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Destruyen el rostro del Buda de Jenanabad en Pakistán

Hace más de seis años ocurrió lo mismo en Afganistán; los talibanes atacaron los Budas gigantes esculpidos en sus laderas, algunos de ellos con 1.500 años de antigüedad. Ahora, son los talibanes paquistaníes los que, en el valle de Swat, están haciendo lo mismo.

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La destrucción, en 2001, por parte de los talibanes de los gigantescos Budas de Bamiyán en Afganistán, se repite, pero esta vez en Pakistán.

En esta ocasión el distrito Swat de la provincia de la frontera noroeste de Pakistán, ha visto como el Buda de Jenanabad de siete metros de altura y uno de los mejores ejemplos de arte grandharano, ya no tiene rostro. Los talibanes paquistaníes han destruido su cara con dinamita. No es la primera vez que dañan este Buda de Swat, ya en septiembre fue atacado por dos veces por fuerzas dirigidas por un clérigo local llamado Maulana Fazlullah, quien dirige el Movimiento por la Imposición de la Ley Islámica, alineado con los talibanes.

Explicaciones

La duda ahora radica en la razón por la que han vuelto a atacar imágenes de Buda. Ya que, históricamente el último esfuerzo por destruirlos fue en el siglo XVII, durante el reino del emperador mogol Aurangzeb.

Según el arqueólogo del Museo de Peshawar, Zainul Wahab, «los milintantes dicen que las estatuas son símbolos del mal» y recuerda que los islamistas de Swat son conscientes de que el Qur'án prohíbe la representación de las formas humanas o animales en el arte religioso como salvaguardia contra la idolatría.

Este ataque hace temer lo peor, por lo que otros emplazamientos budistas del valle Sawat, rodeado por montañas cubiertas de nieve que se elevan a 6.000 metros, como el stupa Butkara o las ruinas del monasterio budista Takht-i-Bahi, corren serio peligro.

Para poder entender este hecho quizá haya que remontarse a 2001, al episodio de Bamiyán. En julio de 1999 el mullah Omar ordenó que los Budas fueran preservados. Y el mismo gobierno aclaraba que las estatuas de Bamiyán eran una fuente potencial de ingresos para Afganistán gracias al turismo. Pero en 2001 un nuevo decreto llamó a destruir todas las imágenes. El mullah Omar explicó al respecto a un periodista paquistaní y unos años después del ataque, que «no quería destruir el Buda de Bamiyán. De hecho, vinieron algunos extranjeros y me dijeron que les gustaría realizar el trabajo de recuperación del Buda de Bamiyán que había sido ligeramente dañado por las lluvias. Me espantó. Pensé que esa gente insensible no se preocupa por miles de seres humanos, como los afganos que se mueren de hambre, pero están preocupados por objetos inanimados como el Buda. Era algo extremadamente deplorable. Por eso ordené su destrucción. Si hubieran venido a realizar trabajo humanitario, nunca habría ordenado la destrucción de los Budas».

Digan lo que digan lo cierto es que por el momento el Buda Jenanabad ha perdido el rostro y que esta zona, que hasta hace poro ha sido la meca de arqueólogos y turistas, puede quedarse sin su principal atractivo. Ya que son muchas las personas que se acercan al valle de Swat para poder disfrutar de los grandes Budas esculpidos en las laderas de las montañas, similares a los creados hace 1.500 años en Afganistán, así como de otros trabajos budistas.

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