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Detención y criminalización de periodistas para silenciar el conflicto kurdo

Seguimientos, pinchazos telefónicos y citas a escondidas con las fuentes marcan el día a día de muchos periodistas de medios de comunicación opositores al Gobierno turco. La reciente apertura del proceso judicial contra 44 informadores de medios prokurdos a los que Turquía vincula con el PKK evidencia las dificultades para ejercer la libertad de expresión y prensa.

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David MESEGUER
Diyarbakir

Tres fugaces miradas hacia atrás antes de doblar la esquina delatan el nerviosismo y preocupación con la que Erdogan Altan, reportero del periódico kurdo «Azadiya Welat» en Diyarbakir, sale cada día a la calle. Los constantes seguimientos a los que le somete la Policía turca no solo suponen un problema para él, también pueden perjudicar a las fuentes y entrevistados con los que se reúne. Su destino es un diminuto bar de la capital histórica de Kurdistán Norte escondido entre bloques de edificios donde ha citado a GARA para explicar la presión a la que están sometidos los periodistas de medios opositores y kurdos en Turquía.

«Hace dos años, cuando trabajaba en la televisión kurda Roj TV, informamos en un noticiero sobre una operación del Ejército turco contra posiciones de la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Días después, la Policía se presentó a las 3 de la madrugada en mi casa y me detuvieron», recuerda el reportero kurdo.

El tribunal lo acusa de «colaboración con organización terrorista» al defender que «la información emitida sirvió para alertar a la guerrilla del ataque». El reportero aún muestra su incredulidad ante los cargos que se le imputan ya que los principales medios turcos también informaron de la operación militar.

Altan pasó un año entre rejas en la cárcel de Batman y ahora está en libertad provisional a la espera de que se celebre el juicio. Roj TV, próxima ideológicamente al PKK y con sede en Dinamarca, ahora emite vía satélite bajo el nombre de Nuce TV después de que los tribunales daneses prohibiesen su emisión al recibir fuertes presiones de Ankara a través de la Unión Europea.

Silenciar el conflicto kurdo

Según datos facilitados por Reporteros Sin Fronteras (RFS), el número de periodistas detenidos en Turquía asciende a 92, la mayoría de ellos kurdos que trabajan en los periódicos «Gündem» y «Azadiya Welat» y la agencia de noticas DIHA.

Para Erdem Turkozu, miembro de la organización de derechos humanos IHD en Ankara, «la detención y criminalización de periodistas acusados de trabajar a las órdenes del KCK, la trama urbana del PKK, tiene como objetivo acallar a la comunidad kurda y silenciar el conflicto kurdo». En este mismo sentido se ha pronunciado el diputado del prokurdo Partido Paz y Democracia (BDP) Ertugrul Kurkçu, al afirmar que «se trata de un juicio político para romper la espina dorsal de la lucha política kurda y atenta contra la libertad de expresión».

Abdurrahman Gök, periodista, editor y responsable de la agencia DIHA en Diyarbakir, señala que «en los años 90 muchos periodistas fueron asesinados en las calles turcas y ahora, después de las reformas en el código penal, en vez de asesinarlos se cierran medios y se encarcela a los profesionales de la información».

El reportero kurdo destaca que «los periodistas de medios turcos opositores con una línea editorial contraria a la ideología del gubernamental Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP) también están sometidos a la presión y censura del Gobierno». Gök explica que «en los últimos meses ciertos periodistas de relevancia han querido entrevistar a Bashar al-Assad pero Ankara les ha prohibido viajar porque no procede hacer llegar las ideas del rais a la sociedad turca».

Uno de los principales problemas que afrontan los periodistas inmersos en procesos judiciales es el secreto profesional, puesto que los jueces presionan a los informadores para que revelen las fuentes.

«En las últimas operaciones, la Policía se incautó de todos los archivos de DIHA, cerca de 60.000 páginas con fuentes, teléfonos, mails... Y aunque estos documentos sean secreto del sumario, el juez acaba facilitando las fuentes a la prensa turca», expone GöK. El reportero de la agencia kurda remarca que este hecho «supone un problema para que la fuente siga facilitando información porque son conscientes de que pueden ser arrestados por la Policía».

Erdogan Altan señala que «dependiendo del tema no podemos hablar por teléfono o utilizar el mail ya que están pinchados y eso nos hace llegar tarde a la noticia en comparación con otros medios». El periodista de «Azadiya Welat» remarca que la imposibilidad de utilizar la tecnología les ha hecho «volver a los orígenes del periodismo y hablar cara a cara con las fuentes porque es el único modo de obtener información».

En plena escalada de los combates entre el Ejército turco y el PKK, medios como la agencia DIHA tienen la importante misión de mostrar los efectos de la guerra en Kurdistán no cubiertos por la prensa nacional turca. Abdurrahman Gök recuerda que «la masacre de Roboski fue silenciada por la prensa turca durante casi 20 horas y todas las informaciones, entrevistas, fotografías y vídeos fueron tomados por DIHA».

Gök también recuerda que el caso del abuso a menores en la cárcel de Pozanti fue destapado por reporteros de su agencia y denuncia que ahora están «pagando esa factura». El responsable de DIHA en Diyarbakir señala que «el joven reportero que cubrió el caso tan solo llevaba dos meses trabajando en la agencia y fue enviado a prisión acusado de ser miembro de KCK».

«A pesar de la presión, nunca van a detenernos ni hacernos cambiar. En los 90, muchos periodistas dieron su vida por contar la verdad y nunca vamos a abandonar a nuestros compañeros mártires», sentencia Abdurrahman Gök.

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