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PROYECTO DE VERTEDERO DE ERRENIEGA

Una vasta escombrera para el TAV y Gendulain

La nueva ciudad de Gendulain, con 19.000 viviendas, y la nueva estación para el TAV en Etxabakoitz, junto a la que se prevén otras 7.000 viviendas, son los proyectos inmobiliarios más importantes en Nafarroa para los próximos años. Las empresas que los impulsan quieren disponer de un vertedero de escombros cercano y gigantesco, en las faldas de Erreniega, pero se han encontrado con la frontal oposición de los vecinos de la zona.

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Iñaki VIGOR

La vinculación del macrovertedero de Erreniega a los proyectos de Gendulain y de la estación del TAV en Iruñea (barrio de Etxabakoitz) está fuera de toda duda, según Enrique Miranda, arquitecto, vecino de Undio y concejal del Ayuntamiento de la Cendea de Galar por el grupo Erreniega. Un dato significativo que aporta para sostener esta afirmación es que la empresa Recuperación Ambiental (REAM), impulsora de esta enorme escombrera, fue creada por la Asociación de Constructores y Promotores (ACP), que posee el 80% de los derechos edificables de la futura ciudad de Gendulain, junto con la Asociación Navarra de Empresas de Construcción de Obras Públicas (ANECOOP) y ACP, empresa dedicada a la construcción de contenedores. Además, estas mismas empresas han incluido Gendulain y el Plan Sectorial de Incidencia Supramunicipal (PSIS) de Etxabakoitz en el mapa de las urbanizaciones que van a hacer en los próximos 20 años, a fin de «justificar» la necesidad de un gran vertedero para materiales inertes en la comarca de Iruñea.

«Es evidente que han elegido esta zona de Erreniega para ubicar el vertedero en previsión de las grandes obras que quieren realizar. Estas empresas pretenden valerse de su situación de gestor privilegiado de residuos, en virtud de un convenio firmado en el año 1994 con el Gobierno de Navarra que al parecer ya no está vigente», explica Miranda.

Este concejal muestra su frontal oposición a que dichas empresas ubiquen el vertedero «cerca de donde ellas van a excavar», y propone un planteamiento «mucho más sostenible», que consiste en producir menos vertidos inertes.

«No se trata de explanar todas las colinas que pueda haber en una zona y dejar todo llano, porque eso significa mover muchísima tierra y va en contra de cualquier urbanismo sostenible. La sostenibilidad pasa por adaptar las nuevas urbanizaciones al territorio -agrega este arquitecto- . Es decir, que si hay ondulaciones del terreno, se mantengan dentro de la ciudad, de forma que las personas y los vehículos puedan subir y bajar, como se ha hecho históricamente».

En la misma línea, defiende que los escombros generados por una urbanización se depositen dentro de la propia zona de construcción. «En una urbanización pequeña quizás no se pueda hacer, pero en una de tres millones de metros cuadrados, como es el caso de Gendulain -pone como ejemplo-, hay varios lugares donde se podría ubicar la escombrera. Si esa nueva ciudad se llega a hacer, debería tener un espacio para los escombros, en lugar de llevarlos fuera de la urbanización, porque esto supone un gasto energético innecesario y generaría una serie de molestias que podrían evitarse».

Por esta misma razón, Enrique Miranda considera mucho más respetuoso con el medio ambiente y con los derechos de las personas el planteamiento que el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Nafarroa asumió en el año 2002 junto con la empresa REAM, consistente en crear ocho vertederos en Iruñerria para que fuesen utilizados de forma simultánea.

«Eso permitiría una cercanía entre el lugar de la excavación y el lugar del vertido, y evitaría gasto energético, molestias y tránsito de camiones. Por motivos económicos, ese planteamiento se lo han cargado. Lo que antes era una dispersión de vertederos por motivos ecológicos, ahora es una concentración por motivos económicos. Para las grandes empresas de obras públicas que harán Gendulain y la nueva estación de tren en Etxabakoitz, el macrovertedero de Erreniega les vendría muy bien, porque estaría sólo a tres o cuatro kilómetros del lugar de excavación, pero para un contratista normal y corriente que tenga que excavar en Uharte -pone por caso Miranda-, llevar los escombros hasta Erreniega le supondría tener que cubrir en cada desplazamiento unos 25-30 kilómetros».

«Han falseado datos»

A pesar de que el proyecto inicial de vertedero ha sido modificado, disminuyendo su superficie de 1.104.000 metros cuadrados a 1.600.000, el concejal del grupo municipal Erreniega afirma que las afecciones seguirán siendo similares, y agrega que los promotores del vertedero «han falseado datos técnicos» para intentar hacer el proyecto más asumible por los vecinos.

«Sin ningún rigor científico, y en contra del informe geológico, los promotores del vertedero quieren cubrir una regata de dos kilómetros argumentando que es discontinua. Esto parece una tontería, pero precisamente uno de los fundamentos a la hora de elegir una ubicación es que no deberá afectar a cauces continuos de agua. En el valle todos sabemos que es una regata de agua continua porque nunca la hemos visto seca -constata este vecino de Undio-, y esto debería haber sido motivo suficiente para no haber elegido esta ubicación. Además, esta regata es un corredor natural de vegetación utilizado por especies como el visón europeo, el hurón, el tajudo y otros mamíferos roedores y aves migratorias».

