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Crónica | San fermin Txikito

San Fermin Txikito arranca con su Auzogune pese a las trabas municipales

Vecinas y vecinos de Alde Zaharra se volcaron a la hora de dar inicio a las fiestas unas fiestas de San Fermin Txikito que nadie entiende sin la participación popular. El Auzogune se montó en Caballo Blanco y el programa popular salió adelante pese a las prohibiciones llegadas desde el Gobierno municipal de UPN.

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Aitor AGIRREZABAL

Las fiestas comenzaban al mediodía, pero el reto de dar al barrio unas fiestas donde participe activamente y de modo popular estaba fijado a las 17.30. Para entonces se había realizado una convocatoria abierta a todo el mundo con el objetivo de montar el recinto en auzolan. Y el barrio se puso manos a la obra. Decenas de vecinas y vecinos -de Alde Zaharra y de otros puntos de Iruñerria- llegaron para ayudar y dar apoyo a las fiestas populares. Jóvenes, mayores y pequeños. Todos aportaron algo. Y en pocos minutos el Auzogune estaba montado.

Como se esperaba, los impedimentos del Ayuntamiento no quedaron en las prohibiciones previas. Los agentes de la Policía Municipal hicieron acto de presencia en el recinto festivo y se dirigieron a varias personas que se encontraban allí trabajando bajo la premisa de que ellos solo cumplían con su deber. Buscaban identificar a un responsable del montaje. Obtuvieron una clara respuesta al unísono: «Esto es una iniciativa popular. Hay cosas que funcionan sin un responsable determinado».

Los agentes trataron de encontrar a alguien a quien responsabilizar del montaje y, tras la negativa de los cientos de vecinos que allí se agolparon, no se conformaron con irse sin rellenar el acta: tomaron las matrículas de las furgonetas que descargaban el material. «Solo querían encontrar una persona a la que multar», asumían desde la comisión de fiestas.

A las doce en punto

Las malas costumbres se van adquiriendo con la edad y las fiestas de Alde Zaharra de Iruñea todavía no han llegado a ese punto. Así, a diferencia de sus hermanas mayores de julio, las de San Fermin Txikito arrancaron con puntualidad. A las doce del mediodía, sin un minuto de retraso, los cohetes anunciaron que las fiestas más populares de la capital navarra habían comenzado. Este año, el txupinazo corrió a cargo de la comparsa txiki.

Las calles se vistieron como en las mejores citas. El ambiente invitaba a ello y la gente respondió. El Auzogune sirvió para descongestionar alguna zona, pero no perjudicó la afluencia en otros bares, como habían previsto los ediles de UPN para justificar sus prohibiciones.

La noche llegó sobre las calles de Alde Zaharra y Nabarreria se convirtió en una danza pagana. Un akelarre tomó la fuente para sumar su piedra al «muro popular» que se está construyendo en torno a Luis Goñi. Con los solidarios pañuelos naranjas al viento montaron el participativo Akelharresi.

Unas fiestas que el equipo de gobierno de Enrique Maya quería reducir a su antojo y que, por el contrario, aspiran a convertirse en toda una demostración de la capacidad de iniciativa popular de Alde Zaharra, que con trabajo vecinal saca adelante unas fiestas para todos y todas.

 

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