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CRíTICA: «Chaika»

Perdidos en los confines de la antigua Unión Soviética

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Mikel INSAUSTI

La voz en off del marinero en tierra repite como un mantra de reafirmación existencial: «Nosotros somos kazajos... nómadas... los hombres libres. Nosotros somos la linde... la estepa... la llanura del mundo... y su final». Su compañera de viaje, por su parte, se inspira en la figura de Valentina Tereshkova, la primera mujer cosmonauta que fue lanzada al espacio. Son pensamientos y sueños que se pierden en inmensos paisajes sin dueño, en un mundo que se transforma constantemente sin tiempo material para que la vida arraigue en él, y así el hijo ya adulto sufre la desubicación heredada de su madre y del marinero errantes.

«Chaika» es una historia de náufragos contada por un cineasta al que también le gusta ir a la deriva, dejarse llevar por las sensaciones extremas de una naturaleza inhóspita en los lugares más reconditos. Ser cronista de viajes, y más aún de los que no llevan guía o GPS, se suele convertir en una labor ingrata. Porque en estos casos la verdad se esconde en el «cómo se rodó» y no en el montaje final expuesto al público.

Como espectador, las imágenes salvajes de «Chaika» no consiguen transportarme a su origen y razón de ser, por resultar demasiado distantes. Tampoco el relato de supervivencia llega con la fuerza que debería, dada la frialdad expositiva y la falta de implicación en las motivaciones de los personajes. Los silencios, suficientemente expresivos por si mismos, son traicionados por la narración de viva voz, que parece dispuesta en la película para llegar en forma de resumen del mensaje vital allí donde las acciones de los protagonistas no terminan de trascender.

«Chaika» es el tipo de creación cinematográfica pensada para su exhibición en festivales internacionales, donde la crítica siempre la va a valorar en tan preciso contexto. Pero la distribución comercial ya es otro cantar, y para una sesión normal se hace demasiado larga. El último tercio del metraje cuesta de encajar, por lo que tiene de epílogo redundante, que no deja avanzar la historia hacia su desenlace. Uno sale del cine tan desorientado como la propia Ahysa, desvanecida en medio de la estepa infinita.

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