Enrique Miranda apunta que «otra manipulación muy grave» por parte de las empresas promotoras del macrovertedero es afirmar que el tráfico de camiones no afectaría a Astrain. «Aseguran que no pasaría por esta localidad sino por la travesía, cuando todos sabemos que este pueblo sufriría unas afecciones muy importantes», afirma.

«Es lamentable que los técnicos del proyecto introduzcan falsedades para justificar la cubrición de la regata, pasar el tráfico por la travesía de Astrain y Muru `sin que moleste', olvidar que en Undiano pega el bochorno para decir que no habrá polvo ni ruido, o pretender que creamos que, porque lo dicen ellos, no habrá corrimientos ni hundimientos donde siempre los ha habido», recuerda Enrique Miranda.

En nombre de su grupo municipal, también califica de «muy grave» las pretensiones de dichas empresas de «puentear» al Ayuntamiento y a los concejos mediante la declaración de un PSIS, «lo cual les permitiría expropiar terrenos y pasar por encima de la autonomía municipal».

«Es una especie de fraude urbanístico»

«La declaración de PSIS en este caso es una especie de fraude urbanístico -explica Miranda-, porque se apoya en una legislación urbanística pensada para casos excepcionales de interés social importante, como puede ser la construcción de una autovía. Pero lo que no es admisible es hacer una declaración de proyecto supramunicipal para una iniciativa particular de unas empresas que lo que buscan es un negocio, aunque esté relacionado con el medio ambiente».

Desde el punto de vista político, el portavoz del grupo Erreniega en el Ayuntamiento de la Cendea de Zizur considera que el proyecto modificado de vertedero que la empresa REAM ha presentado al Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Nafarroa supone «una burla a los vecinos, concejos y ayuntamientos de la Cendea, e incluso al propio Departamento, ya que no ha cumplimentado ni uno solo de sus requisitos».

Uno de estos requisitos era hacer un estudio sobre las molestias que ocasionarían a los vecinos el aumento del tráfico y maquinaria pesada, el ruido, el polvo y el barro, en función de las épocas del año. «Pero la empresa no ha hecho ningún estudio sobre estas afecciones. REAM pretende condenar a los vecinos de los pueblos a quince años de torturas, sufriendo el paso de mil camiones diarios y riesgo de corrimientos y avalanchas de barro en la regata de Oiartza, que puede afectar a Larraia», advierte el portavoz del grupo municipal Erreniega.

Por otro lado, el proyecto modificado no tiene en cuenta la Estrategia Municipal de Ordenación Territorial (EMOT) de la Cendea de Zizur, aprobada recientemente por el Ayuntamiento. En esta EMOT se declara que los terrenos donde se ubicaría la escombrera son merecedores de protección, «por su valor para el cultivo y por el riesgo de corrimiento de tierras», tal y como se recoge en una de las alegaciones al proyecto inicial realizada por el arquitecto redactor del Plan Municipal de la Cendea. A este respecto, Miranda se pregunta si las laderas del monte aguantarán sin que se produzcan corrimientos de tierras en el caso de que abran zanjas en el perímetro para canalizar el agua.

A modo de resumen, el concejal del grupo Erreniega concluye que «en este proyecto no hay ningún beneficio para los pueblos y vecinos, y sí muchas afecciones».

Un centenar de afectados se concentran ante la sede de ream

Cerca de un centenar de vecinos y responsables de los ayuntamientos afectados por este proyecto llevaron ayer su malestar ante la sede de la empresa impulsora, Recuperación Ambiental (REAM), situada en Itaroa, junto a Uharte. Se concentraron allí con tres pancartas en denuncia del vertedero. La oficina se encontraba cerrada, por lo que no se transmitió ningún mensaje a sus responsables. La semana que viene se estudiará la posibilidad de convocar nuevas movilizaciones. En la imagen, la protesta de ayer.

 

millones

de metros cuadrados de superficie tendría el futuro vertedero que pretenden ubicar en la falda norte del monte Erreniega, frente a los 1,6 millones que estaban previstos en el proyecto inicial.

Sería utilizado durante 15 años

Después de las modificaciones introducidas, el proyecto de macrovertedero del monte Erreniega sería utilizado durante 15 años frente a los 30 años que contemplaba el proyecto anterior, y en los puntos máximos tendría una profundidad de relleno de 23 metros frente a los 40 previstos inicialmente. La pendiente también se ha suavizado, mientras que la superficie total ha pasado de 1,6 millones de metros cuadrados a 1,1 millones. Aun así, se trataría de una escombrera inmensa, equivalente a tres cuartas partes del pantano de Eugi, y sería cuatro veces más grande que el actual vertedero de Espartza. Su capacidad total rondaría los 12,5 millones de metros cúbicos. I. V.

 

segundos

es el tiempo que habría entre el paso de un camión y otro para ir a descargar las materias inertes a la escombrera. A este ritmo, pasarían un millar de camiones cada día, y se mantendría a lo largo de quince años.

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