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La sociedad civil debe tener su lugar en el proceso de paz

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Alberto Franco
Comisión Intereclesial Justicia y Paz en Colombia

Alberto Franco es secretario ejecutivo de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz, una organización de derechos humanos que tiene como marco la legislación internacional y que forma parte, junto a otras asociaciones, de la iniciativa Colombianas y Colombianos por la paz.

Garazi MUGERTZA |

Alberto Franco ha visitado Euskal Herria en su pequeña gira por varios países de Europa para informar sobre el acuerdo de negociación entre las FARC y el presidente Juan Manuel Santos.

¿Cómo valora la situación previa al inicio de las conversaciones de paz?

Lo primero es que para esto veníamos trabajando hace tiempo. Hay un consenso en la sociedad, en el Ejército del Estado y también en la insurgencia y en los sectores de izquierdas de que la solución no es militar, sino negociada. Por lo tanto, el primer elemento es positivo. Positivo es también que haya un respaldo en un amplio sector de la ciudadanía a las negociaciones y positivo es que se esté planteando un final negociado del conflicto y abordando una serie de temas considerados vitales en Colombia, ya que encara de alguna manera las causas objetivas del conflicto. El conflicto tiene unas causas sociales y no es cierto es que la guerrilla no tenga objetivos sociales.

También tenemos preocupaciones. La primera es cómo va a participar la sociedad civil y cómo van a participar las víctimas de la violencia del Estado en este proceso. La otra inquietud es cómo se abordarán temas que consideramos fundamentales como la cuestión de la verdad: quiénes fueron los responsables de los crímenes de Estado, quiénes son los beneficiarios de la estrategia del paramilitarismo, cuáles son los grupos económicos que financiaron el paramilitarismo, que se lucraron con él e hicieron grandes ganancias. Estas son algunas de las cuestiones que deben estar sobre la mesa y hay una serie de víctimas y organizaciones de víctimas que deberían poder decir una palabra. Este es un elemento muy importante.

Habría que plantear, además, el tema de la impunidad. Hay un marco jurídico para la paz, que es muy importante, pero se corre el riesgo, por una serie de normas dentro de ese marco, que sea utilizado para favorecer a los militares y paramilitares. Eso supone que se aproveche un marco de negociación para la paz con la insurgencia para beneficiar a militares, paramilitares, parapolíticos, grupos económicos... Creemos que la paz no debe darse solo con acuerdos entre las guerrillas y el Estado y los grupos económicos que han controlado el país, sino que debería participar también una sociedad civil que durante años ha sido marginada.

¿Por qué cree que se ha conseguido un principio de acuerdo precisamente ahora? ¿Qué lo diferencia de los anteriores intentos de negociación?

Un análisis que hacen muchas personas desde que llegó el presidente Juan Manuel Santos al poder es que el capital necesita la paz. Eso significa que en la propuesta económica de Santos está el tema de la industria extractiva, la locomotora minera: minería, petróleo, biodiversidad, agua... que está en las zonas marginales, que es donde están las comunidades indígenas y los campesinos, pero también en las zonas de incidencia de la guerrilla. Colocar una explotación en una zona en la que está la guerrilla supone un coste y un desgaste. La gente que está invirtiendo en sus negocios instalados en Colombia asegura que invierte más tranquila si hay paz.

Por otro lado, la historia nos está mostrando que muy pocos conflictos se resuelven con la victoria de uno sobre otro. Colombia ha tenido una inversión militar muy alta. La guerrilla ha sufrido muchos golpes, sin embargo no han acabado con ella. Como anécdota, decían algunos datos que en el último año de Álvaro Uribe hubo más policías y militares muertos por la guerrilla que en el primero. Digan lo que digan, el hecho real es que sigue teniendo capacidad, por lo que no hay posibilidad de acabar con ella. Y la conciencia de que no hay posibilidad de acabar con ella es muy amplia. El otro elemento es precisamente esa conciencia de que ningún conflicto se gana militarmente y la conciencia de todos de que Colombia no es la excepción.

También están las experiencias del pasado que muestran los errores cometidos, por lo que sentarse ahora con una mirada más realista puede ser interesante. Y, por supuesto, el trabajo de la sociedad civil que ha sido fundamental, especialmente el de Colombianos y Colombianas por la Paz, porque comenzó un diálogo con las FARC que permitió la liberación de los secuestrados y desmanteló el discurso del Gobierno que negaba una vía de negociaciones si la guerrilla no mostraba voluntad.

Además, al igual que el abuelo de Santos pasó a la historia como el presidente social, el nieto quiere pasar como el presidente de la paz. Todos estos elementos sumados originan un ambiente diferente.

¿Qué le parece la política de Santos de seguir mientras tanto con las operaciones militares contra las FARC?

A nuestro modo de ver, el Gobierno de Santos con su prosperidad económica es la continuidad de los de Andrés Pastrana con su plan Colombia y de Uribe con su seguridad democrática, es el mismo proyecto económico pero con distintos mati- ces, este es un elemento. El otro es que la decisión que toman es negociar en medio del conflicto. La suspensión de las hostilidades o el cese bilateral del fuego va a ser parte de la negociación. Eso tiene un riesgo de crear falta de confianza, de afectar a las negociaciones y de que los enemigos de la paz tengan posibilidad de actuar para afectar negativamente al proceso de paz, como han hecho anteriormente.

Vemos valioso que se decida iniciar una negociación en ese contexto, pero es un riesgo que puede ser costoso. De hecho, hay una declaración de un grupo de comunidades que plantean que el primer punto para las negociaciones es el cese bilateral del fuego, porque las comunidades están en medio . Es una opción respetable pero con elementos de riesgo.

