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alfredo ortiz de zarate Agricultor y miembro del Comité Ejecutivo de UAGA

Carta a san Isidro Labrador

Estimado Santo: Me dirijo a ti, como agricultor profesional y habitante-militante del medio rural, para manifestarte mi más profundo malestar por ciertas actuaciones que desde el mundo urbano y algunas «desgracias rurales» me están aconteciendo.

El mundo agrario como sector socio-económico no va nada bien. Junto a la caída de precios de nuestros productos, la falta de verdaderos presupuestos foralesc y autonómicos, que vayan al profesional, no para retroalimentarse o para financiar entidades comercializadoras, nos tenemos que enfrentar a unos cuantos sinvergüenzas, dentro del sector, que incrementan el precio de la tierra, no suelo, ahogando a sus compañeros e impidiendo la incorporación de nuevos activos sociales al sector.

Como puedes comprobar, no soy tan afortunado como tú en ángeles, quiero decir amigos.

Tu día es asimismo el día del medio rural, vaya manía con esto de los días de tal o cual cosa. El día del medio rural; ¿tenemos de verdad medio rural? ¿Cómo lo definimos? ¿Quién forma parte de este mundo?

Me gustaría trasmitir dos mensajes:

1. En el medio rural se deben ejercer las actividades agrícolas ganaderas, por pura lógica, no sería de recibo ni viable poner una granja de cerdos en medio de la ciudad, aunque los que mayoritariamente se comen el cerdo vivan en las ciudades. Por lo tanto el supuesto medio rural es el espacio natural para este tipo de actividades, esto exige que desde la administraciones se faciliten los trámites legales para sus instalaciones y que se les dé el carácter de prioritarias frente a otro tipo de usos. Aunque me da la impresión, San Isidro, que aquí también nos vas a tener que echar una mano, mejor las dos.

2. En los pueblos estamos todo tipo de gente, con intereses propios y con algunos intereses comunes. Pero también nos llegan personajes de todo tipo, que lejos de entender que vivir en un núcleo rural tiene sus claras diferencias en relación al mundo urbano, quieren instalar y coloni- zar las aldeas y a los autóctonos que en ellas residen con sus costumbres y modelos urbanos. La pregunta que surge: ¿Por qué no se han quedado en las ciudades?

También es cierto que hay excepciones de quienes militan een la cultura rural y contribuyen a que no se diluya en ese fenómeno llamado globalización.

El lema elegido este año para el día mundial del medio rural ha sido: «Tenemos que vivir juntos», y estoy de acuerdo. Ahora bien, este vivir juntos debe ser sin subordinaciones, todos tenemos nuestro papel y nuestro cometido, los agricultores y ganaderos también.

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