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60 DONOSTIA ZINEMALDIA

«Estoy ansioso por saber qué piensa Ferran Adrià de mi película»

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Daniel Cohen

Director de «El Chef»

Protagonizada por Jean Reno y Michaël Youn, la comedia «El Chef» inaugura la segunda entrega de la sección Culinary Zinema: Cine y Gastronomía, la ya exitosa sección paralela que involucra a los propios cocineros: cada uno de ellos confecciona un menú relacionado con la película que será proyectada ese día. El «menú» de «El chef» se ofrecerá en el Basque Culinary Center.

Janina Pérez Arias | PARÍS

Para Daniel Cohen es «mágico hacer reír a la gente», y aunque asegure que no exista una fórmula para arrancarle carcajadas a la audiencia, algún que otro truco debe tener, teniendo en cuenta que precisamente durante sus años de estudiante de interpretación ya tenía muy claro que quería ser director y escritor de comedias. «Comme un Chef» (título original) es su tercera película, resultado de ese paulatino proceso durante el cual se fue quitando su traje de actor, para engalanarse con la a veces poco cómoda indumentaria del realizador. De fogones, egos y ambiciones profesionales, del contrapunteo entre la cocina tradicional y la molecular, va la historia protagonizada por dos colosos de la comedia francesa, Jean Reno (como Alexandre Legarde) y Michaël Youn (en el rol de Jacky Bonnot). En París, en uno de esos hoteles de muchas estrellas donde la cocina es cuestión de honor, Daniel Cohen, un tipo de risa fácil a quien le gusta cocinar guiado por recetas, revela pues uno de sus trucos para generar sonrisas, uno que por simple podría pasar inadvertido: «Hay que ser buen público», revela, «y, si al escribir, me río, pienso que puede funcionar».

A Jean Reno lo «enseriaron», se metió al cine de acción, hasta en dramas, ¿cómo hizo para que volviera a la comedia?

(Sonríe) Para mí era evidente que el papel de Alexandre Lagarde era para él. Jean es conocido en el mundo entero, y para el personaje era también importante que fuera un actor tan popular como él. Jean quería volver a la comedia, y también trabajar con Michael Youn, así que me sentí muy contento de que aceptara.

Se puede imaginar las dificultades de hacer una película con dos comediantes de tan alto nivel. ¿Fue difícil mantenerlos «controlados»?

(Risas) Trabajamos mucho en mesa, nos veíamos los fines de semana, hablábamos de las diferentes secuencias que rodaríamos en la semana, y nos poníamos de acuerdo acerca de cómo sacarla adelante, de cómo se rodaría. Entonces, fue una colaboración, y por eso salió con mucha naturalidad. No tuve necesidad de poner límites, solamente nos pusimos de acuerdo en cuanto a qué película estábamos rodando.

La gastronomía ha tenido un boom mediático en los últimos tiempos. ¿De dónde surgió la idea de tomarla como tema para una comedia?

Cuando empecé a escribir el guión de esta película, en Francia todavía no estaban de moda los programas de cocina en la televisión, y en el cine desde hacía 35 años no se había hecho ninguna película con ese tema. Tengo la impresión de que diferentes escándalos en el sector alimenticio, como el de las vacas locas, puso el foco de atención en el hecho de que aquello que nos daban de comer era algo extraño, peligroso... Y de repente se convirtió en una moda que algunos grandes cocineros empezaran a dar su opinión sobre los alimentos, lo cual estaba relacionado con la inquietud que se había desencadenado en cuanto a lo que comemos.

Con la proliferación de programas de televisión, canales televisivos especializados y tantos cocineros-celebridades, ¿cree usted que estamos exagerando un poco?

El éxito siempre resulta exagerado. Cuando los comerciantes de la televisión se dan cuenta de que hay algo que le gusta a la gente, entonces eso es lo que ofrecen a manos llenas. Esto pasa en todos los campos, y cuando se llega a convertir en una moda, se va a los extremos. Es un movimiento natural. Sin embargo, lo que es interesante es que se le está enseñando a la gente a no comer cualquier cosa, eso me parece bien.

