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CRíTICA cine

«Nuevo mundo»

Koldo LANDALUZE

La imagen juega un papel determinante en esta excelente propuesta con la que el italiano Emanuele Crialese logró en la pasada Mostra de Venecia el León de Plata, y no sólo por la fuerza evocadora que transmiten las figuras de aquellos inmigrante italianos que, a comienzos del siglo pasado, suspiraban por un mundo mejor mientras compartían pitillo y complicidades apoyados en las bordas de los mercantes que los acercaban hasta Estados Unidos.

La verdadera naturaleza de este bello fragmento poético se encuentra en la desarmante intencionalidad de una historia que logra aproximar al espectador esa fuerza mágica que provocó que Estados Unidos fuera, a ojos de miles de italianos, la Tierra de Promision que surgió de los cuentos fantásticos.

Para tal fin, Crialese rescata del anonimato a un humilde campesino siciliano que, seducido por las fotografías que le llegaron desde el otro lado del Océano, no dudará en vender su terruño y embarcar a su familia en una odisea marina que culminará en la caótica Isla de Ellis: puerta de entrada o de salida, según del lado que se mirara, a Estados Unidos. La puerta dorada que para muchos simbolizó la entrada a un mundo de sueños por cumplir y para otros tantos se convirtió en la apresurada salida de escape que dictaminó todas las miserias que encontraron a su paso tras pisar el puerto el Nueva York.

Cuatro años atrás, Emanuele Crialese logró un gran éxito con «Respiro», un filme en el que mostraba su pericia a la hora de adentrarse en los siempre complejos resortes emocionales que dictan la conducta del ser humano y un gusto exquisito a la hora de plasmar todo ello en imágenes.

Apasionado del surrealismo poético, Crialese reivindica en su discurso el papel que debe desempeñar la amistad en las relaciones humanas porque permite activar los mecanismos de defensa que ayudan a evitar cualquier tipo de peligro. El individualismo no casa con las historias que, hasta el momento ha tratado el autor de «Once we were strangers» y ello permite al espectador ser testigo presencial de todas las intimidades que comparten los personajes a través de miradas evocadoras y palabras cargadas de intencionalidad.

En el apartado interpretativo, destaca el puntillismo emocional que imprime Charlotte Gainsbourg a su personaje y la sonrisa cómplice que provoca la presencia del precoz Francesco Casisa, actor que pudimos visionar en la ya mencionada «Respiro». Al contrario de lo planteado por Elia Kazan en «América», Crialese opta por la épica de los sentimientos para justificar la incierta aventura que aguarda a sus personajes. Ello se traduce en las poderosas imágenes que ilustran el calvario que simbolizaban las largas hileras para etiquetar a los emigrantes que se apelotonaban en los cuarteles aduaneros de la Isla de Ellis.

Y es que, tras sufrir las calamidades de un viaje marítimo, los emigrantes que acudieron en masa a la llamada de Estados Unidos, tuvieron que soportar fumigaciones sanitarias y el desprecio racial de aquellos médicos que, tras dictaminar cuáles eran las inferioridades genéticas que diferenciaban a judíos, rusos, polacos e italianos del resto de la humanidad, marcaban con su sello la entrada, previo pago de su dignidad, a Nueva York.

Estos episodios dramáticos adquieren una densidad mayor gracias al tratamiento semi onírico que la excelente directora de fotografía Agnés Godard ha aportado al filme y a la voz de Nina Simone que se cuela en cuanto se asoman las emociones.

Ficha

Dirección y guión: Emanuele Crialese.

Intérpretes: Vincenzo Amato, Francesco Casisa, Charlotte Gainsbourg, Aurora Quattrocchi.

Fotografía: Agnés Godard.

Género: Drama social.

País: Italia, 2006.

Duración: 118 minutos.

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