GARA > Idatzia > Kolaborazioak

Tómas Trifol Profesor y licenciado en Ciencias Humanas

La bendición apostólica

Un estado nacionalista como el español, de vocación histórica totalitaria en lo referente a toda su escatología patriótica, que instituye como base suprema de su democracia la nación y la patria como no sujetos a derecho, hace tiempo que viene resbalando en un pozo sin fondo

Miles de esquelas de difuntos, en paredes, portales, calles, periódicos, radios y últimamente hasta en internet aparecen día tras día en toda la redondez del planeta presuntamente católico con esa coletilla invariable de que el difunto recibió a parte de los santos sacramentos, la bendición apostólica de su santidad.

Gesto sagrado, «urbi et orbi», matemáticamente imposible a no ser por sus connotaciones escatológicas donde todo es factible, incluso que ahogados en alta mar, achicharrados por las llamas o fallecidos en accidente de avión en lo alto de la cordillera reciban los «sacramentos». Aunque analizado más racionalmente es todavía más difícil que incrédulos de toda la vida, antipapistas, ateos o simplemente ciudadanos normales sin adscripción religiosa ponderable sean sujetos de bendiciones y sacramentos teológicos.

Así que tal hecho no es más que una reminiscencia ideológicadonde asoma la pretensión totalitaria del control absoluto, aunque sea por la «gracia de Dios» sin valor objetivo ni probatorio alguno, donde los fallecidos aparecen conchabados, la mayoría de las veces sin conocimiento de causa final, con la «Santa Madre Iglesia». La suma sapiencia y la suma bondad, ambas totalitarias por definición racional, reparten bendiciones en nombre del Altísimo a diestro y siniestro sin ni siquiera haberlo solicitado la inmensa mayoría de los interfectos.

Un estado nacionalista como el español, de vocación histórica también totalitaria en lo referente a toda su escatología patriótica convivencial, que instituye como base suprema de su democracia la nación y la patria como no sujetos a derecho alguno, hace tiempo que viene resbalando en un pozo sin fondo que alguna fuerza racional tendrá alguna vez que parar. Aunque no sea entre los vascos más que el puro hecho de pasar de una vez por todas a constituirse precisamente en nación, es decir en defenderse con los votos en la mano, unidos en defensa del derecho a decidir contra aquellos para los que la patria y nación no son más que realidades teológicas.

Si la ideología oficial católica hubiera supuesto un peligro para la nación española, ésta, en su desvarío histórico, hace tiempo que hubiera empapelado judicialmente y condenado a todas las familias de católicos que presuntamente hubieran consentido en recibir la bendición apostólica de su santidad, alegando que estaban confabulados contra él.

Su juez, una señora que por su aspecto y modales más bien parecería un ayudante de cocina de mesón de carretera -dicho esto con el respeto debido no a la magistrada sino al ayudante de cocina-, haciendo uso y abuso del título octavo de su constitución, mandaría a todos los que protestasen por esa sentencia a la calle, afuera: «Fuera, fuera», haciendo un ademán con la mano que sino hubiera sido por elaspecto de pinche de la juez, todo el mundo hubiera aseverado que se trataba de algo chulesco y prepotente.

Allí se condenaría a los fieles a Jesucristo -que nada tendrían que ver con el Vaticano-, a los amigos de los pobres y de los desheredados de la Tierra, a los que visitaban presos, a los que no juzgaban ni condenaban, a los ilusionados por el trabajo y el sudor de la redención social, a los limpios de corazón que aspiraban a construir otra sociedad pretendidamente más libre, más humana, más democrática y menos totalitaria y desde luego no española por imposición .

Así que, aunque la comparación pueda resultar dura y odiosa para muchos, el estado nacionalista ha condenado a ciudadanos vascos aceptando el innegable hecho de la bendición apostólica. A estos y a otros, se les mezclaría con los que practicaban la violencia de signo contrario al estado nacionalista y se les haría parte de un todo basándose en la probada «bendición apostólica». Incluso a los que explícitamente habían renunciado y reprobado también la violencia contraria al estado nacionalista se les ha aplicado la «bendición apostólica».

Hemos pues oído desde la incongruencia, desde las vísceras y el corazón, que estos «benditos» eran las «vísceras» de la organización armada, nada inusual para sentencias basadas en ese mundo conceptual, donde a pesar del conocimiento que deberían tener a estas alturas del cuerpo de un mamífero, siguen en lo que les va, la mezcla de la escatología visceral y su concepto nacional.

En el día de la condena de este juicio en el estado nacionalista no paso nada especial porque todos los días pasaba algo especial, desde hacía ya al menos más de un siglo. Sólo que la libertad y la humanidad se hundían un poco más en el fango totalitario, entre cantos también viscerales a la democracia desde su pretendida izquierda y su más que probada derechona. Al unísono forman la nación, depredadora, visceral y poco acorde con una democracia de ciudadanos, pero nación. A ver cuando nos toca el turno de llegar a serlo a nosotros los vascos. Claro, sólo nación libre de ciudadanos libres y para eso se necesita un mínimo de unidad.

Imprimatu 
Gehitu artikuloa: Delicious Zabaldu
Igo