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Raimundo Fitero

Mayor de edad

Leticia Sabater no es feliz. No lo digo yo, lo dice ella en un vídeo que ha colgado en las redes con el objetivo de encontrar al hombre de su vida. Ella confiesa que tiene dinero y fama, pero le falta amor, por ello no es feliz. Es una de esas piezas de incalculable repercusión porque se encuentra entre lo creíble y lo risible. Su tono, el lenguaje empleado, muy rebajado de morbosidad, tiene la misma técnica que los anuncios de chats porno: ese «te espero a ti», que tanta capacidad de penetración se le otorga. Le da lo mismo si es guapo o feo, alto o bajo, gordo o flaco, rico o pobre, lo único que pide para el candidato soñado es que sea «mayor de edad». Y a continuación da su correo electrónico y su cuenta de Twitter. Todo ello en un escenario al borde de una piscina que dice es de su propia casa. Un chollo.

Esta petición de amor urgente, se cruza en los informativos con las imágenes de una tertulia electoral en una televisión griega de las que dejan el cuerpo marcado por la asquerosa realidad. El portavoz de un partido o movimiento llamado «Amanecer dorado», se lía a hostias y puñetazos con una candidata comunista. La secuencia es que otra tertuliana le dice que está incurso en proceso judicial por asalto a mano armada y ese político emergente le lanza un vaso de agua a la cara. La diputada comunista se lo reprocha y le espanta las moscas con unos papeles e inmediatamente la bestia parda empieza a darle puñetazos hasta que el realizador corta la emisión.

Es una de esas revelaciones de la crueldad, de la barbarie, de lo que está incubándose debajo de esta criminal crisis financiera, bancaria, política, que lleva a que aparezcan partidos de la más vulgar extrema derecha violenta, los nazis, fascistas, que no se ocultan. Los tenemos tapados, en la reserva, en los cuartelillos y cuarteles, en las sacristías, pero en Grecia, y otros lugares de Europa han salido a la calle, a provocar, a ejercer la violencia. Y tienen votos. Ahí está el problema. Paremos esta tendencia. Esperar a que crezcan estas larvas es una imprudencia. Se alimentan de la desesperación creada por la Prima y los Mercados. Y la inoperancia de los políticos de pega.

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