¿Es peligroso endiosar a un chef?

En general, cuando se posee un talento, hay algo de mágico que se le supone. La otra vez leí una historia de un domesticador de osos en la Edad Media, pero la gente lo mató creyendo que era un brujo. Para mí es algo semejante: cuando uno tiene un talento extraordinario, hay algo de sobrenatural y, como estamos en la era de los medios de comunicación, se convierten en una especie de dioses.

Un aspecto de Alexandre Lagarde, el personaje de Jean Reno, es el cocinero convertido en un producto comercial. ¿Se inspiró en alguien en especial?

Me inspiré en varios cocineros franceses. Hay algunos que se han convertido en verdaderos hombres de negocios, hasta el punto que ya ni entran en la cocina o que hacen todo congelado, como existen otros que se dedican a firmar los libros que publican. Así que tomé diferentes elementos para construir ese personaje.

La película hace reflexionar también en la «pérdida de la pureza» del oficio de cocinero...

Efectivamente en esta historia se incluye esa pérdida. Para mí la idea de partida era la de un aficionado que quiere ser profesional, y de un profesional que quiere volver a ser un amateur, que quiere recuperar el gusto de hacer las cosas. Ese joven talentoso que sueña con convertirse en un gran chef, en una celebridad, se encuentra con alguien que ya ha conocido todo eso, alguien que tiene más de treinta años de carrera, que está en la cumbre y que ha olvidado el placer que sentía al principio, el cual era cocinar, darle de comer a la gente.

Aunque se plantea de forma muy divertida, también se toca la rivalidad entre la cocina molecular y la tradicional. ¿Se planteó ese aspecto desde el principio?

Personalmente de la cocina molecular pienso cosas buenas, pero en la película es un elemento afortunado para la comedia: es muy divertido aquello de probar químicos y colores, frente a un gran cocinero tradicional que solamente sueña con pollos bien gorditos (risas). Entonces, me parecía que había un buen elemento de comicidad al obligarlo a probar y a preparar todas esas cosas de la cocina molecular. También me pareció chistoso el hecho de confrontar a un cocinero francés con la nueva cocina española e inglesa, las cuales en este momento están muy bien situadas en las grandes guías gastronómicas; y este es un hecho que está poniendo muy nerviosos a los cocineros franceses.

La realidad de la alta cocina tiene poco de cómica. Ha habido suicidios por perder una estrella Michelin o casos de sabotaje con intoxicación de comensales...

Estuve al corriente de estos acontecimientos, y efectivamente la presión que supone perder una estrella Michelin es muy fuerte. Los cocineros están realmente obsesionados con eso... Incluí algo de esa presión en el personaje de Jean Reno. Escuché también que la cocina molecular, al no hacerse bien, podría enfermar a la gente, por eso hay algo de eso en la película, como también introduje un poco de Heston Blumenthal [cocinero estrella, dueño de The fat duck, donde se registraron los casos por intoxicación].

A propósito de la cocina molecular, ¿qué cree usted que pensaría Ferran Adrià de su película?

Espero que Adrià pueda verla, pero en todo caso a algunos chefs franceses que la vieron les gustó mucho. Les parece que este filme habla honestamente de su trabajo. Así que estoy ansioso e impaciente por saber qué piensa Adrià.

¿Qué le gusta comer a usted? ¿Cuál es su restaurante preferido? ¿Usted cocina?

¡Sí que cocino! (risas) pero no a nivel de alta gastronomía; preparo algunas cosas un poco de memoria, pero con recetarios es mejor. Como soy de origen tunecino, sé hacer varias especialidades de ese país, aunque hay muchos platillos de la cocina tradicional francesa que me encantan, como el puchero. Me gusta mucho ir a buenos restaurantes, y en general disfruto de la buena comida, pero prefiero los platos sencillos, no aquellos que son muy sofisticados.

 
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