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Alvaro Reizabal Abogado

Agentes contaminantes de destrucción (+IVA)

Desde que se dio el banderazo de salida de las elecciones municipales del 27 de mayo, lejos de hablarse de lo que se propone hacer cada opción política en los municipios o diputaciones en que se presenta, se habla día sí y día también de listas sucias, blancas, contaminadas... Los comentarios no se refieren sólo a las que pretenden concurrir a la contienda electoral, sino también a otras que la Policía española en sus diferentes presentaciones (Guardia Civil, Policía Nacional o Ertzaintza) tiene confeccionadas con los datos de los ciudadanos «contaminantes».

Como quiera que la jurisprudencia sobre la Ley de Partidos ha venido estableciendo unas cuotas cuantitativas de candidatos contaminantes, mas allá de las cuales la lista queda definitivamente descalificada, el Estado cuenta con un arsenal de listados en los que incluye a miles de ciudadanos que por muy diferentes motivos, pero todos ellos relacionados con la manifestación pública de su ideología abertzale, están considerados como sospechosos. Se trata de personas que, sin haber sido objeto de condena penal de ningún tipo, ni siquiera de expediente o sanción administrativa, se han convertido no sólo en extraneus del autodenominado Estado democrático de Derecho a título personal, sino que además contaminan a todos los demás, a sus acompañantes, hasta el punto de impedir también a los acompañados el poder concurrir a las elecciones. Se han creado gigantescos listados de personas cuya sola presencia impide el ejercicio de derechos políticos elementales, a los incluidos en ellos, a quienes comparten candidatura con ellos y por ende a todos sus posibles votantes, y todo ello sin un proceso contradictorio, sin posibilidad de defensa ni contradicción, al más puro estilo nazi.

Los motivos de inclusión en la lista son además tan peregrinos como, por ejemplo, el haber ocupado cargos públicos de la supuesta democracia, elegido por los ciudadanos en el marco de opciones electorales totalmente legales en el momento de la elección. Además, no se sabe cómo, pero hay personas que con los criterios al uso pierden su poder infectante, si, pese a tenerlo, cambian de acera y llevados por su afición a la montaña, se van a Aralar.

¿Quién decide cuándo, cómo, con qué criterios y por qué sistema se es infectante o se deja de serlo? Sencillamente la Inteligencia, en el marco del Proceso kafkiano. Supongo que estaré en todas las listas: en la de los de la Mesa Nacional de, en la de abogados de, en la de ex presos de, seré altamente infectante, pero te invito, amigo lector, a unirte al multitudinario pelotón de los vascos apestados, leprosos, contaminantes, que luchan por una Euskal Herria verde, abertzale y socialista. Y a los censores de las listas nazis: ¡Que les den!

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