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La victoria de Hollande corta la carrera política de Sarkozy y abre expectativas en la UE

El traspaso de poderes en el Elíseo ha dado lugar, en los primeros análisis, a muchas expectativas de cambio no solo en el Estado francés, sino también en el conjunto de la UE. François Hollande afirma que impulsará una «reorientación de Europa hacia el empleo, el futuro y el crecimiento».

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Dabid LAZKANOITURBURU

No hubo margen para las sorpresas. Mediada la tarde, y antes de que cerraran a las 18:00 horas la mayoría de los colegios electorales, los institutos de sondeos ya auguraban la victoria al candidato del PS, François Hollande y la salida del Palacio del Elíseo de Nicolas Sarkozy.

Escrutados los votos de la mayoría de los departamentos, Hollande lograba un 51,6%, tres escasos puntos más que Sarkozy, que rondaba un 48,4% de votos.

Hollande, el «político gris» por el que nadie apostaba hace meses, se convierte así en el segundo presidente socialdemócrata de la historia de la V República. Quién hubiera dicho que este hombre, que ha vivido siempre en la sombra del aparato del partido, iba a recoger la antorcha de François Miterrand, presidente entre 1981 y 1993.

Hollande llega a la Presidencia por una concatenación de factores en la que no faltan, como en la vida real, los imponderables. El escándalo sexual provocado por el favorito del PS, el ex director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, le abrió las puertas a las primarias. Y las ganó, representando al ala centrista del partido y sobre la candidata oficial, Martine Aubry.

Resulta igualmente paradójico que este político reformista y admirador de Jaques Delors esté siendo presentado como la esperanza en un giro a la izquierda de la política europea en estos tiempos de zozobra.

Porque no cabe duda de que el electorado francés ha hecho suya una tendencia inexorable en la política europea de los últimos tiempos. Con Sarkozy son ya doce los gobiernos destronados desde 2010. Y ese destino insoslayable no conoce de siglas ni de adscripciones políticas, a derecha o hacia la izquierda.

Y Sarkozy no ha sido la excepción. De nada le ha servido arrimarse a la canciller alemana, Angela Merkel, o hacer rimbombantes anuncios como aquel en el que prometió una «refundación del capitalismo» tras el estallido de la crisis global. Al contrario, la evidencia de que Francia iba a rebufo y bajo las órdenes de Berlín contribuyó a mermar la ya tocada popularidad del presidente.

Y es que no cabe olvidar que estas presidenciales han sido un plebiscito sobre la figura, histriónica y omnipresente, de un Sarkozy que ha batido todos los récords, en negativo, de un inquilino de El Elíseo.

Hace dos semanas se convirtió en el primer presidente candidato en perder la primera vuelta. Y ayer se convirtió en el primer máximo mandatario galo en no obtener un segundo mandato desde Valéry Giscard d´Estaing en 1981.

Sarkozy, quien sufre su mayor traspiés en más de 30 años de controvertida carrera política, reconoció la derrota ante sus desolados seguidores en la Plaza de la Concordia. «Francia tiene un nuevo presidente, ha sido una elección democrática, republicana y debe ser respetado», señaló entre silbidos y lamentos. Tras asumir «toda la responsabilidad por la derrota», Sarkozy anunció que se prepara para «volver a ser un francés entre los franceses», aunque no precisó si eso significa una retirada completa de la vida política, como adelantó en campaña.

Fuentes del Elíseo dieron cuenta de una reunión con responsables de su partido, la Unión por una Mayoría Presidencial (UMP), en la que Sarkozy les habría anunciado que no participará en la batalla por las legislativas de junio.

Si algo ha quedado claro es el fracaso de su estrategia electoral. Sarkozy pretendió repetir el éxito arrollador de 2007 lanzándose a la conquista del voto de la extrema derecha. Pero esta, en proceso de refundación bajo el liderazgo de Marine Le Pen, no tragó esta vez. En espera de análisis más reposados, todo apunta a que sus guiños xenófobos le han hurtado buena parte del voto del centro político.

Solo así se explica el triunfo, ajustado pero triunfo, de Hollande si tenemos en cuenta que las fuerzas situadas en el espectro que va del PS a la izquierda (incluidos los verdes) no sumaron más de un 44% en la primera vuelta de las presidenciales.

Desde la localidad de Tulle, de la que ha sido alcalde y en la que votó ayer, Hollande anunció que «los franceses han elegido el cambio» y reiteró que entre sus prioridades estará la de impulsar una «reorientación de Europa hacia el empleo, el futuro y el crecimiento (..) porque la austeridad no puede seguir siendo una fatalidad».

