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Crónica | Celebración en Madrid

El día perfecto para que Rajoy imponga recortes y suba el IVA

Miles de personas colapsaron ayer el centro de Madrid durante el acto de celebración de la victoria de la selección española en la Eurocopa. Un mar de rojigualdas en el que ahogar, aunque fuese durante unas horas, que el Estado español es también campeón en paro, recortes sociales o desahucios. Aunque a la mayoría de los asistentes a Cibeles, estas menciones les sonaban incomprensibles.

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Alberto PRADILLA

«No sería raro que Mariano Rajoy aprovechase el día para subir el IVA, hoy que está el personal anestesiado. Sí, nos lo pasamos bien, pero seguimos con un `medicamentazo' o con el mayor nivel de paro». Mario, madrileño de 43 años, entona un «mea culpa» mientras que espera, junto al Banco de España, que la selección irrumpa a bordo de su autobús descapotable. Su amigo Alfredo, coetáneo, sigue la conversación sin pronunciar palabra. Hasta que se arranca. «Si gana Osasuna la liga y te doy una patada en los huevos, te seguiría doliendo, ¿verdad? Pues eso me pasa a mí con estas preguntas». Lo de interrogar acerca de la situación económica durante una jornada de exaltación colectiva es percibida por la mayoría como si escuchasen al aguafiestas de Pepito Grillo. No obstante, muchos lo reconocían: la jornada de ayer era perfecta para un nuevo hachazo. Nadie, al menos en Madrid, se hubiese dado mucha cuenta.

«Esto es una pequeña alegría. Luego ya nos encontraremos con la realidad». David, vallisoletano, llega desde su ciudad de origen arrastrando resaca. Hoy no ha tenido que madrugar, porque es uno de los seis millones de habitantes del Estado español que no tiene empleo. Enfundado en una bandera roji- gualda, trata de buscar hueco en una calle Alcalá todavía a medio gas (eran las 18.00 horas y todavía faltaban tres para que el autobús con los jugadores se asomase desde Gran Vía).

Merchandising perseguido

A esas horas, los que hacían su agosto eran los lateros y los vendedores de todo tipo de merchandising con el rojo y el amarillo: banderas, por supuesto, pero también vuvuzelas, bocinas, gafas o pulseras. Por cierto, que cerca de la plaza de Santa Ana, alejada del gentío, una brigada de la Policía Municipal de Madrid perseguía a varios subsaharianos que cargaban con sus fardos .

«España no necesita rescate, salimos adelante nosotros mismos, ¡somos los mejores!» Mientras un aficionado sin identificar vociferaba sus proclamas, en el escenario el humorista Carlos Latre, caracterizado como Rajoy, lanzaba desafíos a la canciller alemana, Angela Merkel. Esta fue una de las pocas referencias a la crisis económica que castiga al Estado español. El resto, quizás siguiendo el consejo del presidente, prefería ser «sensato» y «no decir cosas extrañas», que es como describió el propio jefe del Ejecutivo español a los integrantes de la selección.

En lo que el respetable no se ponía de acuerdo era a la hora de decidir si no hubiese sido mejor una victoria germana a cambio de menos ajustes impuestos por Berlín para salvar a los bancos. «Alemania es mejor en economía, pero los españoles en deportes, eso les jode más», decía Álvaro, estudiante de 22 años, ataviado con peluca rojigualda. Otro de sus compañeros, Pedro, iba más allá. «Merece más la pena ganar siete Roland Garros que tener un trabajo. ¡Esto es grande!»

una imprudente ikurriña

Claro, que la celebración iba de fútbol. O no. Los inevitables aunque muy minoritarios aguiluchos franquistas hacían acto de presencia en las inmediaciones del escenario, poco antes de que David Bisbal y David Bustamante interpretasen a Manolo Escobar y su previsible «Que viva España». Fue una suerte que no se cruzasen con una aficionada que, no a muchos metros de ahí, usaba una ikurriña como capa. La enseña nacional vasca no pasó desapercibida para un grupo de jóvenes que salió rápidamente a increparle. Solo retrocedieron cuando se dieron cuenta de que, en su cabeza, la chica lucía un enorme gorro con un banderón español.

Entre los insistentes «yo soy español, español, español» y las referencias testiculares a Sergio Ramos por su penalti estilo Panenka, miles de personas recibieron el autobús que transportó a los jugadores hasta el escenario de Cibeles. Allí, show «razonable» y «sin decir cosas raras», con una marea humana entregada. Hoy, el ibuprofeno de la resaca está más caro. Pero a poca gente le preocupaba eso ayer. A todo esto, Esperanza Aguirre, desde una ventana en Gran Vía, saludaba al personal. Y uno de los viandantes no podía reprimir un «poca esperanza tenemos».

 

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