A medida que se vayan consiguiendo acuerdos se llegará al punto del desarme y se supone que en ese camino uno de los temas que tendrán que acordar es el de cese bilateral de hostilidades, ya que llegará un momento en que las muertes de unos y de otros no serán compatibles con las negociaciones. Santos ya dijo que si la guerrilla hace acciones tendrán que aceptar que están negociando en medio del conflicto.

¿Cuál será el papel de la sociedad durante las negociaciones?

En la mesa en este momento están los portavoces de la guerrilla y desde el Estado, personas que representan a la Policía, al Ejército, a los empresarios, a la clase política tradicional y dos personas cercanas a Santos. La pregunta es, ¿cómo participan en este escenario las organizaciones sociales, los sindicatos, y sobre todo las víctimas?

Nosotros creemos que deben habilitarse formas para una participación real, para poder discutir y llegar a acuerdos. Se deben habilitar mecanismos para quienes han construido y trabajado por la paz de una forma real y concreta. Por lo tanto, debe haber un espacio concreto para que se puede decir con qué se está o no de acuerdo y tender lazos con la sociedad.

¿Qué le parecen los puntos a debatir acordados para las negociaciones?

Los puntos que hay son importantes, porque hablan del tema agrario, tema de participación política, de las víctimas... Pero me parece que hay asuntos importantes que es necesario trabajar, como el tema de la verdad, el tema de las condiciones políticas, que aunque se tratará en las negociaciones se precisa trabajarlo más, el tema de cómo valorara la mesa las propuestas de las víctimas y las construcciones que están haciendo las comunidades y el tema de la parapolítica y la paraeconomía.

También hay un punto fundamental que es la comunicación. Uno de los problemas que tenemos en Colombia es que todos los grandes medios de comunicación están en poder de los grupos económicos que se han beneficiado durante todos estos años del conflicto. Para nosotros, es importante que las comunidades puedan comunicar, las víctimas puedan comunicar y que la visión que salga no sea la visión unidireccional de un grupo económico y se genere la posibilidad de que haya una real discusión de fondo. Es decir, que las guerrillas tengan derecho a hablar, pero que también al Estado se le puede cuestionar.

¿Qué incidencia pueden tener las declaraciones de Uribe en contra del proceso?

Hay que tener en cuenta que la sociedad colombiana, desde hace muchos años, está acostumbrada a una única visión de lo que es la paz basada en el interés para cierto grupo, por lo que es una sociedad que tiene una visión muy recortada, la visión que les han transmitido los medios de comunicación, y desde los años 80, cuando la guerrilla tuvo una aceptación política suficientemente amplia, se empezó una trabajo mediático muy fuerte para aislar a la guerrilla.

Con una sociedad que tiene esa visión llega Uribe a la Presidencia planteando una campaña contra las FARC. Uribe representa a un sector de la sociedad de derecha y criminal -no es un secreto que está vinculado al narcotráfico- y fue un gran impulsor del paramilitarismo, aunque naciera mucho antes de ser el presidente. Lo rodea una extrema derecha militar, por lo que puede tener incidencia en el proceso, ya que hay un sector de opinión militar que está ahí, pero la pregunta es hasta dónde Santos se desmarca de Uribe.

Uribe ha considerado las negociaciones como una ofensa personal, lo que puede suponer la ruptura definitiva entre ambos, pero no sabemos hasta dónde, porque a nivel legislativo y a nivel de varias instancias del Estado la sensación es que el uribismo se está fortaleciendo. Lo que tendría unos efectos complicados para el futuro. Uribe como persona puede caer, la cuestión es hasta dónde el uribismo está controlado, porque el problema no es Uribe, es el uribismo, que es un pensamiento de derechas que usa recursos militares y que es lo que ha generado tanta sangre en el país.

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«La historia nos ha mostrado que los conflictos no se resuelven con la victoria de uno sobre otro»

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«Vemos valioso que se decida iniciar unas negociaciones en medio del conflicto, pero es un riesgo que puede ser costoso»

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«El problema no es Uribe, es el uribismo, un pensamiento de derechas que usa recursos militares y ha generado tanta sangre en el país»

Amaiur recibe a Colombianas y Colombianos por la Paz

El senador de Amaiur, Urko Aiartza, ha mantenido estos días una reunión en Madrid con una representación de Colombianas y Colombianos por la Paz, con el objetivo de analizar el nuevo escenario abierto en Colombia tras el anuncio del Gobierno colombiano y las FARC del inicio de conversaciones de paz. En dicha reunión también se analizó la disposición mostrada por el ELN de incorporarse al diálogo.

Amaiur valora de manera positiva la voluntad mostrada por el Gobierno de Bogotá, así como por las FARC, de encarar el conflicto colombiano por medio del reconocimiento de las partes beligerantes y el diálogo y la negociación como instrumentos para la resolución del conflicto. «La experiencia internacional demuestra que esa es la única vía de resolverlo. Por ello, Amaiur anima a las partes a valerse de dicha experiencia para poder hacer frente al conjunto de dificultades que puedan crearse durante el desarrollo del proceso de paz».

A su vez, destaca «el apoyo mostrado por el Gobierno español. Posición que saludamos y que debería llevarle a una profunda reflexión respecto a actitudes propias»

Asimismo, saluda el trabajo de convergencia y unión que desde sectores políticos y sociales se ha desarrollado en Colombia y desea que al final del proceso sean las clases populares y la mayoría social las que alcancen el empoderamiento necesario para conseguir una «paz justa y duradera».

«Creemos necesario reforzar el apoyo al proceso de paz de Colombia y estamos convencidos de que los lazos históricos, políticos, sociales y económicos que comparten Euskal Herria y Colombia permitirán que la sociedad vasca en su conjunto apoye» a ese país. GARA

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