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Análisis | Presentación oficial de Basagoiti como candidato del PP

Basagoiti arranca una campaña electoral contra sí mismo

Pese a haberse presentado ayer como el representante del 51% de la ciudadanía, Antonio Basagoiti afronta una campaña electoral difícil, donde debe batallar contra la evidencia de ser hoy por hoy la cuarta fuerza electoral, contra el efecto de los recortes y las mentiras del Gobierno de Rajoy, y contra los cuervos criados en el pasado.

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Iñaki IRIONDO

Pese a que nadie tenía ninguna duda, el PP decidió presentar ayer oficialmente a Antonio Basagoiti como su candidato a lehendakari. Y lo hizo como es el PP, un partido que pretende ser de masas pero que debe conformarse con llevar a sus propios cargos al salón de un hotel. Pocas veces se había evidenciado un aislamiento tan evidente. Mientras en el Congreso de los Diputados se aprobaban los hachazos del Gobierno Rajoy y la mayoría sindical vasca convocaba una huelga general, en el discurso de Basagoiti apenas había cuatro líneas para mostrar respeto y comprensión a quienes están enfadados con las prácticas del Ejecutivo español, pero para -en un ejercicio de fe- asegurar que «los recortes de hoy son la salida de la crisis de mañana».

La idea central que ayer quiso fijar el candidato Basagoiti fue la de que representa al «51% de los vascos que apuestan por una Euskadi moderna y sin divisiones». Según sus cálculos, ese es el porcentaje de quienes no son ni de la izquierda abertzale, ni del «PNV de doble filo y doble lenguaje» en la «deriva a la que lleva seguir la estela de la independencia que marcan ETA y Bildu», ni tampoco del PSE del Patxi López de los «desvaríos» y la «poca responsabilidad en momentos tan difíciles».

Frente a la contabilidad creativa de Basagoiti, la realidad de las elecciones celebradas a lo largo de 2011 demuestra que el PP fue la cuarta fuerza en la CAV, con el 18,02%, en los comicios a Cortes en los que en el Estado español logró la mayoría absoluta; y la cuarta también en las elecciones forales (14,65%) y en las municipales (13,83%). De las encuestas conocidas, ninguna vaticina que vaya a superar esa cuarta posición y, lo que es más significativo aún, Basagoiti es en todas ellas el candidato peor valorado de aquellos por los que se pregunta. Es decir, mucho tendrán que cambiar las cosas para que sus fantasías del 51%. o simplemente de ser lehendakari, se hagan realidad.

Porque en su contra juega no solo el hartazgo de la ciudadanía ante la crisis y los recortes que impone el PP, sino también ante la mentira del programa electoral con el que ganaron las elecciones y el «que se jodan» que demuestra lo que les importan los más desfavorecidos. Ayer Basagoiti quiso esquivar esta cuestión, que ahora está en el centro de las preocupaciones del electorado. Sin embargo, a buen seguro es consciente de que le perseguirá desde hoy hasta el indeterminado día en el que se celebren las elecciones autonómicas.

Tal vez ahora piense que no fue tan buena idea romper de la forma abrupta que lo hizo su acuerdo con Patxi López, dejando libre al Gobierno del PSE el flanco de presentarse abiertamente como la oposición a los recortes del PP, con un discurso en muchas ocasiones demagógico, pero también con medidas prácticas como la no aplicación del repago de las medicinas.

En cualquier caso, lo verdaderamente terrible para Basagoiti -y también para López- es que su batalla particular es por el tercer y cuarto puesto, lejos de los resultados que se prevén para el PNV y EH Bildu, y que dibujan un Parlamento autonómico en el que el unionismo resultará minoritario aunque sumara sus fuerzas de nuevo.

Antonio Basagoiti tendrá que luchar también contra el discurso de que el Gobierno español cede ante «el terrorismo» que con tanta alegría alimentó durante la pasada legislatura. Sectores de las «víctimas del terrorismo», a las que durante años se cebó con alucinantes teorías que veían conspiraciones tras cada esquina, se están revolviendo ahora contra las prácticas de Mariano Rajoy. Esta misma semana, la especialista en «cosa vasca» de «El Mundo» aseguraba que el PP ha asumido la hoja de ruta de Zapatero y afirmaba que «ellos ahora administran una herencia que han recibido, pero que tampoco hicieron demasiado por impedir».

Para más inri, hace pocos días se pudo comprobar cómo todo un icono, Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, mostraba su adhesión a UPyD y ayer mismo pedía el voto para Gorka Maneiro porque «es quien mejor puede trasladar al Parlamento Vasco las propuestas de Covite».

UPyD está fuera del reparto de escaños en todas las encuestas conocidas y en las elecciones celebradas en 2011 se quedó por debajo del mínimo del 3% en cada uno de los tres territorios de la CAV. Sin embargo, se ha convertido en una obsesión para el PP, quizá porque los votos que le arañe no sirvan al partido de Rosa Díez, pero puede hacer empeorar los resultados del de Antonio Basagoiti.

Llamativo fue que, esta misma semana, una nota de prensa de las que diariamente remite a pares UPyD desde el Parlamento conllevara una fulminante respuesta del PP, con ataque personal incluido. Se quejaba Maneiro de la poca actividad de la Cámara en julio, y le respondió de inmediato Antón Damborenea, tachándole de hipócrita por quejarse pero no haber ido más que a una reunión. El resto de grupos se limitó a no hacer caso a UPyD.

Una muestra más de nerviosismo del PP, que sabe que en estas elecciones su verdadero contrincante no es ninguno de los partidos mayoritarios, sino él mismo. Antonio Basagoiti, el candidato pop, pelea contra Rajoy y los fantasmas del pasado.

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