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El PSOE ante su historia

Ramón SOLA

Uno de los numerosos detalles del estado de nervios de la derecha navarra desde que la izquierda abertzale ha formulado su propuesta de solución son unos versos de dudoso gusto que circulan por buzones y calles. Entre tópicos tan recurrentes como atribuir el 11-M a ETA, insultar a Zapatero, acusarle de vender a Navarra y aclamar a España, una de las estrofas asegura que «Chivite y Puras se llaman los dos riberos traidores/ Urralburu y Arbeloa eran mil veces mejores».

Dejando a un lado que no parece que Chivite y Puras caminen hasta el momento por otra senda que no sea la abierta por Urralburu y Arbeloa de la mano de UPN, la copla sirve al menos para reflejar la encrucijada en que se encuentra el PSOE en la cuestión central de la territorialidad. El giro de Urralburu y Arbeloa fue la clave que desequilibró la balanza en favor de la partición territorial más burda. Ahora, la izquierda abertzale pone sobre la mesa una fórmula basada en la decisión de la ciudadanía, al contrario de la que se diseñó sin luz ni taquígrafos y se impuso sin refrendo en las urnas hace 25 años. Eso lo entiende el editorialista de ``Diario de Navarra'', que debía recurrir ayer a la trampa de afirmar que la Constitución y el Amejoramiento se votaron y aprobaron, sin detallar dónde, cómo, ni en qué contexto. Y lo entiende el líder del PSE, Patxi López, que resaltaba ayer que «la izquierda abertzale acepta buscar una comunidad política con Navarra si los ciudadanos así lo quieren» y lo citaba como «avance».

No hay que llegar hasta Chivite y Puras para ver traiciones. Fueron sus predecesores los que dieron un giro traicionero a su propia historia hace 25 años. Imponiendo un marco antidemocrático y que, además, rompía un país. De Urralburu pronto se supo que tenía muchos intereses personales en la jugada. Arbeloa vive hoy a la sombra de UPN y su gobierno. El PSOE debería tenerlo en cuenta en su encrucijada.

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