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Floren Aoiz | www.elomendia.com

Mejor no heredar enemigos

Dando la vuelta al conocido ejemplo del dedo que señala la luna, la trampa estaba en fijar la atención en lo señalado, los satanizados hermanos musulmanes, en lugar de interrogarse sobre la sangre que manaba del dedo acusador

Para todo sistema autoritario es muy importante modelar un enemigo terrible capaz de aterrorizar a una parte importante de la población y justificar así la suspensión de libertades y derechos, que suele ser definida como coyuntural, aunque en realidad se convierta en permanente y estructural.

Desde el antisemitismo hasta la satanización del comunismo, pasando por las mil formas de la criminalización de toda forma de protesta, esta es una práctica habitual en regímenes que de otra manera serían incapaces de generar adhesión social. Así, la agenda de los gobernantes puede llevarse adelante como una especie de terapia de choque y se justifica la violación de todo tipo de derechos por parte del estado. Basta escuchar las declaraciones de los responsables y ejecutores de los grandes crímenes en Chile o Argentina para advertir esa estrategia de legitimación: no querían hacer algo así pero se vieron obligados ante un enemigo terrible que iba a acabar con todo.

En los casos en los que determinados grupos han sido capaces de modular un enemigo a la medida de sus intereses, cualquier cambio social radical pasa por cuestionar con éxito esa maniobra de satanización. De no hacerlo, lo más probable es que la visión de los dominantes termine por imponerse mediante el caballo de Troya de la asunción de ese enemigo.

Asombra a estas alturas de la historia que grupos de izquierda o que en todo caso pretenden un cambio radical hayan sido incapaces de comprender que las características concretas del que es modulado como enemigo son secundarias frente a la operación de suspensión de libertades y derechos que se quiere justificar con esa satanización.

El aplauso al golpe de estado egipcio por parte de grupos supuestamente revolucionarios o en todo caso de vocación democratizadora ilustra esta miopía, por desgracia tan habitual en la historia de la izquierda. Dando la vuelta al conocido ejemplo del dedo que señala la luna, en este caso, precisamente, la trampa estaba en fijar la atención en lo señalado, los satanizados hermanos musulmanes, en lugar de interrogarse sobre la sangre que manaba del dedo acusador, el ejército y sus aliados.

A la luz de la evolución del conflicto en torno a Siria va percibiéndose mejor la envergadura de la inmensa trampa egipcia. Gracias a miopías, frivolidades y sectarismos, algunos han contribuido a que los viejos poderes se blinden mediante la remodulación del viejo enemigo. Y todavía hay quien enlodado en un maniqueísmo intelectualmente indigente pretende que realizar estas reflexiones es defender a los Hermanos Musulmanes.

Analizar un conflicto no quiere decir poner dos etiquetas, bueno (revolucionario, democrático, popular, antiimperialista, solidario...) y malo (lo contrario, por resumir). Con este esquema primario es fácil escribir estupideces como algunas que es habitual leer sobre Siria, por ejemplo.

En Euskal Herria algo sabemos de esto, porque hemos sufrido las consecuencias de la miopía, por no decir algo peor, de una buena parte de la izquierda española.

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