iban de un lugar a otro antes de acabar en la cámara de gas. La cultura puede servir para lo mejor, pero también puede ser argumento y justificación de la barbarie más absoluta. Ahora, que el nivel cultural de un país es un elemento fundamental para el bienestar, eso sí. La idea del bienestar para mí es una idea coja si no contempla un nivel cultural alto del país.

En sus años en el CCCB ha impulsado una cultura cosmopolita y universal. ¿Cuál es la importancia que le otorga a esta visión de la cultura en el siglo XXI?

Yo creo que cultura solo hay una, que es la cultura de la humanidad y que, pese a tener decantaciones muy diversas, no se puede fragmentar. Después vienen todas las determinaciones, evidentemente una institución cultural del Raval no es lo mismo que una institución cultural de Pedralbes, o una insititución cultural que esté en Helsinki o que esté en Pekín. Todo eso se nota, lo llevas contigo, lo transmites... pero precisamente para transmitir y para empapar estas cosas y hacer que lleguen al mundo, te tienes que situar en una mentalidad cosmopolita, no en una mentalidad «de lo mío», «de lo nuestro». Lo nuestro es la cultura universal y es allá donde tenemos que procurar estar y tener cosas a decir. B.Z.

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