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Rowan Atkinson repite con «Johnny English Returns»

Rowan Atkinson lo ha sido todo en el humor inglés, y en su larga carrera sólo le falta conquistar Hollywood, por lo que vuelve a intentar triunfar allí con la segunda parodia bondiana de su flemático agente del MI6, que tuvo su primer filme hace ocho años.

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Mikel INSAUSTI | DONOSTIA

Rowan Atkinson siempre ha tenido un problema con el cine, porque su humor proviene de la televisión, medio en el que funciona mucho mejor dentro de la dinámica de los sketchs. Un lastre que no le ha impedido trabajar asiduamente en repartos de grandes películas, desde que apareciera en 1983 como brillante secundario de Sean Connery en «Nunca digas nunca jamás». Su nombre ha figurado asimismo en los créditos de «La maldición de las brujas», «Cuatro bodas y un funeral», «Rat Race», «Scooby Doo» y «Love Actually».

Como protagonista lo ha tenido más difícil, con un intento curioso de típica comedia inglesa en «Secretos de familia». Por lo demás, ha querido una y otra vez trasladar al cine sus éxitos televisivos, sin convencer fuera del mercado europeo, debido a que en EEUU sus series son menos conocidas. «Bean, lo último en cine catastrófico» no funcionó según lo esperado, entre otras razones porque al público no le gustó que Mr. Bean hablara en la pantalla grande.

Tampoco corrió mejor suerte la reciente «Las vacaciones de Mr. Bean», a pesar del homenaje a Tati. Por todo ello Atkinson decidió crear un personaje cinematográfico nuevo, un agente secreto llamado Johnny English. Tuvo su primera película hace ocho años, tiempo suficiente para que esta parodia bondiana hubiese quedado definitivamente enterrada. No ha sido así, y Rowan Atkinson vuelve al ataque con «Johnny English Returns», sin que los pronósticos le sean más favorables que en anteriores tentativas.

La aventura previa de Johnny English estaba localizada en Inglaterra, con un ataque a la Corona por medio. La nueva es mucho más cosmopolita y lleva a nuestro flemático agente, que nunca se pone nervioso aun a riesgo de hacer el ridículo, a China o a Suiza. Las coreografías de artes marciales son muy divertidas, porque Atkinson opone el sentido práctico a las acrobacias de sus adversarios, basándose en la ley del mínimo esfuerzo.

 
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