GARA > Idatzia > Kultura

Una gigantesca exposición muestra las múltiples caras de la pintora Frida Kahlo

Una gigantesca exposición con más de 350 obras recuerda en Ciudad de México a la pintora Frida Kahlo en el centenario de su nacimiento con la pretensión de dar a conocer todas las facetas de esta artista, más allá de sus famosos autorretratos. «Lo que mostramos son las múltiples caras de Frida, la Frida completa», aseguró en la presentación la directora del Museo del Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana, Roxana Velásquez.

M. M.V. (LA JORNADA) | CIUDAD DE MÉXICO

La Frida que todo el mundo cree conocer, pero también todo lo que Frida Kahlo no es, puede descubrirse en la magna exposición que en su honor se ha inaugurado en el Palacio de Bellas Artes de México para celebrar que hace un siglo llegó al mundo esta mujer que «supo utilizar sus neuronas».

Así lo explicó Roxana Velásquez, directora de la pinacoteca mexicana, durante el recorrido que ofreció a la prensa internacional por las ocho salas del recinto, todas dedicadas a Kahlo, su vida, su obra, su mundo, sus delirios, sus debilidades, sus tesoros, su fuerza. Se trata de la primera vez que se reúne en el país una colección de piezas que muestran «a la Frida total, completa, integral, con aspectos que no han sido vistos», agregó la funcionaria ante decenas de reporteros de diversas nacionalidades que se arremolinaban frente a cada cuadro.

Entre imágenes harto conocidas, el espectador tendrá encuentros excepcionales: Frida sin sus trajes de tehuana, Frida sin sus trenzas, Frida sin dolor, Frida chiflando en un paseo en trajinera, Frida surrealista, Frida conservadora, Frida con el cabello suelto como si apenas ayer la hubieran retratado.

Retratos, naturalezas muertas

El recorrido para conocer las 354 piezas -entre óleos, dibujos, acuarelas, grabados, cartas y fotografías- que conforman la muestra «Frida Kahlo, 1907-2007. Homenaje nacional» se inicia en la sala dedicada a sus autorretratos. La bienvenida corresponde al cuadro «Las dos Fridas», el de mayor formato de todos en los que la pintora plasmó su rostro.

Y de ahí en adelante, todo es conocer y reconocer escenas que se han visto en catálogos y documentales. Algunas pinturas nunca han sido exhibidas en museos, pues pertenecen a colecciones privadas, como «Pensando en mi muerte».

Otras deleitan al mostrar así, en vivo y a todo color, sus detalles: la piel pelona de un perro xoloescuintle, las plumas de un pollito esponjado, el bordado de un huipil, la filigrana de un collar, el negro intenso de la mirada siempre profunda de la pintora, sus labios cerrados, «porque tenía muy mala dentadura y no le gustaba sonreír», asegura Velásquez.

La directora del museo va relatando: «Frida no es naif, no es común; acérquense con cuidado; aquí, en estas florecitas, se aprecia su gusto por El Bosco; ella aprendió a retocar fotografías con su padre, también hizo grabado; aquí está el retrato que pintó cuando se casó por primera vez con Diego y en él se ve que la diferencia entre los dos eran 20 años, 20 centímetros y 20 kilos».

Luego añade que la pintora «se disfrazó de mexicana, es decir, de tehuana, por Diego, porque antes ella era decimonónica, católica, conservadora». Alrededor, los periodistas enviados de Alemania o Japón buscan el mejor lugar para grabar los comentarios, ya sea junto al cuadro «Mi nana y yo», donde un bebé con cara de Frida chupa un seno ramificado, o frente al bello «Abrazo de amor del universo» y «Diego, yo y el señor Xolotl», un cuadro de 1949 donde ahora el niño de brazos es Rivera, acurrucado en su madre Frida.

En la sala «Naturalezas muertas» se descubre a una artista con tintes surrealistas; sigue el espacio dedicado a los retratos que Kahlo realizó de sus amigos cercanos: Eduardo Morillo, Alberto Misrachi; su médico Leo Eloesser; su «primer amor», Alejandro Gómez Arias, cuadro que, por cierto, fue «descubierto» arrumbado en el fondo de un clóset, en 1994.

Luego, los visitantes se detienen, entre sorprendidos y horrorizados, y llueven los clicks de las cámaras fotográficas: dos cuadros pintados con sangre, la de Frida por supuesto. Se trata de «Unos cuantos piquetitos» y «El suicidio de Dorothy Hale», este último dentro de una caja de acrílico, pues así lo exigió el Museo de Arte de Phoenix, que los prestó. Es la primera vez que este óleo, cuyo marco también está pintado por la artista, se exhibe en México.

En esta sala también está el retrato «La niña Virginia», que tiene en la parte de atrás el boceto de un autorretrato. A continuación se muestran las fotografías: Frida como modelo de su hermano Antonio, de su papá Guillermo, de Leo Matiz, Julián Levy, Manuel y Lola Alvarez Bravo, Berhard Silberstein, Nickolas Muray, Giséle Freund, Esther Borm, Berenice Koldo, entre otros.

No falta quien se embelesa al verla con el torso desnudo, captada por Héctor García, o luciendo el pelo suelto, vestida con «un traje chino» negro, en 1950, «si parece que fue ayer», opinan los visitantes.

