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Segundo día del año y primera muerte laboral

A tres días de finalizar 2007 fallecía en su puesto de trabajo el operario que pasó a ocupar el número 117 de una triste lista que no dejó de crecer a un ritmo intolerable. A pesar de los diagnósticos y de las medidas recogidas en la legislación para hacer frente a la siniestralidad laboral. Ayer, antes de haber transcurrido dos días del nuevo año, un accidente en Viana, en el que falleció un trabajador y otro resultó herido grave, abría la lista de 2008, una lista que tal vez sea imposible eliminar al cien por cien, pero que en ningún caso es admisible que año tras año la engrosen tal cantidad de fallecidos en una población como la de Euskal Herria. En modo alguno puede ser un objetivo que el número de fallecidos en su puesto de trabajo sea menor que el del año anterior meramente. Los accidentes son en gran medida evitables, pero para ello es necesario poner los medios necesarios y estipulados. Ahora bien, si el hecho de no poner esos medios, incluso cuando las consecuencias son graves, no tiene penalización alguna o la tiene en casos excepcionales, se está fomentando la negligencia y, como repetidamente se ha denunciado, los accidentes les resultan muy baratos a los empresarios. Nadie desea que ocurran, pero no se trata de un asunto que se pueda confiar al azar. Es posible una prevención eficaz, y es necesaria, y exigible, la verdadera puesta en práctica de la misma.

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