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Luis Beroiz Licenciado en Ciencias Económicas y Derecho

Elecciones trucadas

Sabes que el único programa que podría satisfacer nuestras expectativas es el que habéis ilegalizado. Porque son los únicos que cumplen lo que prometen y porque quienes lleváis veinticinco años sin resolver los problemas no tenéis derecho a que se os den más oportunidades

Ala atención de Joaquín Almunia Amann. ¿Te acuerdas, Koki? Cuando nos conocimos a mediados de la década de los 60 a ninguno de los dos nos era permitido votar y los dos padecíamos un esperpéntico estado de excepción, contra el que nos rebelamos. Bajo la batuta del nefando, los dos éramos iguales ante la ley, ante su ley. Hoy todo ha cambiado. Tú y tu gobierno habéis conseguido, en un volatín que os encarama al fascio, que la ley, vuestra ley, no sea igual para todos. Informal pero real, habéis implantado un estado de excepción que, sin afectarte a ti, nos asesina cívicamente a mí y a los míos. En mi estupor, créeme, hago esfuerzos por intentar comprenderos, pero hay algo que no me acaba de cuadrar y te lo quiero decir. No te molestaría si no fueses precisamente tú uno de los responsables de la prohibición. ¡Quién nos lo iba a decir cuando compartimos pupitre!

Vuestra ley establece que tienen derecho a voto, entre otros, los torturadores de nuestros hijos. Tu ley va a permitir el acceso a las urnas a Jorge Juan, a Augusto, a Ignacio y a Mari Jose, jueces que, otro día te contaré, alardean en una reciente sentencia de condenar a unos chavales sin necesidad de ningún tipo de pruebas. Y votarán sin problemas los forenses que se mofaron de las evidencias de maltrato y, con ellos, los fiscales que se atrevieron a solicitar para ellos penas injustificadas. A todos ellos, como a los toros, los habéis estigmatizado para que nunca olviden quiénes son sus propietarios. No lo digo yo, os lo decís entre vosotros.

Conforme a vuestra ley, tendrán expedito su acceso a las urnas quienes siguen amenazando cobardemente a los familiares de Angel Berrueta. También votarán los mossos que dibujaron 36 hematomas en el cuerpo de una chiquilla rusa que se cruzó en su camino. Y los guardias civiles de Roquetas. Podrán votar el arzobispo Sebastián, Rouco y su profeta Federico.

Sin necesidad de salir de tu misma casa, estoy seguro de que en tu partido votaréis al completo, a sabiendas de que peor que matar es pagar, con dinero de todos, a mercenarios para que lo hagan. Votarán Vera, Barrionuevo y Felipe. Votará sin ninguna duda Gallizo, adalid de la humillación, dispersión y aniquilamiento de nuestros allegados más queridos. Lo hará también Narbona, bajo cuyo mandato van camino del millar los seísmos que están conmocionando las laderas de los pantanos pirenaicos y llenando de terror a sus habitantes. ¿Votará Galindo? ¿Votarás tú, Koki, con ellos? Podría seguir, pero que baste la muestra.

Créeme, Koki, si te digo que hasta podría llegar a compartir vuestro eslogan de que violencia y elecciones son incompatibles. Pero, como te acabo de demostrar y lo sabes de sobra, ni es la violencia ni son los violentos la razón de nuestra ilegalización. ¿Cuál es, pues, vuestro verdadero motivo? Nosotros ya lo sabemos, pero te emplazo a que seas tú el que me desveles el secreto. ¿Tendrá algo que ver con el festín que algunos cacos se están dando desde sus sillas en haciendas y ayuntamientos, sin ningún tipo de inspección ni de oposición?

Me dirás que esto me pasa por mi culpa, por haber elegido asiento junto a los malos. No, Koki. ¿Me vas a comparar ahora la sensatez, brillantez y contundencia de Jone y de Pernando Barrena con el histerismo patriótico de Josu Jon y San Gil o el sopor de vuestros Patxis? Por favor. De los primeros sólo me llegan mensajes de arreglo y les creo, de los segundos sólo mensajes de guerra, y también les creo. Sabes que aquéllos son gente maja, válida, comprometida, que no se queda nada entre uñas, sin ambiciones pecuniarias, de los que dan sin esperar recibir. Si ser violento es ser como los primeros y demócrata como los segundos, ya me puedes ir poniendo las esposas.

Me dirás que tengo otras opciones. ¿Cuáles, Koki? ¿Formaciones que, autoproclamándose genuinos y únicos representantes de la izquierda, alimentan en privado este escándalo y no van a tener reparos en beneficiarse de nuestra ausencia o en repartirse, ingenuos, lo que creen nuestros despojos? Salvo el momento de su entrada a la pista ¿crees que hay alguna diferencia entre todos estos comediantes? ¿Me abres los brazos para ir con vosotros? ¿Con la Falange, quizás?

Sabes de sobra que el único programa que podría satisfacer nuestras expectativas es el que habéis ilegalizado. Entre otras, por dos razones determinantes: una porque son, de siempre, los únicos que cumplen lo que prometen, y la otra porque quienes lleváis veinticinco años sin resolver, salvo los vuestros particulares, los problemas generales, no tenéis ningún derecho a que se os den más oportunidades.

A pesar de todo, nosotros vamos a estar presentes en estas elecciones y en la subsiguiente legislatura. Si no es en las sillas de sesiones, será en los bancos, sentados en las escaleras o subidos a los tejados de las casas que son del pueblo. A pesar de los que nos habéis cerrado, todavía quedan muchos espacios abiertos. Vosotros tenéis los ejércitos, los guardias y un sinnúmero de policías. Nosotros, la dignidad, imposible de callar y encarcelar. Y la pluma que, como sabes, agujerea más hondo que la espada.

No quisiera acabar sin hacerte ver las incongruencias a que puede llevar vuestra escandalosa decisión. Resulta que, en mi casa, no podemos votar, pero nos habéis conminado por carta a estar ese día en la mesa para garantizar la pulcritud y limpieza de la convocatoria. ¿Cabe mayor contradicción? ¿Me imaginas, prohibiéndoles por higiene democrática votar a Balza o a su correli- gionaria Elixabete Piñol, parlamentaria que quiso forzar al Ararteko a retractarse de sus evidentes convicciones?

Te supongo empapándote de la inmensa Europa, mientras yo me empapo de la pequeña Euskal Herria. Saludos a tu esposa, de parte de la mía. Te lo dije un día, Koki. Si dejaseis estos temas en manos de ellas, hacía ya tiempo que habríamos asistido al envidiable abrazo de Stormont. ¿No crees? ¿Pues a qué esperáis?

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