Siguen las fotografías relacionadas con su origen y entorno: el Coyoacán de los años 30, con su feria, la pulquería La Rosita, sus iglesias y una imagen, de 1899, de sus padres, Guillermo y Matilde Calderón (quien es idéntica a Frida), sus hermanos, sus sobrinos, su gente.

Por allá, Frida y Diego observando un eclipse, por acá, en Estados Unidos, o pintando murales, o enfrente de una locomotora, o en Pátzcuaro con André Breton y su mujer. El recorrido termina en este espacio con fotos de Frida muerta, tendida en su cama, en la Casa Azul.

Militancia política

En la sala titulada «Caligrafía» penden del techo una micas que protegen varios documentos, cartas dedicadas al «niño de sus ojos» o al «doctorcito», con letra muy clarita y apretada.

No podía faltar en esta muestra un rincón dedicado a la militancia política de Frida, y ahí aparece ella con su corsé pintado con la hoz y el martillo, emblema de los comunistas. Al lado están las invitaciones que le enviaba tanto el Partido Comunista Mexicano como la embajada de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y algunos recortes de periódicos.

Las piezas que conforman esta exposición fueron elegidas por un comité curatorial integrado por Juan Coronel Rivera, Salomón Grimberg, Cristina Kahlo, Américo Sánchez y Roxana Velásquez. Hay 26 obras del Museo Dolores Olmedo; 11 de la colección Jacques y Natasha Gelman; seis del Museo de Arte de Tlaxcala, y más de una docena que provienen de coleccionistas particulares y de museos de San Francisco, Los Angeles, Detroit, Miami y Japón.

Obra itinerante

La directora del Museo del Palacio de Bellas Artes estima que en dos meses asistirán, «mínimo», unas 300 mil personas. No habrá prórroga en la fecha de clausura de la muestra, que concluirá el 19 de agosto, «ni aunque las multitudes superen las expectativas de número de visitantes», pues «los americanos y Monterrey ya tienen organizados sus homenajes, y varias piezas capitales de aquí deben viajar. No la exposición completa, eso es imposible, pero sí 30 ó 40 óleos formarán parte de exposiciones en otras ciudades. El mundo entero le está rindiendo homenaje a Frida», informó Velásquez.

Por tal motivo no habrá descanso para el Palacio de Bellas Artes. Mientras Frida habite en el recinto, se abrirá diario, de lunes a domingo, de nueve de la mañana a 10 de la noche. El costo de entrada será el mismo de siempre, 35 pesos; estudiantes, profesores y personas de la tercera edad no pagan, y los domingos el acceso es gratuito. Se impartirán talleres, habrá espacios lúdicos para niños y conferencias casi todos los martes.

La Casa Azul enseña sus tesoros

Ni un solo papel del enorme archivo documental de Frida Kahlo y Diego Rivera, recién descubierto en la Casa Azul de Coyoacán, puede salir de ese recinto porque así lo estipularon los artistas. Por esa razón nada de ese acervo se incluye en la exposición del Palacio de Bellas Artes Sin embargo, desde el 6 de julio hasta el 30 de septiembre se podrá ver una mínima parte de este acervo en la muestra «Tesoros de la Casa Azul, Frida y Diego». Los archivos que permanecieron cerrados durante más de medio siglo en las habitaciones del Museo Frida Kahlo-Casa Azul, en la Ciudad de México, contienen 22.105 documentos entre cartas, fotografías, dibujos, bocetos y juguetes. Estos documentos se encontraban en treinta cajas que Diego Rivera (1886-1957), esposo de Frida, pidió que permanecieran cerradas hasta quince años después de su muerte. Dolores Olmedo, amiga y mecenas de Rivera, optó finalmente por no tocar las cajas, que permanecieron selladas hasta su muerte, en 2002. Los archivos fueron abiertos ese año ante un notario y ante representantes del Banco de México.   GARA

354 PIEZAS

La exposición reúne 354 piezas, entre óleos, dibujos, acuarelas, grabados,cartas y fotografías, que conforman la mayor muestra sobre Frida exhibida jamás, según el Instituo Nacional de Bellas Artes mexicano.

LAS OTRAS FRIDAS

Los autorretratos se han convertido en las obras más representativas de la pintora, pero «Frida grabó litografías, Frida escribió, Frida pensó, Frida retó a los americanos...», explica Roxana Velásquez, directora del Museo.

Novela sobre Frida

A las numerosas biografías, películas y obras de teatro existentes sobre Frida Kahlo acaba de sumarse una novela de la escritora croata Slavenka Drakulic: «Frida o sobre el dolor».

Drakulic, una de las escritoras de Croacia más traducidas, explicó que fue después de leer varios libros, incluida «la fantásticamente buena» biografía de Hayden Herrera, y de ver la película «Frida» cuando decidió escribir su propia versión. «Me pareció que faltaba algo, precisamente su propia perspectiva (de Frida), la relación entre el dolor, la enfermedad y su arte, como llegó a producirse su arte. En mi opinión, su arte proviene directamente de su enfermedad y dolor», señaló Slavenca Drakulic.   GARA

Ficha

Título: «Frida Kahlo. 1907-2007»

Fecha: Del 1 de junio al 19 de agosto.

Organiza: Instituto Nacional de Bellas Artes de México.

Colaboran: Museo Dolores Olmedo, Colección Jacques y Natasha Gelman y otras 67 instituciones internacionales.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo