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Oleada de ataques contra mandos y jefes tribales aliados de EEUU en Irak

Los jefes tribales sunitas alineados con EEUU, duramente criticados por sus líderes religiosos (ulemas), se han convertido, junto a los mandos policiales colaboracionistas, en objetivo preferente en las provincias iraquíes de Salaheddine y Nínive. Al menos media docena de ellos murieron o escaparon ilesos en una sucesión de ataques y atentados suicidas que dejó ayer cerca de medio centenar de muertos.

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En la provincia de Salaheddine, teatro de enfrentamientos intrairaquíes entre grupos islamistas de la resistencia y milicias tribales sunitas, dos atentados suicidas contra un responsable policial de la ciudad de Baiji y contra un líder tribal alineado con las fuerzas estadounidenses fallaron en sus objetivos, pero dejaron al menos diecinueve muertos.

Dos kamikazes precipitaron sus vehículos llenos de líquido inflamable sobre la residencia del jefe de la Policía, coronel Saad al-Nufuss, y sobre la de Thamer Ibrahim Atallah, uno de los líderes de «El Despertar de Salaheddine», milicia movilizada por los ocupantes estadounidenses oficialmente contra la sección iraquí de al-Qaeda.

Tras los ataques, que dejaron un saldo de medio centenar de heridos, el Ejército estadounidense impuso el toque de queda en Baiji, ciudad industrial que alberga a una de las más importantes refinerías de Irak, a 200 kilómetros al norte de Bagdad.

Simultáneamente, en Mosul, a 370 kilómetros al norte de la capital, hombres armados mataban a tiros al general Abdel Al Znun Mubarak, jefe adjunto de operaciones de la Policía en la provincia de Nínive.

Sin salir de esta ciudad, situada en el límite con Kurdistán Sur, al menos otro policía murió en un ataque contra su patrulla.

En Kirkuk, capital histórica kurda, otro oficial, el general Abdel Amir Mahmud, resultó herido en el ataque de un comando contra su comitiva.

La víspera en Samarra

El doble atentado en Baiji tiene lugar escasas horas después de otro ataque suicida, cerca de Samarra -más al sur- contra una comisaría de Policía y que dejó un saldo de catorce muertos y al menos 26 heridos.

Baiji y Samarra están situadas en la mayoritariamente sunita provincia de Salaheddine, cuya capital es Tikrit, feudo del ejecutado presidente iraquí y líder del Baath, Saddam Hussein.

Esta región es uno de los grandes bastiones de los distintos grupos que responden con las armas a la ocupación.

Contra la colaboración

En una declaración oficial, uno de las más importantes figuras religiosas de la minoría sunita iraquí, el jeque Hareth al-Dhari, instó a sus correligionarios a no colaborar con las fuerzas ocupantes estadounidenses.

«La decisión de aliarse a las fuerzas de ocupación es un error desde el punto de vista del derecho, del patriotismo y de la razón», aseguró el secretario general del Comité de Ulemas Musulmanes, principal organización religiosa sunita del país.

EEUU asegura que, tras expulsarlos de la provincia de al-Anbar y de la periferia de Bagdad, muchos combatientes de la rama iraquí de al-Qaeda se habrían refugiado en otras zonas de mayoría sunita.

Salaheddine es escenario desde hace semanas de una sucesión de ataques contra responsables de las Fuerzas de Seguridad y jefes tribales alineados con los ocupantes. El 4 de octubre, uno de sus líderes, el jeque Maawia Naji Jebara, murió en un atentado reivindicado en internet por Al Qaeda.

Este atentado siguió a la muerte del carismático jeque Abdul Sattar Abu Richa, muerto en atentado el 13 de setiembre. Este último convenció a tribus sunitas de al-Anbar a volver sus armas contra grupos islamistas de la resistencia y fundó «El Despertar de al-Anbar», convertido en nombre de marca de experiencias similares en otras provincias iraquíes.

En Bagdad, la explosión de dos coches bomba dejó ayer un saldo de ocho muertos, lo que unido a otros ataques y atentados elevó a doce los muertos y a alrededor de 70 los heridos en otra jornada sangrienta.

Mercenarios extranjeros matan a otras dos mujeres en Bagdad

Una nueva masacre protagonizada por mercenarios extranjeros costó ayer la vida a dos mujeres iraquíes.

Según los testimonios recogidos en la zona, el céntrico barrio bagdadí de Karrada, la escolta de un convoy de 4X4 blindados abrió fuego contra un coche «que se abría aproximado demasiado al vehículo que cerraba la comitiva», matando a las dos mujeres e hiriendo a una tercer mujer y los dos menores que iban en la parte trasera del coche.

Este incidente tiene lugar menos de un mes después de la masacre protagonizada por los mercenarios de la compañía estadounidense Blackwater en otro barrio de Bagdad, y que causó la muerte a 17 civiles, abriendo una crisis entre el Gobierno títere iraquí y los ocupantes.

El Ejecutivo iraquí no dudó en asegurar también ayer que estamos «ante un crimen deliberado» y pidió que los responsables «sean castigados de acuerdo a la ley iraquí».

Ninguna medida concreta ha sido tomada aún contra Blackwater, encargada, entre otras «labores», de la seguridad de la embajada de EEUU.

Un testigo aseguró que el vehículo en el que viajaban las fallecidas se vio forzado a hacer una maniobra para esquivar al convoy, que según el testimonio de un policía, «huyó luego a toda velocidad como si se tratara de ladrones».

Al cierre de esta edición no se conocía la empresa a la que pertenecía el convoy de mercenarios implicados en esta nueva matanza.

La portavoz de la embajada de EEUU, Mirembe Nantongo, se apresuró a asegurar que «Blackwater no está implicada». GARA

BAJAS OCUPANTES

El Pentágono informó ayer de la muerte de dos soldados en enfrentamientos con la resistencia en el oeste de Irak. Se eleva a 3.817 el balance oficial de bajas militares mortales de EEUU en los cuatro años de ocupación.

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