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Fede de los RŪos

O nosotros o el caos

 

Fuera de España y de Europa están condenados a la nada», sentenció ayer el prócer de la derecha española en el Botxo, y el eco devolvió su reverberación: ...aña ...opa ...ada. Ahí es nada, queridos, lo que nos dice el Mariano: O se es español y europeo, o no se Es, es decir, se es Nada. El dilema shakesperiano estaba incompleto: to be spanish or not to be; ya no es necesario devanarse más los sesos por las innumerables páginas que componen el ensayo de ontología fenomenológica del bueno de Jean Paul Sartre, El Ser y la Nada. El líder lo ha condensado en una escueta frase. Es lo bueno de los líderes, su capacidad para condensar toda la complejidad de la vida en una sola consigna con la que guiar al pueblo. Lo había adelantado José Antonio Primo de Rivera, España como «unidad de destino en lo universal» y nada más universal que el Ser; por lo cual, cuanto más particular, tanto más Nada.

Cuentan con ventaja los de la derecha española pues su inconsciente colectivo, casi genético, ha sido educado en la cosmovisión del fundador de Falange Española (FAES).

«Apartarse de la Constitución y el Estatuto es apartarse de la prosperidad del bienestar y del empleo», continuó diciendo a los que, desde Madrid en autobús, se acercaron hasta el Teatro Campos de Bilbo para oírle ¡Acabáramos! Es el desapego a la Constitución española y a los estatutos de autonomía lo que aboca a una importante parte de la población a la decadencia del malestar y al paro. Esto explica los esfuerzos de los miembros del Gobierno español dirigidos en una misma dirección.

El viernes, el director general de la Benemérita, según dicen guerrillero de Cristo Rey en sus años mozos, advirtió que España es un «todo indisoluble» al tiempo que remarcaba el carácter militar del cuerpo que dirige. Pocos días antes, José Ignacio Wert, al que gusta españolear, arengaba en el Congreso español sobre la necesidad de españolizar a las niñas y niños catalanes. Tribunal Supremo y Tribunal Constitucional españoles, como no podía ser de otro modo, lucen peineta.

La Conferencia Episcopal Española aportó su granito de arena defendiendo la unidad de España. España es un bien en sí mismo. Por tanto, quien la debilite estará promoviendo el Mal. A la españolización de los impúberes debe unirse una católica evangelización. Uniendo así, su salvación celestial a la terrenal.

Nadie como la fundación FAES presidida por José María Aznar, devoto joseantoniano, para analizar los problemas de la realidad española y sintetizar la solución a seguir. En su editorial del viernes acusa a los independentistas de irresponsabilidad en la arcadia feliz en la que habitamos: «Nación española es redención de los humildes, es libertad sin acepción de rangos ni estirpes, es igualdad y es fraternidad (...). La España constitucional es, ante todo, un hecho moral, el compromiso con un bien colectivo». Lo decía su admirado Cánovas del Castillo ante la dificultad de definir la nacionalidad española mientras redactaba la Constitución de 1876: «Son españoles los que no pueden ser otra cosa». Poco después Angiolillo le echó una mano.

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