Su alocución, en la que no obvió referencias a la Grandeur francesa, fue seguida por miles de personas reunidas en la emblemática Plaza de La Bastilla. «Sarko, c'est fini! (Sarko, se acabó)» era el lema más coreado. Y que sin duda es el que más congrega a los que ayer votaron por el presidente Hollande.

Alemania

El gobierno alemán se comprometió a mantener una «estrecha colaboración» con el nuevo presidente francés y pronosticó que se encontrará una vía de compromiso entre la vía del pacto fiscal y la del crecimiento económico para conseguirlo.

LE PEN

La líder de la extrema derecha francesa (FN) Marine Le Pen, atribuyó a Sarkozy toda la responsabilidad de su fracaso electoral y le acusó de participar en la victoria de Hollande. En la misma línea, dio por finiquitada la UMP de cara a las legislativas.

Y ahora, la tercera vuelta de las presidenciales (las legislativas)

Las presidenciales francesas tendrán una tercera vuelta: las elecciones legislativas del 10 y el 17 de junio, concebidas en el sistema político francés para dar al presidente electo los medios para conducir sus reformas y que esta vez llegan con la presión de la extrema derecha y de la izquierda.

«Las elecciones legislativas serán una confirmación del campo ganado», pronostica el politólogo Frédéric Dabi (instituto Ifop) y, confirmada la victoria de Hollande, «hay grandes posibilidades de un fuerte giro a la izquierda».

A la derecha, tras los resultados, la crisis está servida torque al ala centrista del partido presidencial, la UMP, le ha sentado muy mal el giro de Sarkozy a la derecha extrema,

El Frente Nacional, que con Marine Le Pen a la cabeza cosechó el 17,9% de votos en la primera vuelta de las presdenciales, confía en aprovechar esas disensiones para lograr retornar al Parlamento tras 13 años de ausencia, primera etapa de la recomposición de la derecha bajo su égida. Su objetivo, presentarse como «la única y real oposición a la izquierda ultraliberal, taxista y libertaria».

En el otro polo, el Frente de Izquierda de Jean-Luc Mélenchon (11,7%), que se ha marcado como objetivo alcanzar de aquí a diez años el liderazgo de la izquierda, aspira a lograr el mayor número posible de diputados para presionar desde el exterior a un gobierno socialista en el que ya ha asegurado no participará.

El sistema electoral en vigor, mayoritario y uninominal a dos vueltas, es discriminatorio con los pequeños partidos, forzados a lograr alianzas con los más fuertes para obtener escaños. La obligación de obtener al menos el 12,5% del voto de los inscritos en la primera vuelta para seguir en liza se traduce las más de las veces en un duelo entre derecha e izquierda.

Previsores, los ecologistas firmaron en noviembre del año pasado un acuerdo con el PS que, pese al catastrófico resultado (2,3%) de su candidata, Eva Joly, les podría garantizar una veintena de diputados (actualmente tienen solo cuatro), lo que les permitiría constituir grupo parlamentario (al superar el mínimo de 5 escaños), con el consiguiente acicate económica e influencia en la toma de decisiones.

El PS y el Frente de Izquierda deberían ponerse de acuerdo en una candidatura única en primera vuelta en todas las circunscripciones donde existe el riesgo de victoria del FN. Mélenchon confía sin embargo en la implantación local del Partido Comunista, miembro de la alianza, y en la dinámica generada por su exitosa campaña electoral para lograr suficientes escaños para constituir grupo propio.

Los socialdemócratas esperan obtener ellos solos la mayoría absoluta, más confortable para gobernar.

En la derecha, los dirigentes de la UMP han rechazado categóricamente que vayan a negociar alianzas con el FN, sea cual sea el coste. Pero según Gaël Sliman, «si el resultado es muy ajustado el domingo (por ayer), la idea de una alianza UMP-FN volverá a emerger».

En caso de duelo PS/FN ren la segunda vuelta, Sarkozy ha adelantado que la UMP decidiría «caso por caso» entre la abstención o el voto en blanco, excluyendo de entrada el apoyo a un candidato socialdemócrata.

Por lo que toca al centrista François Bayrou, que anunció que ayer votaría a Hollande, espera que las legislativas le ayuden a superar el bache (9,13% de votos en primera vuelta presidencial) y le permitan dar nuevos pasos en su proyecto de remodelación del centro político, un objetivo no totalmente utópico en caso de hecatombe de la presidencial UMP. GARA

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